jueves, 4 de febrero de 2016

CREED (La leyenda de Rocky) (2015), de Ryan Coogler

Cuando se ha combatido en tantas batallas y se han perdido las más importantes, solo queda el deseo, cómodo y cobarde, de pasar todo el tiempo que queda sin meterse en problemas, dejando que el frío pase de largo dentro de un acogedor abrigo, mirando pasar los días que no dejan de ser una mera repetición, recordando días de gloria al lado de las personas que ya no están. Sin embargo, puede que un golpe en la memoria cause un despertar, una ligera chispa que comience una reacción en cadena que lleve a luchar en la última batalla, la más desesperada, la más difícil de todas ellas.
Para ello, basta con fijarse en una sombra que aparece procedente del pasado, que contiene golpes y risas, camaradería y enemistad. Y observar con algo de detenimiento el afán de superación que, en realidad, es lo más preciado que nos arrebata la vejez. A partir de ahí, la cabeza tiene que primar sobre el corazón y eso es muy complicado para un viejo boxeador que siempre destacó por sus directos y sus ganchos dirigidos desde el corazón. Un órgano que, en él, ya ha sufrido demasiado y que parece adormecido después de tantos golpes.
Las calles lucen igual y la gente que las poblaba ya no son las mismas aunque siguen gritando su admiración por una victoria que se antoja imposible. Los ladrillos rojos continúan recordándonos aquella pelea que se celebró hace treinta y nueve años y las carreras interminables, más allá del sufrimiento, que terminaban en lo alto de una escalera que ya solo se puede subir de peldaño en peldaño. El tiempo pasa dejando su huella, tan reconocible, que se apodera de todos la traidora nostalgia de unos días en los que el cine era irremediablemente mejor y brincábamos en la butaca dando fuerza a aquel potro italiano que salía de la nada y solo quería demostrar que podía aguantar.

Sylvester Stallone otorga sabiduría a un personaje que conoce sobradamente y le pone profundidad a sus gestos, a sus miradas y a sus motivaciones siempre tan particulares dentro de una película infecta que sigue, con más descaro que habilidad, el mismo esquema de la primera de las entregas de Rocky Balboa. No hay mucho más que destacar salvo algún plano-secuencia bien rodado y aislados instantes de complicidad. Lo demás está más que visto, paso a paso, en esa primera entrega que, no por mera coincidencia, ha sido la mejor de todas las aventuras en las que ha degenerado la franquicia. Todo llega a ser calcado y tan típico y tan tópico que el pesado con ganas que se me sentó en la butaca de al lado hasta llegó a ser divertido. Lo demás merece ser olvidado y borrado instantáneamente porque no hay nada más para mencionar. Salvo, quizá, la paciencia que derroché viendo algo así y aguantando al neurótico que compartió sesión conmigo y que llegó hasta a boxear con el aire en el supuesto momento culminante de la película. Y es que el tiempo deja demasiadas huellas, incluso nos ancla en un pasado al que nos gustaría volver, tal vez porque en aquella época éramos jóvenes y teníamos el suficiente ímpetu como para volvernos airados y sacudir una buena bacalada al susodicho para que se estuviera quietecito y en silencio. Pero ya no quedan tantas fuerzas y tenemos que situarnos en lo alto de unas escaleras míticas en el cine para darnos cuenta de que, aquellos días, fueron buenos para disfrutar de las películas que forjaron nuestros sueños.

4 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

Obviamente no la fui a ver, espero mañana el post de "Spotligth" que me parecía a priori más atractiva. Me alegro de que, pese a tantos y tantos parabienes críticos que se le están regalando a Sly y a Coogler, tu visión sea mucho más cercana a mi vaticinio.

He leído por ahí que el tal Coogler consigue dar fuerza y sentido de nuevo a Balboa y su leyenda, a mi me parecía que era una mera reproducción de la formula (cambiando a Burgess Meredith, ese si que era un actor) por Stallone y a lo mejor metiendole más físco al asunto. No me atraía nada.

Veremos si encima no la premian en demasía.

Abrazos sin puños

dexter zgz dijo...

Yo creo que el Oscar es para Sly sí o sí. Es curioso pero los dos oscars masculinos de este año van a tener un componente emocional muy fuerte (a no ser, claro, que el principal se lo den al oso de "El renacido" y no a Leo). No creo que la Academia deje pasar la oportunidad de premiar una leyenda como Rocky, premiaran al personaje más que al actor. Y es una pena que Rylance o incluso Ruffalo se queden a dos velas.

La película no me atrae nada, por cierto

Abrazos a los puntos

César Bardés dijo...

Película infecta que tan solo, y eso hay que reconocerlo, contiene la interpretación de Stallone como principal atractivo. Lo hace bastante, bastante bien y no veo, para nada, exagerada la nominación al secundario (otra cosa es que me parezca merecido que lo gane), más que nada porque en esta ocasión Rocky tiene algo más de profundidad dramática. La fórmula es exactamente la misma. Solo que es el nombre del padre el que planea por toda la película y el que aplasta con su sombra al hijo que quiere triunfar en el ring. Lo demás es exactamente igual. Incluso llega a disputar el campeonato del mundo por la misma razón que lo hacía Rocky...o sea, porque no hay otro.
Lo peor de todo fue el "friki" que se me sentó al lado. Un suplicio. Sus palabras dirigidas a mí al terminar: "DE nuevo lo ha conseguido Stallone, qué maravilla de película".

Abrazos frikis.

César Bardés dijo...

Es cierto. Probablemente tengas mucha razón. Se premiará al personaje y a su persistencia durante tantísimos años en quedarse ahí, con sus combates y desafíos personales. Ah, querido, a mí tampoco me atrae nada la película, en condiciones normales, no hubiera ido a verla pero la nominación a Stallone lo cambió todo. La película, incluso después de haberla visto, tampoco me atrae nada.
Abrazos desde la lona.