Danny Dolinski todavía
cree que es el mejor. Son muchos años llevando a cabo los encargos más sucios y
aún piensa que, en su interior, sigue habitando ese maestro del crimen que rara
vez se ha equivocado. Sin embargo, hay síntomas que llevan a pensar que Danny
está ya al final del camino. Físicamente ha decaído, ya no piensa con la
claridad de antes. Danny es consciente de que está pasando una mala racha, pero
no abandona la idea de que eso es temporal, de que volverá a apretar el gatillo
con fuerza y vigor. Todo lo demás son habladurías. Sólo necesita una
oportunidad por parte de la organización para que todo vuelva a su cauce. Y el
encargo cae y no es tan fácil. Se trata de adiestrar a su propio sustituto. Un
impulsivo joven que tiene que aprender todos los trucos del oficio. Danny se
emociona con la oportunidad, pero también sabe que debe ganar los suficientes
puntos como para que sus superiores no quieran jubilarlo. A ello también le
ayudará una joven oriental que también tiene lo suyo. La fauna y la flora de la
ciudad asoman la cabeza en una noche que parece más larga que la trayectoria de
una bala en pos de su objetivo. Eso es un período que puede parecer muy corto,
pero sólo si no eres la bala.
El caso es que alguna
de las carencias físicas de Danny parece que van desapareciendo mientras enseña
las malas artes al advenedizo de turno. Y Danny, por supuesto, va a tener que tomar algunas
cartas en el asunto que se trae entre manos mientras va dejando algún cadáver
por aquí y por allá. Incluso su pupilo también se emociona y empieza a
contribuir al fondo de pensiones de vendedores de pompas fúnebres. El negocio
es duro, bien lo sabe Danny. Un día estás arriba, viviendo por todo lo alto y,
al siguiente, caes por un precipicio empujado por todos aquellos en quienes
confías. El secreto está en mantener el equilibrio por el mismo borde de la
cima.
No es una gran película. Casi, casi, entraría en la categoría de mediocre, pero aún así tiene elementos interesantes. Uno de ellos, sin lugar a ninguna duda, es la interpretación de Christoph Waltz en la piel de ese asesino de vuelta que trata de recuperar su lugar en el escalafón de sicarios. Otro es el delicioso papel de Lucy Liu. Y el argumento no deja de tener una cierta originalidad. No obstante, en algunos momentos, parece como si la energía que una película de estas características debe tener, se tomara un respiro. Como si después de un par de secuencias brillantes, hubiera que meter algo rematadamente mediocre para no brillar tanto. En cualquier caso, entre esas irregularidad un tanto inexplicable, se pasa el rato con cierta ligereza y con un sentimiento palpable de pena porque podría haber sido una película más que estimable y se queda en algo de aprobado justo. En cualquier caso, no olviden hacer su gimnasia de dedos, cuidarse de la artrosis y dejar bien claro que la pistola es una buena prolongación de sí mismos siempre y cuando se dediquen a este negocio, claro. Si no, siéntense y esperen a que la bala les alcance.






