martes, 5 de julio de 2022

EL MISTERIO DE GOD´S POCKET (2014), de John Slattery

Un chico joven puede morir y que no sentirlo nadie. Tal vez porque es un auténtico estúpido que le gusta presumir de navaja y de lengua y merece un buen porrazo en la cabeza para que se calle. Esto es God´s Pocket, amigos, es una ciudad que no merece ni ser nombrada, pero es la ciudad de los que viven en ella. Mickey, su padrastro, va haciendo trabajitos aquí y allá, al otro lado de la ley, con seguridad y buen tino y, de repente, como quien no quiere la cosa, se ve obligado a investigar un accidente que le da exactamente igual, a contentar a una mujer a la que no puede hacer feliz y a hacer frente a una deuda que no puede pagar. A los muertos hay que enterrarlos y eso cuesta dinero. La madre del muchacho cree que su muerte no fue un accidente. Además Mickey tiene un socio algo díscolo que se retrasa algo en los pagos aunque es un buen hombre. Una copa para ahogar los malos tragos es lo que hace falta. Por allí, también pasa un columnista que está con el billete de vuelta algo caducado y, aunque escribe certeramente sobre lo que pasa en esa ciudad sin demasiada esperanza, no le interesa absolutamente nada salvo un buen cuerpo de mujer. No hay nada que le pueda motivar. Bueno, al igual que Mickey, él tampoco es de God´s Pocket… ¿qué saben ellos?

En esa ciudad de mala muerte y peor vida, también hay un funerario que no está dispuesto a fiar ni un dólar. Es capaz de compartir una cerveza y, a la vez, echarte al muerto a la calle. El negocio es el negocio, aunque el negocio sea la muerte. Mickey tiene que resolver demasiados problemas. Sin embargo, eso no es lo peor. Lo más penoso del asunto es que resolviendo esos problemas no va a encontrar ninguna satisfacción porque vive en God´s Pocket, un sitio sin mañana. Y a Mickey se le van a acabar las mañanas.

El actor John Slattery probó en el guión y la dirección de esta película que cuenta con un reparto solvente que incluye a Philip Seymour Hoffman, John Turturro, Richard Jenkins y Christina Hendricks. La película resulta algo áspera en algún momento, pero no pierde el interés porque hay suficientes momentos intensos, en los que, incluso, se espera algo de humor, pero Slattery lo resuelve con lo sorprendente. Y no es que nada es lo que parece, es que todo es exactamente tal y como lo parece. Las cosas son muy simples en God´s Pocket. Deja a la gente en paz, que bastantes avatares tienen encima. Los días deben ser todos iguales. Las noches se beben con el mismo líquido de la noche anterior. Y, mientras tanto, no se sabe si mañana será mejor.

No cabe duda de que escribir una columna desgasta mucho, así que voy a dejarlo por el momento. Lo mismo consigo que una chica comparta unas copas conmigo y puedo hacer que el día sea distinto para poder decir, en mi columna de mañana, que ha sido exactamente igual. Nos vemos en God´s Pocket.

 

viernes, 1 de julio de 2022

AL CAER LA NOCHE (2002), de Robby Henson

 

No es fácil superar los prejuicios cuando has vivido siempre en una comunidad que no se ha movido un ápice desde hace muchos, demasiados años. Tal vez, se han tolerado ciertas conductas que han recibido la consideración de degeneradas porque alguna válvula de escape deben tener los habitantes de ese pueblo que no está tan lejos de Nueva Orléans. Y todo se va a poner muy a prueba cuando aparezca misteriosamente el cadáver de una mujer transexual que, además, ha causado un accidente de camión. El sheriff Hardwicke posee muchos de esos prejuicios, pero es un profesional y está dispuesto a llegar hasta el fondo del asunto con tal de averiguar quién es el asesino. Alguien le metió una bala en la espalda a la chica y eso, se mire como se mire, es un crimen. Y le va a costar algo más que trabajo encontrar al culpable.

Por otro lado, la chica transexual estaba casada. Legalmente casada. Con una mujer. Y, por la insignia del santo policía, ella es preciosa. Hardwicke tendrá la duda del sexo de ella, pero se siente irremediablemente atraído. Y él estará abrumadoramente perdido porque los poderes fácticos, como siempre, querrán tapar la muerte de la chica. Hubo una fiesta. Hubo gente importante. Alguien se propasó. La huida, el disparo, el camión, la muerte. El sheriff ahora tendrá que hallar todas las explicaciones por sí mismo, para demostrar que él podrá tener prejuicios, pero que es honesto y que está empleándose a fondo para resolver el misterio. Quizá la solución sea mucho más simple de lo que se cree. ¿Quién sabe? Es lo que suele pasar en los pueblos pequeños. Por el camino, Hardwicke aprenderá a superar esa primera barrera, que siempre es la más difícil. Se enfrentará al pasado, a la injusticia que perpetró un día, a la seguridad de que el cariño es la mejor medicina contra todos los preconceptos de su vida.

