viernes, 31 de octubre de 2014

DIARIOS DE MOTOCICLETA (2004), de Walter Salles

Son tiempos en los que hay que dejar que la mirada se pierda en la inmensidad de un espacio que suspira por recoger ideas. Una cascada, un páramo, una carretera de tercera, el ruido incesante del motor. La amistad que siempre coloca las cosas en su sitio mientras el sufrimiento cala en el corazón y se siente la necesidad de hacer algo por los que menos tienen. Quizá no haya mejor recompensa que una sonrisa, que un agradecimiento silencioso, que una noche bajo las estrellas. Solo así, paladeando la felicidad de la obligación, se puede ver la luz al otro lado del río. Porque solo así, dando longitud al pensamiento, se puede ver con claridad cuál es el destino que se quiere seguir.
Y hay demasiadas cosas que resolver en el exterior para que el interior se remueva y se decida a actuar. No se puede pasar de largo, en un viaje de aventura y conocimiento, ante alguien que llora, ante alguien que sufre, ante alguien que muere e, incluso, ante alguien que sueña. Lo más hermoso es hacer algo para que el sueño se convierta en algo tangible, verdadero, auténtico. Luego ya vendrán las ambiciones, la muerte del ideal, las envidias malsanas y la leyenda, tal vez, algo injusta. Pero ahí, con la mirada escrutando la oscuridad, buscando la luz que ilumina el camino, es donde está el hombre de verdad, el que no se arredra ante los embates de los intereses creados, el que no retrocede ante el enemigo inmovilista y acomodado, el que cree realmente en otro futuro posible. Basta con que el corazón hable y el alma se agite. Basta con que el río no sea solo la corriente de una vida sino decidir ser el cauce de muchas aguas.
El idealismo debería ser algo que pudiéramos conservar hasta el fin. No olvidarlo. Tenerlo a resguardo de todo el ruido exterior que es producido por la malsana satisfacción de explotar a un igual. Debería estar ahí, latente, dando sentido a nuestros actos y no escondiéndose cuando la corrupción se presenta como un monstruo devorador que se lleva por delante al hombre que un día habitó en nosotros. En esa mirada idealista, única, es donde se halla nuestra esencia, nuestra facultad humana para la empatía y el altruismo. Hacer algo para los demás es maravilloso y, no solo eso, es esencial si, realmente, queremos cambiar las cosas. Allí, en algún lugar de Argentina, un hombre se vio a sí mismo intentando remar contra la corriente y llegando a aguas tranquilas. Más tarde, la vida se encargó de instalar en él algo parecido a la confusión y al desaliento, obligándole a tomar atajos que no todos pudimos comprender.
Ser parte de la historia quizá no sea suficiente…

Walter Salles. Robert Redford. Gael García Bernal. Rodrigo de la Serna. Nombres para acompañar en un viaje que no debió de terminar nunca. Aunque la moto se estropease. Aunque no hubiera gasolina para seguir empujando.

3 comentarios:

dexter zgz dijo...

Uff, vaya regalazo. Ya te comenté cuando te pedí si podías escribir sin compromisos sobre esta película que para mí era muy especial y que me llega muy hondo. Y lo has clavado, amigo. Además en una semana en la que todos estamos necesitados de palabras como estas que nos sirivieran un poco de desahogo ante tanta axfisia.

Yo en esta película no veo al joven Ché. Veo a dos amigos que deciden hacer el viaje de su vida y acaban encontrándose a sí mismos. Lo que viene después, no importa. Me parece una película ejemplan en contraste con lo que hizo después Soderbergh y Del Toro, la hagiografía de un hombre con demasiadas aristas y demasiadas sombras. Sin trampa ni cartón, sin maniqueismos y demagogia la justa. Y un canto a la ecología (se nota que andaba Redford por ahí). Quizá os pueda parecer exagerado pero me recuerda mucho a "Los olvidados" y la escena de los mineros o la leprosería me pone la piel de gallina. Gracias por el regalo, dan ganas de pedir más.

Abrazos al otro lado del río

CARPET_WALLY dijo...

Me uno a la gratitud. Es un artículo maravilloso, de los que con frecuencia nos regalas, pero uno de los que están un peldaño más arriba, quizá porque la película signifique algo para nosotros especial, pero eso lo hace todavia más complicado, a veces eso precisamente provoca alguna decepción cuando el que lee tiene ganas de encontrar algo que el otro no ha visto o que si lo vió no tiene tanta enjundia. No es el caso, con este artículo llegas a done le llegó a Dex, pero también a donde me llegó a mi, que no sé si es el mismo sitio.
En cualquier caso está en el debe (si es que es el debe el que se corresponde aquí, que como contable tengo mis dudas de como utilizar ese calificativo en la vida real) de quienes hicieron esta película y lograron que al menos nosotros tres nos encontremos con que lo que cuentas nos abarca y nos describe, como espectadores y como personas.

La biografia del Ché está llena de luces y sombras, cierto. Y convertirse en leyenda, en mito utilizando comercialmente su imagen probablemente tenga poco que ver con sus utopias. pero a decir verdad, yo soñaría con que se pudiese describir así alguna etapa de mi vida. No hay aventura que merezca contarse en mi biografia, pero la descripción de una persona como al representa Gael es un premio que ojala hubiese merecido. No creo que haya hagiografias (tal y como dice Dex) que hagan más humano a un personaje que esta especie de road movie tan alentadora.

En algún momento a mi me recuerda, en cuanto a sentimientos, a "Cuenta conmigo", no las comparo, no tienen nada que ver, pero las dos me causan una impresión similar en algún momento. Yo quisiera haber estado con estos dos, como me gustaría haber estado con los otros cuatro. Bueno aun mejor, me hubiese gustado ser uno de ellos.

Ese cruce a nado del rio es impresionante, si. Y las escenas con los leprosos están rodadas con una sensibilidad brutal, es imposible no recordarlas.

Abrazos asmáticos

César Bardés dijo...

Bueno, ya sabéis que las cosas, cuando se hacen con cariño, cuestan menos y éste ha sido el caso. Gracias por decirme que he estado a la altura de vuestras expectativas, entre otras cosas porque temía no estarlo.
En cuanto a lo que dices, sí, es verdad que es el mejor retrato que se ha hecho de Ernesto Guevara pero tengo que matizar un poco lo de Soderbergh y del Toro (bien aquella primera parte que se llamó "Che" y bastante mala la segunda parte que llevó el título de "Guerrilla"). Si bien es verdad que la segunda trataba de presentarlo más como una víctima, Soderbergh se preocupó de que en la primera hubiese las dos caras de un personaje que es héroe pero que también es villano. Especialmente en lo que se refiere en sus intervenciones ante la Asamblea de las Naciones Unidas. También es verdad que tenía que haber metido un poco más la pica, pero tampoco es una hagiografía pura, sino un retrato más a favor que en contra. Es solo una cuestión de matiz.
Es que la gran virtud de esta película es esa, no haber trampa ni cartón, sin demagogias, sin quedarse a medios caminos. Creo que la película es sincera y que ahí, precisamente ahí, es donde podemos ver las intenciones idealistas del joven Che aunque luego fueran maleadas y trastocadas y adulteradas por el mismo devenir de la historia. Redford se apuntó un tanto con la película y el guión es de una delicadeza excepcional.
También me uno a lo que dice Carpet. Es una película que humaniza al Che, antes de convertirse en lo que fue y muy explicativa de todos sus motivos para pasar a la acción (aunque, insisto, luego esa acción se convirtiera en algo muy reprochable).
Yo también hubiera deseado hacer un viaje así, a la aventura, sin planes, sin destinos, pura deriva, puro sentimiento lanzado al aire para encontrar el verdadero sentido de las cosas. Nunca lo hice (quizá mi alma me lo impidió) pero camino con ellos en esta película al igual que, tienes razón, en "Cuenta conmigo".
Cruzar el río con vosotros nadando al lado sí que es encontrar una luz en la oscuridad.
Abrazos mojados.