viernes, 9 de octubre de 2015

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "EL SUEÑO AMERICANO (El cine en la era Kennedy)", de César Bardés


“Un sueño no es más que un deseo que la realidad se encarga de destrozar. Igual que los recuerdos son momentos que se niegan a ser ordinarios, los sueños son instantes que luchan por convertirse en verdad.”

Así es cómo empieza El sueño americano (El cine en la era Kennedy), un libro de cine que invita a soñar, que habla sobre todas aquellas películas que se hicieron bajo la presidencia de un hombre que fue capaz de hacer creer a la gente que cambiar las cosas era posible y el cine, como todo arte, comenzó a transformarse bajo ese ambiente de entusiasmo en el que se dejaba todo lo antiguo atrás y afrontaba muchas cosas por delante. Fue la recta final para muchos grandes directores pero también fue la constatación de que toda una generación de jóvenes estaba esperando con sus cámaras para tomar el relevo y hacer las cosas de otra forma. Éste no es un libro de historia, es un libro de cine y, por tanto, también lo es de sueños.

“El autor repasa la selección de películas deteniéndose a menudo en las tensiones internas, dentro de los equipos y dentro del alma del propio creador que trabaja con el arte a la vez que con su modus vivendi. Arte, ética, compromiso, propaganda, empleo alimenticio, negocio, todo forma parte del cine y Bardés se lo acerca al lector sazonado con su propia visión y las emociones que cada caso le provocan y que el lector podrá compartir o no. Como podrá compartir o no el mito de JFK al que Bardés contribuye con convicción”.  (Del prólogo de Anna Bosch)

Al fin y al cabo, los sueños están hechos de mitos y sin mitos, reconozcámoslo, no hay sueños. John Kennedy no era más que un símbolo que se quedó en incógnita porque nunca sabremos si toda esa promesa joven hubiera sido capaz de establecer un nuevo rumbo en los años sesenta. Su carisma fue suficiente para todo el mundo hasta tal punto que, si hoy nos preguntan dónde estábamos en el momento del ataque del 11-S todos sabremos contestar. Hasta entonces, la generación de nuestros padres siempre recordaron dónde estaban cuando mataron al Presidente Kennedy.

“Mezclado en esta magnífica y elegante exposición maravillosamente documentada y narrada de la época mágica de los sesenta del cine americano, estás tú, querido y admirado César, como perfecto guerrero en el combate, desnudando tu corazón y tu alma a través de la vida y de la obra de los demás personajes, directores, actores, productores…sus éxitos, sus fracasos, sus miedos…los tuyos, los de todos. Y en el valiente camino Kennedy te acompaña, ósmosis de pensamiento y sentimiento…grandeza de hombres compartida porque la verdad nunca muere, lo sabemos”. (De la presentación El sueño Bardés, se rueda, de Miriam Díaz-Aroca)

Aunque este libro se arriesga a aventurar la teoría de que el arte es reflejo de la realidad y de que, cuando hay un hombre a la cabeza de un país capaz de transmitir juventud, entusiasmo y empuje, ese reflejo se hace evidente, es cierto que este libro está lleno de honestidad porque no se trata de analizar la figura de John Kennedy (el cual pronunció algunas frases que parecieron hechas para este libro) sino de analizar el cine que se hizo bajo su mandato. Tarea imposible de llevar a cabo cuando se quiere juntar a la historia con la anécdota, a la emoción con la propia visión y al homenaje a unos cineastas con el interrogante hacia un político.

“A finales de los años cincuenta irrumpió en el abrupto panorama del salvaje Oeste un tipo que quiso cambiar las reglas desde una perspectiva decididamente crepuscular. Las grandes praderas ya no escondían la poesía del verde inmaculado, los disparos ya no eran impactos limpios que dejaban huellas de claridad en un ambiente que necesitaba leyendas. Su ascendencia india daba a Sam Peckinpah un aire de derrota que lo alejaba de los habituales triunfalismos míticos que presidían los no menos retratos legendarios de John Ford y Anthony Mann. El Oeste había representado hasta entonces la frontera que había sido vencida por hombres temerarios que se habían abierto paso a través de balas justas, de humillaciones cuestionables, tal vez, pero también necesarias para construir la historia de un país que necesitaba con urgencia de ídolos y modelos”. (Del capítulo Un indio llamado Peckinpah)

Y es que por esa época no solo hubo cineastas clásicos que seguían la estela de su estilo con convicción como Otto Preminger o Billy Wilder sino que, también, surgieron unos cuantos directores que rompieron con los esquemas de lo que se venía haciendo para convertirse ellos mismos, en clásicos perdurables como Sam Peckinpah, John Frankenheimer, Sidney Lumet o John Cassavettes. Y, de repente, el cine se volvió más incisivo, más perturbador, más crítico, con la excepción del mundo ideal representado por las comedias de Doris Day. El cine denunciaba con calidad. El cine ponía de manifiesto la contradicción de una época llena de promesas y de miserias. El cine radiografiaba todo cuanto estaba a su alrededor.

