viernes, 4 de octubre de 2019

THE LAUNDROMAT: DINERO SUCIO (2019), de Steven Soderbergh



Cada vez es más cierta aquella frase tan manida de que ninguna fortuna ha sido amasada de forma honesta. La jerga legal y económica ha enmascarado, además, los intentos por mantener ocultos los millones de esas ratas que tanto daño han hecho a las personas normales, golpeadas por desgracias, necesitadas de dinero o, simplemente, poseedores de una inversión minorista con el fin de rentabilizar sus pequeños ahorros. Esos roedores de ambición no se plantean ninguna cuestión de conciencia. Son delincuentes de la ética, que se amparan en los resquicios de un sistema imperfecto y que precisa de una reforma que iguale la ley a la honradez. Eso nunca lo verán nuestros ojos.
Los llamados “papeles de Panamá” destaparon el enorme entramado de sociedades pantalla que fueron creadas de forma ficticia para tapar la acumulación de riquezas con el fin de no pagar impuestos porque la elusión fiscal no es la evasión fiscal. La primera, orilla la obligación de cumplir tributariamente. La segunda, es un delito. Así que, tal vez, en alguna oficina perdida de algún paraíso financiero, haya un don nadie que se decida a entregar pruebas que evidencien que vivimos rodeados de depredadores feroces, capaces de atacar las mismas bases de nuestra vivencia y convivencia con tal de añadir ceros a esa empresa de nombre improbable controlada por otra firma radicada en cualquier parte del mundo. Los que pagan todo eso, siempre son los mismos.
No deja de ser farragosa y difícil toda esta arenga basada en tasas, impuestos, escrituras, cesiones y códigos y es muy posible que el director Steven Soderbergh lo sepa desde el principio. Al fin y al cabo, el guionista de la película es Scott Burns, que ya escribió la pesada El soplón, así que, con cierta inteligencia, el director lo salpica todo de un cinismo de humor residual, con unos narradores elegantes como Gary Oldman y Antonio Banderas, que explican todo al detalle. Desde la invención del dinero como medio para no matarnos para conseguir la supervivencia hasta el defectuoso entramado legal que se revela como inútil más allá de cualquier consideración moral. Por el camino, nos encontramos con Meryl Streep, con Sharon Stone, con James Cromwell o con David Schwimmer para que no nos perdamos en todas esas historias que no convergen, pero sí parten del núcleo principal de la avaricia y el soborno tornándose una especie de Traffic seguido de muchos ceros. El resultado final es una película ágil, a ratos divertida, a ratos pesada, muy ácida y que desvela una serie de terribles verdades dejándonos con la certeza de que la inestabilidad está ahí mismo, a la vuelta de cualquier esquina. Y de que la culpa de todo la tiene un gobierno complaciente que permite que esto ocurra.
Así que es el momento de guardar el dinero debajo del colchón y tratar de cobijarse en el refugio más próximo. Esas doscientas cincuenta mil empresas gestionadas por un luminoso bufete de abogados panameño es sólo una gota de agua en el océano. Y todo el dinero acumulado en ellas no ha sido empleado para pagar ni un solo céntimo de impuestos. Y así es cómo todo se tambalea y sólo se salvan los quince millones de millonarios y los dos mil multimillonarios que hay en el mundo. El resto asistiremos, aterrorizados, al fin de nuestra existencia razonable para volver a ser una tribu hambrienta de papel-moneda. 

No hay comentarios: