No deja de ser una
papeleta difícil ir a conocer a los padres de tu novia. Más que nada porque es
la típica situación en la que quieres agradar, quieres que tus posibles futuros
suegros vean que eres digno de su hija. Sin embargo, en esta ocasión, Greg va a
tener que esforzarse de verdad, entre otras cosas porque los suegros son de
armas tomar con polígrafo. La excusa es la boda de la hermana y, claro, no sólo
son los suegros, son los amigos de toda la vida, aquellos con los que tu novia
guarda una camaradería y una complicidad que lo único que consigue es hacer que
te sientas fuera, excluido y, frecuentemente, torpe. Todos los elementos se
juntan en ese maldito fin de semana que parece no tener fin. Para terminar el
pastel, también está el puñetero ex novio de tu novia. Un tipo que parece
perfecto. Se lleva bien con tus posibles futuros suegros, es guapo, es
encantador, tiene dinero y, por si fuera poco, guarda un montón de habilidades
recónditas. Perfecto.
Las desgracias se van
sucediendo para Greg, desde el descubrimiento de su verdadero nombre hasta la
rotura del recipiente para las cenizas de la abuela de tu futura prometida. Y
el suegro es un paranoico de libro. Quiere proteger a su hija, de acuerdo, pero
ha sido un chupatintas de la CIA y eso se le ha quedado adherido a la piel como
una característica más de su propia personalidad. Incluso somete a Greg a la
humillante prueba de un detector de mentiras para mostrar la fidelidad
inquebrantable hacia su hija. Y, por supuesto, pone una cámara en el despacho
donde va a dormir el incauto, así sabe a qué se dedica cuando las noches caen,
el gato quiere ir al baño y su hija debe dormir en su camita porque todo lo
demás es indecente.
Hay que reconocer que
es una buena comedia, heredera de las screwball
comedies de los años treinta y cuarenta, con un ritmo infernal, con
situaciones estrambóticas y con una premisa manida, pero brillantemente
resuelta. En principio, pensada para ser dirigida por Steven Spielberg e
interpretada por Jim Carrey y Al Pacino, el proyecto se quedó parado hasta que
Ben Stiller vio grandes posibilidades en la película y lo movió lo suficiente
como para que el propio Spielberg estuviera en la producción y Robert de Niro
se hiciera con el papel del suegro inaguantable. A la dirección, Jay Roach, un
experto director de televisión, especialista en las sit com del momento, que supo dónde se encontraban los momentos más
cómicos del enredo. El resultado es una comedia en la que la carcajada asoma
con frecuencia…lo bastante alta como para llamar la atención del suegro, si es
que se vive en casa ajena…
Ya saben, si van a afrontar esa papeleta tan incómoda, se trata de mostrarse tal cual uno es. Si se aparenta algo más, seguro que las cosas irán mal. Seguro que las cosas irán fatal. Seguro que las cosas irán a peor. La catástrofe puede llegar en cualquier momento cuando te mueves en un tiempo y en un espacio tan abrumadoramente inseguro. Más vale ser cauto, sonriente y agradable. Lo que se espera de uno. Y las ganas de caer bien déjalas en la puerta.

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