“La educación es la clave del futuro, la clave del destino del hombre y de su posibilidad de actuar en un mundo mejor” (John Kennedy)

Y es que no es fácil intentar trasladar una idea como ésta a los que tratan, una y otra vez, de hundir cualquier atisbo de conocimiento que se asome al razonamiento porque solo así la masa puede ser manipulable. La dulce ignorancia, a menudo tan airada, es el estado ideal porque el mundo se reduce a blanco y negro, sí y no, amigos y enemigos. El cine cuenta y se preocupa porque volver la vista a la realidad es tan inútil como prometer que se va a salvar la patria a través de un buen puñado de cuentos chinos.

“Si hay una generación que, de verdad, pertenezca a esta época, esa es la llamada generación de la televisión en la que un grupo de jóvenes procedentes del medio se lanzaron a hacer sus propias películas, cargadas de mensajes directos hacia una sociedad que también quería mirar hacia sus problemas más inmediatos. Todos ellos eran directores dotados de una técnica espectacular, adquirida en sus años de experiencia en el medio televisivo y, sobre todo, a través de ese fenómeno ya en desuso que fue la emisión en directo. Eran novatos en el medio cinematográfico y, sin embargo, eran narradores experimentados que sabían lo que querían contar, cómo lo querían contar y de qué manera querían azotar las conciencias de los espectadores de una época que, necesariamente, tenía que avisar con la carta de naturaleza del cine como uno de sus principales apoyos”. (Del capítulo Los chicos de la televisión)

Y así es El sueño americano. Con muchas películas dentro. Con muchos sueños esperando hacerse realidad. ¿Serás tú uno de ellos?

Día 15 de octubre, jueves, en la Librería Ocho y Medio (calle Martín de los Heros, 11 de Madrid) a las 19,30. Con la asistencia de la periodista Anna Bosch y de la actriz Miriam Díaz-Aroca.



6 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

Bueno, yo no suelo comentar las películas que no he visto (jejeje) así que no debiera hacer lo mismo con los libros que no he leído, pero hay una cosa que si puedo decir, este post anima agastarse los 340€ que seguro que cuesta el ejemplar.

Es cierto que JFK fue una ilusión, mucho más a partir de su muerte, una esperanza en un mundo distinto que quizá su desaparción trágica aceleró pese a quienes creyeron lo contrario, una negación de aquel refrán castizo: "Muerto el perro se acabó la rabia". Sin Kennedy, la rabía se convirtió en epidemia, y el aire nuevo que entró por la ventana al hilo de su carisma, dejó helados hasta los cimientos, se propagó por todo el mundo (el mayo del 68 no deja de ser un hijo nacido de aquellos tiempos). Y el cine efectivamente se convirtió en otra cosa, slatando del clasicismo al desencanto, de la ironia a la denuncia, de la tarde apacible al crepúsculo, del claroscuro al color chillón.
Es curioso que el otro gran revulsivo que nos vino de las mismas latitudes, Obama, haya significado poco más que la asumible normalidad de que el presidente de lios USA no sea blanco. No se vislumbra mayor impacto ni en el cine, ni en la cultura, ni en la economia, ni en la sociedad en general. No sé si vendrán nuevos tiempos que tendrán estos años como referencia y punto de inflexión, pero no lo parece.
Salvo sorpresa o imprevisto nos encontraremos el jueve cara a cara y te podré decir un par de verdades que no sé si alguien se atrevió a decirte aun: Enhorabuena y gracias. Quizá el poder oculto que maneja los hilos haya aprendido del error y haya concluido que no hay que derribar el ícono sino envolverlo, mostrarlo como una parte más de la decoración y convertirlo en un engranaje más. Enfrentarlo era una forma de potenciar su valor.

Ahora tendremos un referente para conocer bien que es lo que supuso aquella época, si no convulsa si revolucionada, para el cine...y como bien sabemos lo que disfrutamos con el séptimo arte, el cine es un fiel pulso de la sociedad donde se realiza.

Salvo sorpresa o imprevisto el jueves nos veremos las caras y te diré algo que pocos se atreverán a decirte: Enhorabuena y gracias.

Abrazos impacientes.

César Bardés dijo...

