Esta es una de las
películas más desconocidas de todas las que protagonizó Steve McQueen. A ello
contribuyó el desprecio del propio actor que consideró que la cinta estaba
desfasada, siendo un claro ejemplo de un cine realizado una década antes bajo
los auspicios de la Metro Goldwyn Mayer. Lo curioso de todo ello es que, sin
ser ninguna obra maestra de la comedia, resulta una película muy aceptable, con
unos personajes bien llevados, algunos de ellos realmente graciosos, con un trama
llena de enredos en la que, quizá, sí que se nota mucho lo anticuado que
resulta el computador de marras que resulta ser el centro de todo el lío, con
un protagonista que, en contra de lo que pudiera parecer, estaba muy bien
dotado para los registros cómicos. Es, en definitiva, una película muy
agradable de ver.
Al lado de Steve
McQueen, que lleva todo el peso de la función, destaca la maravillosa y
ridícula actuación de Paula Prentiss como la chica más atractiva de la
historia…solo que es tan miope que Rompetechos parece un lince ibérico a su
lado. Además, hay un plantel de secundarios nada despreciable, encabezado por
Jack Weston y seguido por nombres tan ilustres como Dean Jagger, Jim Hutton,
como el sempiterno amigo para todo del protagonista y Ben Astar en el papel del
perplejo cónsul ruso que ve cómo sus ganancias se esfuman.
Todo se resume con
facilidad. Unos muchachos oficiales de la Marina de los Estados Unidos deciden
aprovechar que el barco pasa por Venecia para hacer saltar la banca en el
casino. El truco no puede ser más sencillo, ni más acorde con los tiempos que
vivimos. Se trata de adivinar todas las jugadas con ayuda de un super
computador que lleva el buque. Empiezan con poquito y acaban con todo. Y,
mientras tanto, chicas de todo tipo y condición, con una miope de libro al
frente, la persistente seriedad de los oficiales superiores, las ganancias, las
peleas, con una especialmente graciosa, y, señores, recojamos las fichas que la
apuesta nos ha salido bien y hay que regresar antes del toque de descanso.
Algunos podrían pensar
que esta es una película de McQueen antes de ser la gran estrella que fue, pero
no es así. Ya se había estrenado con notable éxito Los siete magníficos y el chico estaba deseando intervenir en
películas de calidad. No le gustó lo acartonado de todo lo que tenía preparado
la Metro para hacer la historia de estos vivales que se aprovechan de cuanto
tienen a tiro, pero hay que reconocer que, teniendo en cuenta que no se prodigó
mucho en comedia, McQueen era mejor actor, incluso, de lo que él mismo se
consideraba.
Así que hagan sus apuestas, señores. La bola va a girar alrededor de la ruleta, con sus blancos y sus rojos (y su verde), atinen con su predicción, y sospechen, sospechen siempre de cualquier que no hace más que ganar. Seguro que hay truco detrás. Por muy simpáticos que sean, esos tipos quieren llenarse los bolsillos y salir corriendo de una ciudad mágica como Venecia. Ah, el amor, el juego, la risa, los puñetazos…Venecia…

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