Extraña película. Está
llena de sentimientos encontrados y, aún así, funciona maravillosamente bien.
Todo empieza de manera especialmente dramática porque el principio, es un
final. Una ejecución en una cárcel española. Se trata de deshacerse de los
miembros de las Brigadas Internacionales que han caído prisioneros y, una vez
acabada la guerra, el gobierno de Franco trata de ajustar las cuentas. En una
celda, bien pegada al paredón (tanto que resulta bastante insegura si hay
alguna bala perdida disparada por alguna cabeza extraviada), un hombre espera
su final. Un fraile ha acudido a consolarle en sus últimas horas y al tipo no
se le ocurre otra cosa que liarle para que juegue una partida de póker con él.
Es un aviador derribado que ha pasado varios meses en prisión y ya sólo le
quedan horas de vida. De repente, llega el indulto. Su mujer, una atractiva
americana, ha pedido clemencia y se lo han concedido. El fraile es el primero
que se alegra. El segundo es el reo, pero no porque sea un agorero ni nada por
el estilo. Es sólo que nunca se ha casado, así que no tiene ni idea de quién
puede ser esa mujer que ha puesto tanto empeño en liberarle.
Así, lo que empieza de
forma desoladoramente dramática, comienza a transformarse en una comedia. Al
principio, se mueve con soltura en los intrincados y no siempre bien
transitados caminos de la comedia romántica, pero es que, luego, de forma
sorpresiva, deriva en una screwball
comedy. Todo girando, claro está, en torno al juego del cortejo que
comienzan ese aviador idealista, que quiere luchar donde se hace falta, y esa
periodista que busca el titular con ansia. Hay situaciones verdaderamente
graciosas, desencuentros, tropiezos, máquinas de escribir y deseos
incontenibles de acabar el uno junto al otro…pero, en un nuevo giro de tuerca,
estalla la guerra en Europa y la trama se retuerce y pasamos a un dilema moral
de altos vuelos… ¿Merece la pena luchar por la libertad en Europa cuando acabas
de conocer al amor de tu vida que, sin duda, camina hacia el éxito en Estados
Unidos que, en ese momento, siente la guerra como algo ajeno? El hundimiento
del Atenea en el Atlántico y en el
que viajan los dos protagonistas, ayudará a clarificar las cosas. Puede que,
por un lado, estés al lado de quien más quieres y que, no obstante, creas que
has traicionado todo aquello en lo que creíste y que, al fin y a la postre,
puede cambiar el mundo. O puede que, por otro lado, estés luchando con ahínco
para desterrar la amenaza fascista de Europa y que no pienses más que en ella
mientras te salpica la gasolina del motor de un caza. Por parte de ella, puede que
disfrute de un éxito que ya tiene ganado y que renuncie a contar la mayor
noticia del siglo XX como es la guerra, o puede que su vida sea un titular y
que el Pulitzer esté a la vuelta de la esquina mientras, con el ruido de las
teclas, se recuerdan los mejores momentos que han podido ocurrir en su vida.
Decidan ustedes.
Por cierto, Mitchell Leisen dirige y el guion es de dos señores llamados Charles Brackett y Billy Wilder. No está a la altura de Medianoche, pero es una buena película que sorprende a cada vuelta de la esquina. Prepárense para reir, para llorar y para preocuparse.