El director y actor Robby Henson (famoso por ponerle voz a la criatura de La bella y la bestia, versión Disney), se atrevió a dirigir esta película que combina perfectamente la resolución de un misterio con la lucha contra los prejuicios sexuales que siguen asolándonos todos los días aún cuando han pasado diecinueve años desde que se estrenó esta historia. Con Billy Bob Thornton y Patricia Arquette en los principales papeles, Al caer la noche está bien llevada, con algunos momentos realmente incómodos, con alguna que otra mirada algo dispersa en la narración, pero efectiva en lo que se refiere a esa figura terca y profesional del sheriff Hardwicke que llega a ser creíble incluso en el momento en que acepta la compañía de otros transexuales porque no es algo instantáneo, sino que tiene instantes de vacilación y vergüenza. Sin embargo, da el paso, el paso hacia la normalidad, el paso hacia su propia verdad interior.

Así que no olviden reclamar su par de zapatos para seguir deprisa por los rincones de esta historia. Es posible que el sheriff Hardwicke les llame a declarar y tenga que hacerles un par de preguntas sin demasiada gracia. Sin embargo, les diré el secreto. Basta con contestar con normalidad, sin darle importancia a nada, sin esquivar la mirada, sin tartamudear y sin pensar que el otro se forjará una idea escandalosa por lo que se pueda decir.

jueves, 30 de junio de 2022

ELVIS (2022), de Baz Luhrman

 

Baz Luhrman tiene un grave problema como director. Quiere ser tan brillante como Martin Scorsese y, sin embargo, sólo es efectista. Y hay una gran diferencia entre la genialidad y la permanente intención de impresionar. No cabe duda de que esta película sobre la ascensión y caída de Elvis Presley tiene momentos excepcionales, con encadenados sorprendentes y algunas ideas francamente buenas, pero Luhrman, haciendo gala de máximo representante del cine-batidora, se esmera en ofrecer un montaje precipitado, al borde del exceso, perdiendo eficacia, perdiendo potencia.

Entre los errores que comete el director, se pueden destacar el escaso desenlace que le da a personajes a los que otorga voz (por ejemplo, el personaje que interpreta Kodi Smith-McPhee), pasa de puntillas por algunas de las canciones señeras del Rey del Rock y también por su carrera cinematográfica, haciendo solamente énfasis en su frustración por no haber hecho ninguna película que revelara su talento en la escena (aunque hay una, por lo menos, que tiene cierta categoría como El barrio contra mí, de Michael Curtiz). Entre los aciertos se halla el punto de vista narrativo de toda la historia, atribuido al personaje del “Coronel” Tom Parker interpretado con una atractiva ambigüedad por Tom Hanks, o la tremenda intensidad que Luhrman imprime a ese maravilloso If I can dream que Presley cantó en su especial de Navidad en televisión.

Por otro lado, es evidente que Elvis no fue sólo un juguete roto devorado por la maquinaria implacable del éxito. Fue un hombre terriblemente débil, y posiblemente demasiado joven, en el manejo de sus negocios, siendo manipulado constantemente por ese falso coronel que no era más que un vendedor de humo, ludópata, farsante reconocido y de oscuro pasado que sabía ofrecer su mejor rostro al igual que el de un bondadoso tío que se preocupa desinteresadamente por los negocios de su sobrino. Elvis acabó por ser un barril patético físicamente, descuidado, desgarbado y casi ridículo que aún sabía dar lo mejor encima de un escenario, a pesar de todo. A pesar de todos.

Se puede atisbar que, aún así, la película encantará a los fanáticos del Rey. Al fin y al cabo, son casi tres horas asistiendo al festival que ofrece Austin Butler, que realiza una esforzada interpretación aunque no canta la mayoría de las canciones, aunque estudia al milímetro los movimientos pélvicos de un cantante que rompió moldes, que cantaba como un negro y que quiso ser rebelde en un momento en el que eso, precisamente, era lo que más sobraba.

