Es un mundo de silencio
y ese individuo anónimo que pasa desapercibido entre la multitud se mueve como
pez en el agua. Ha elegido esa vida porque sabe que las presiones a las que se
ven sometidas las personas normales que sólo hacen su trabajo y descubren algo
incómodo, merecen algo de ayuda. Él es un simple intermediario, no un
guardaespaldas, pero incluso para ser eso se necesita mucha astucia y una
discreción y seguridad a prueba de bombas. Ha ayudado a mucha gente que
trabajaba en grandes compañías y que, movidos por la conciencia, se piensan
detenidamente la posibilidad de denunciar secretos de empresa que dañarían
irreparablemente la imagen de esas firmas. Su trabajo consiste en negociar
entre el propietario legítimo de esa documentación y los que quieren mantener
su seguridad personal a cambio de devolverla. Es así de sencillo y, a la vez,
de enorme conplejidad. No es un trabajo fácil. Y más aún si el pasado de este
individuo está salpicado de ambición, de alcohol y de violencia.
Una chica tiene algo
que puede perjudicar mucho a una empresa en pleno proceso de fusión. A través
del servicio de traducción para personas con dificultades de audición, él
decide ayudarla. Ese servicio es ideal. Le provee de anonimato y le otorga la
facilidad de cortar la comunicación sin más. Será su nexo de unión. Sin
embargo, esta vez será algo más peligroso de lo normal. Esa compañía tiene un
servicio de seguridad que también se mueve con los mejores medios y los
cuidados deberán ser redoblados. Y la chica…la chica…tiene miedo, está
desamparado, parece absolutamente sola. De alguna manera, recuerda la vida
pasada, las dificultades que parecían insalvables. Cuidado, la identidad es lo
más importante. Debe permanecer oculta. En el momento en el que se queda al descubierto,
nada valdrá demasiado. Y Ash, como así parece que se llama el individuo, tendrá
que poner a prueba su inteligencia y su resistencia.
Ya habíamos comprobado el buen hacer de un director como David MacKenzie en la estupenda Comanchería y, en esta ocasión, vuelve a dar en el clavo. Sirviéndose de un rostro que transmite inteligencia como el de Riz Ahmed en el papel principal, MacKenzie articula una película con elaborados momentos de suspense que siempre giran en torno a ese personaje condenado a la soledad, que se mueve con pasos etéreos y que sabe camuflarse para eludir las trampas de las grandes compañías. A su lado, Lily James también da un par de lecciones de versatilidad como la chica acosada y, en la otra acera, Sam Worthington se ocupa de dar más alma que cuerpo al villano de la función. El resultado es una película muy atractiva, basada, ante todo y sobre todo, en el uso de ese servicio para personas con problemas de audición que se convierte en el vehículo perfecto para la comunicación, para la escucha, para la discreción y que, en su ausencia, también se transforma en el refugio que nunca se debió abandonar. Al fin y al cabo, comunicarse a través de una serie de voces impersonales es una garantía que no se debe dejar de lado cuando lo que persigues es el total anonimato en una ciudad fría que no se para en consideraciones inútiles sobre las personas. Sólo las compañías importan. El dinero. La próxima operación. El siguiente escalón del poder. Personajes como Ash son un peligro para el poder en la sombra…porque él es quien mejor se mueve en ella.