Pues para no haberla visto la cuentas con cierta cercanía e incluso diría con algún que otro toque de perfección, no te digo más.
Estaré encantado de decirte que gracias a ti y de firmarte lo que me pongas por delante. Aprovecha la ocasión para pedir la firma a Anna y a Miriam y ése será un ejemplar único.
Lo cierto es que este libro nace más por la admiración que pueda producir la esperanza de un hombre que tenía un cierto aire de hacer que las cosas fueran diferentes (no sabremos nunca qué hubiera sido de haber seguido viviendo) por el cine que se hizo en aquellos años. Después del anquilosamiento que parecía atenazar al cine de finales de los cincuenta (por otra parte también muy anclado en la forma de ver las cosas de Eisenhower) de repente hay como un aire de libertad, de contar muchas cosas y de contarlas bien. Creo que están representados todos los cineastas de renombre y que el libro, modestia aparte, es el más difícil que he escrito. En todo caso, creo que es un libro que combina bastante bien mi habitual estilo con un buen montón de anécdotas, de historia del cine (esto es importante es un libro de cine, no de Historia), y de descripciones ambientales de la época. Tiene una pequeña sorpresa al final y, desde luego, el capítulo más importante es el que dedico a "Los chicos de la televisión" que resulta ser el último y más largo de todos ellos. Yo solo quiero que os guste a todos.
Será un placer tenerte cara a cara. Salvo cataclismo en contra, claro. Ya te dije que había más días que ollas.
Un abrazo y las gracias a ti. Tú y Dex sois los que me ayudáis a pulsar bien si acierto o no acierto y insinuáis qué camino tomar. A ver si puedo publicar el siguiente porque la cosa está muy dura.
Abrazos agradecidos.

Anónimo dijo...

Qué densidad. Obviamente no puedo opinar de lo que no conozco pero, a medida que iba leyendo, pensaba que tu nueva creación supone un peldaño más no en tu estilo, sino en la visión. Es como que te retiras un par de pasos para ver el panorama con mayor amplitud, con más perspectiva. De ahí, bajo mi punto de vista, que lo consideres el más difícil, porque supone siempre un reto salir de aquello que uno maneja con comodidad (creo que sucede así con los artículos que vienes publicando),para intentar, por lo menos, pues eso, ofrecer algo distinto. Es lo bueno mejorado. Enhorabuena por el trabajo y por el buen trabajo.

Gracias por compartirlo
Saludos!
Mul

César Bardés dijo...

Una de las cosas más difíciles de afrontar como escritor es ponerse cara a cara con lo diferente. No quieres ofrecer siempre lo mismo. Te digo desde ya que sí que hay películas en las que me detengo y ofrezco lo que siempre he sabido hacer mejor porque, al fin y al cabo, esa es la marca de fábrica y, mejor o peor, es lo que me hace diferente al resto de "colegas". Sin embargo, aquí se ha tratado de juntar ese estilo con la anécdota, con la Historia del cine, con dimes y diretes y razones y con los resultados finales. Es cierto que una de las novedades del libro es haber tenido que retroceder un par de pasos para ampliar la perspectiva. El reto consiste en si toda esta ensalada de intentos por juntar tan diferentes conceptos puede llegar a gustar. Yo, sinceramente, no lo sé aunque, tratando de mantener la mirada más fría posible creo que es el mejor libro que he escrito.
Gracias por el apoyo. Siempre viene bien saber lo que opinan las personas que te leen y te siguen.
Gracias a ti por comentarlo.
Un beso.

dexter zgz dijo...

Antes que nada, pedirte perdón por el retraso pero es que también he llevado una mañana de locos. Qué ganas de tener el libro entre mis manos, de verdad. Da la impresión por las palabras que pones, no solo las tuyas, también las ajenas, que has sabido captar la esencia de ese momento clave en la Historia del Cine. Creo que en esa época, el cine perdió parte de su inocencia inicial y se hizo un poco más adulto. Cuando soltamos ese topicazo de "ya no se hacen películas así" creo situamos los límites de ese "ya en esa época. No es nada peyorativo, no se hizo un cine ni mejor ni peor, simplemente empezó a hacerse un cine diferente. Y naturalmente influyeron todos los acontecimientos que rodearon aquellos años y todo lo que rodeó al mandato Kennedy fue un factor importante en ello.

Qué ganas y qué envidia no estar por allí el jueves a decirte yo también cuatro cosas. Bueno, sabes que no estaré en cuerpo, pero al menos en espíritu (lástima que los espíritus no beban vino español, cachis).

Abrazos ansiosos.

César Bardés dijo...

Soy yo quien te pide perdón por la tardanza en contestar. Mucho puente pero yo no he parado de hacer cosas. Espero que el libro no os decepcione. Y tienes mucha razón en lo que dices. En ese momento, el cine perdió su inocencia y se hizo más adulto y se hizo un cine diferente que, efectivamente, no es ni mejor ni peor, solamente más incisivo, quizá con un plus de seriedad en el sentido de querer trascender más. Sin duda, Kennedy es la consecuencia natural de una época que iba saludando a la modernidad pero también creo que los cineastas se miraron en ese hombre que, sin entrar en su valoración como presidente puesto que siempre será incompleta, parcial y fácilmente rebatible, sí transmitió esperanza en un cambio que parecía querer encabezar.
Esperamos a tu espíritu en primera fila. No te preocupes. Mucha gente, aún estando aquí, no podrá ir lo cual no deja de ser curioso que "El ojo privado", que se presentó con un España-Irlanda de la Eurocopa, se llenara en su presentación y quizá en esta haya hasta asientos libres. Cosas que pasan.
Abrazos sumisos.