Y es que no es fácil asimilar el éxito y cargar con la responsabilidad de simbolizar todo aquello que parecía prohibido en una sociedad puritana, anclada todavía en la segregación y en la que no se podía concebir, ni en sueños, que alguien quisiera romper tabúes a base de golpes de cadera y de una voz cargada de sensualidad. Ni siquiera a través de la mente sospechosa del representante de Elvis, casi verdadero protagonista de la película, capaz de adaptarse a cualquier circunstancia con tal de hacer que el negocio avance y sus deudas queden saldadas. Siempre hay alguien más listo cuando las chicas gritan de ansiedad porque experimentan algo extrañamente agradable y agradablemente extraño. Y no se preocupen. Tampoco dejará de haber algunos que se pongan inquietantemente nerviosos ante tanto alarido histérico, ante tanto dinero circulando y ante la seguridad de que algo está cambiando.

miércoles, 29 de junio de 2022

EL NEGRO SILENCIO DEL DOLOR (Blast of silence) (1961), de Allen Baron

 

Salir a la luz de nuevo vuelve a ser un parto de dolor. Enterrado en el negro silencio, un asesino profesional viaja de Cleveland a Nueva York para hacer un encargo más. Meticuloso, frío, enigmático, recibe las instrucciones y, en plena Navidad, sigue a su potencial víctima para estudiar sus movimientos. No quiere dejar nada al azar, pero tampoco es insistente. Sabe que si le descubren se acabará todo. Nueva York se hunde en su blanco negro de Manhattan y el tipo deambula por sus calles, tratando de pasar todo lo desapercibido que puede. Toma grandes precauciones, pero el destino, ya se sabe, suele disparar también sin preaviso. Un antiguo compañero en un bar. El pasado se presenta de repente. Aquellos días de orfanato. Aquellas carreras arrastrando la nariz por los suelos. Aquel sentimiento de desamparo, de abandono, sólo roto por una chica que, por casualidad, es la hermana de ese antiguo compañero. Sí, parece que el destino quiere una última jugarreta. El tipo pasará la Nochebuena con ellos y, al día siguiente, también habrá una Navidad en las cercanías de la chica.

Sin embargo, la gran ciudad esconde demasiadas trampas y muchos tipos de bajos fondos que querrán sacar algo de tajada cuando suman que dos y dos son cuatro. El asesino tendrá que ponerse al descubierto y eso es muy poco profesional. Sería mejor abandonar el encargo, pero esos tipos que le han contratado no aceptan un no por respuesta. Tendrá que seguir hasta el final o si no deberá asumir las consecuencias. No hay salida, como en aquel orfanato de la infancia. Hará su trabajo y no hay más que hablar. Decidirá sobre el destino de un hombre al que no había visto nunca. Como si fuera Dios. Dominando la mirada desde las azoteas de los edificios, tratando de escapar de las miradas curiosas de testigos casuales. Todo estará calculado al milímetro. El arma, el silenciador, el lugar, el momento…e, incluso, en un último giro para retorcer el carácter, la espoleta de rabia para que, con un rostro lleno de frialdad, no haya vacilación a la hora de apretar el gatillo. Sólo queda cobrar. Sólo queda volver a la oscuridad.

El negro silencio del dolor es una de esas películas que han sido enterradas por el olvido al tratarse de una película rodada con un bajísimo presupuesto y con una paupérrima distribución en el momento de su estreno. Sólo los alemanes, en el Festival de Munich de 1990, comenzaron a rescatarla con ese vigor que atesora, a la manera de Samuel Fuller y Jean Pierre Melville, con una voz en off que casi parece una arruga en el sonido debida a Lionel Stander y con esa novedosa descripción del trabajo de un asesino profesional en la preparación y ejecución de un contrato. Allen Baron dirige, interpreta y escribe el guión, y, por supuesto, no tuvo, prácticamente, ninguna continuidad en el cine, recluyéndose en el espacio televisivo. Su rostro, una especie de mezcla impasible de Robert de Niro y George C. Scott, resulta ideal para esconder esa tormenta de sentimientos de un asesino que ya está de vuelta y comienza a sentir la fatiga de una existencia que se sabe cara e inútil. Una joya que debería descubrirse para quien realmente le gusten las entrañas del cine negro.

martes, 28 de junio de 2022

OBJETIVO: BANCO DE INGLATERRA (1960), de Basil Dearden

 

El plan es muy sencillo. Se trata de hacer un atraco entre caballeros. Los compinches son la flor y nata de lo peor de la oficialidad británica en la guerra. Todos ellos cometieron algún resbalón en el ejercicio de su mando y han sido defenestrados y, lo que es aún peor, olvidados. Se les ha condenado a vivir con mediocridad, alienados por sus mujeres, despreciados en esa rutina diaria a la que, a veces, se entrega el matrimonio, sin éxito, sin reconocimiento. Así que, cuando ese misterioso coronel les ofrece un golpe que requiere de una perfecta coordinación militar, no lo dudan. Sólo quieren saber el cómo y llevarse su parte. Todo está planeado como si fuera un objetivo en plena batalla, sin fisuras posibles, llevando el cronómetro con la hora exacta, con el segundo preciso. Se trata de estar en el momento adecuado y en el sitio indicado.

Como no podía ser menos, el reclutamiento para la operación pasa por una minuciosa y extensa inspección por las habilidades y antecedentes de los miembros del equipo. La menor graduación posible es la de Teniente porque todos, a pesar de los pesares, tienen honor castrense y están dispuestos a seguir las órdenes de sus superiores. No importa si el enemigo es un alemán o unos guardias fuertemente armados y prevenidos del Banco de Inglaterra. El plan está sobre la mesa. Se construyen maquetas y se dibujan los croquis. No puede fallar.

Puede que el elemento que no se ha tenido en cuenta es lo único que… pero no, no puede ser. Es imposible. Es demasiado simple para ser verdad. Demasiado infantil. Es como si paseas por la calle y te cae una maceta en la cabeza. El Coronel Hyde, jefe de la operación, lo tiene todo milimétricamente calculado. No hay error posible.

No deja de ser curiosa la idea de partida de este atraco perfecto en pleno Londres. Esta vez no estamos ante una pandilla de granujas descarriados, sino ante una auténtica liga de caballeros aburridos y ofendidos que deciden ponerse en marcha para iniciar una vida que creen merecer. También es muy interesante la relación que se establece entre el Coronel Hyde, interpretado con solvencia, como siempre, por Jack Hawkins, y el Comandante Race, segundo al mando, que asume el rostro ambiguo e interesante de Nigel Patrick. Por allí acompañan rostros muy conocidos como los de Richard Attenborough o Roger Livesey, dando textura a la trama en la que no falta el nerviosismo en una resolución que no deja de ser original aunque, quizá, algo corta. Detrás de las cámaras, Basil Dearden, que años después se haría cargo de Kartum, con Charlton Heston y Laurence Olivier, demostrando oficio y una tremenda sobriedad. Casi se podría decir que Dearden hace suyos los principios militares de simpleza, concisión, claridad y disciplina.

Así que traten de ver algo a través del humo y consigan su caja. El Banco de Inglaterra va a ser asaltado por unos cuantos hombres de probada educación e impecable comportamiento. Eso, al fin y al cabo, no es obstáculo ninguno para comportarse como un ladrón en condiciones. A sus órdenes, caballeros.

viernes, 24 de junio de 2022

RELATO CRIMINAL (1949), de Joseph H. Lewis

 

No es fácil echar el guante a un jefe de la mafia en base a su evasión de impuestos. Nunca hay nada a nombre de él, no hay ningún pago, no hay ningún cobro. Si fuera por la Hacienda correspondiente, no existiría. Sin embargo, cuando no hay nada para probar siempre se halla el remedio de la perseverancia. Insistir, buscar, escrutar, saber. Por supuesto, falta un testigo que declare con valentía y, como suele pasar, será el más débil, el que, prácticamente, no tiene nada que perder porque la pobreza es la cabecera de todos sus días. El agente del tesoro Frank Warren va detrás de ese tipo que se dedica a tomar el pelo a la policía, a los proveedores, a los consumidores de alcohol, a los que tratan con droga y a la sociedad entera porque lo único que le interesa es amasar dinero y presumir de sus orígenes humildes. Y, en esa perseverancia que demuestra Warren, habrá muchísimo sacrificio. Apenas podrá estar con su familia, pero se atreve a hacerlo porque sabe que, si consigue atraparlo, sus seres queridos estarán más seguros, podrán andar por la calle con más libertad y muchísima más gente podrá dejar de caminar por el abismo sólo por satisfacer las ansias de avaricia de un individuo que sólo merece el desprecio y la justicia.

No cabe duda de que esta película se mueve dentro de los parámetros de la serie B, pero lo hace con un ritmo endiablado, con un gran sentido de la planificación y de la fotografía y con la seguridad de que, sin dejarlo evidente, todo el mundo identificará la historia con la caza que se emprendió contra Al Capone. Todo está rodado a pie de calle, con una visión vigorosa, casi al modo de Samuel Fuller, sin decaer en la tensión, deambulando por las calles pobladas y los oscuros pasillos. Hay momentos de un estilo extremadamente seco, sin concesiones y otros en los que, con una maestría difícil de igualar, la trama se adentra por la sensibilidad y la ternura de algunos hombres y mujeres que eran capaces de sacrificarlo todo con tal de otorgar algunas briznas de libertad a todos. Glenn Ford no deja de pasear su rostro de hombre honrado, atormentado por sus renuncias, pero totalmente entregado a un trabajo que le lleva años y que le condena a eternos ratos de soledad. La dirección de Joseph H. Lewis, que ya dio muestras de lo excelente que era cuando tenía un argumento que mereciera la pena entre sus manos con El demonio de las armas, es contenida, precisa, muy ágil, certera y haciendo fácil lo que es tremendamente difícil. La fotografía de Barnett Guffey, que años después se lució con el blanco y negro de El hombre de Alcatraz, de John Frankenheimer, está hábilmente contrastada, con negros muy oscuros y claros muy blancos. El resultado es una película que, quizá, quiera moverse dentro del cine negro y que, no obstante, extiende sus brazos más allá. Tanto que llega a ser un retrato del trabajo bien hecho, de la constancia y de la profesionalidad de unos hombres que pusieron todo en riesgo para que todo fuera diferente.

jueves, 23 de junio de 2022

LIGHTYEAR (2022), de Angus MacLane

 

En otro mundo de imaginación, los héroes todavía deben demostrar de lo que son capaces. El vacío del espacio exterior acabará por exhibirlos en un mostrador de juguetes para que un niño repita una y mil veces la misma aventura que acaba de ver en el cine. Una vez más. Y otra. Salvando a la Humanidad o a unos colonos del espacio, haciendo que el bien triunfe sobre el mal. Los héroes hacen que ya no queden dudas al respecto.

Así que ahí tenemos a Buzz Lightyear abriendo el camino de la hazaña para que la fantasía se haga realidad en cualquier cuento infantil, con otros juguetes como compañeros, porque, en su historia de origen, tiene a los mejores. Fueron valientes, intrépidos, decididos y capaces de vencer sus propios miedos. Las estrellas, al fin y al cabo, cuando tiemblan en su fulgor, no lo hacen por miedo.

Cualquier película con el sello de Pixar tiene una esperanza de calidad que no se sólo se circunscribe a la realización y al acabado sino también a su espléndida inventiva en la narración de sus películas. Lightyear, a pesar de ser un vehículo de cierta eficacia para los más pequeños, se destaca por su escaso brillo, probablemente debido a la ausencia de emoción que parece recibir todos los pasos de ese vigilante del cosmos que trata de proteger a todos con su arrojo, siempre innegable, y con su perseverancia, a veces, algo débil.

No faltan, por supuesto, homenajes a las consabidas 2001: Una odisea en el espacio, de Stanley Kubrick, o Interstellar, de Christopher Nolan, con sus saltos de tiempo que tan bien sabe explotar la capacidad de síntesis de la Pixar, que llegó a su máxima expresión con esos maravillosos quince minutos iniciales de Up. Aún así, la película no consigue conectar del todo, limitándose a una serie de viñetas trepidantes sin fuerza interior, quedándose a medio camino entre el infinito y el más allá.

Y es que los héroes no están cansados porque no son sólo vehículos de acción al servicio de la nostalgia. También deben tener una historia con cierta encarnadura, no limitándose a la belleza de la permanencia en las vidas provisionales de unos náufragos que, con el paso de los años, se encuentran más aislados del resto de la Humanidad. El corazón nunca debe de faltar cuando los malvados archiconocidos tratan de imponer los planes de la aniquilación. Eso es algo que todos los héroes saben cuando despliegan sus alas y hacen que todos los que les llegamos a conocer sepamos la auténtica medida de su valor. Más aún si eso se consigue con el espléndido subrayado que ofrece la música de Michael Giacchino, uno de los mejores valores de la cinta y, sin duda, un firme candidato a la sucesión de John Williams en el universo del pentagrama para películas.

Todo será difícil cuando se ponga demasiado en alerta. Un viaje de cuatro minutos se convierte en otro de cuatro años y pasar por los anillos en ruta es una muestra más del heroísmo del más experto de los pilotos. El siguiente paso, querido Buzz, será conquistar el firmamento en el cuarto de un niño que querrá a sus juguetes como un elemento más de su lento proceso hacia la madurez. La responsabilidad es muy grande. Y más vale demostrar ese heroísmo en un espacio que se conoce bien. En el infinito. En las estrellas. En ese lugar en el que la fantasía no tiene límites y los héroes nunca, nunca mueren.