miércoles, 4 de febrero de 2026

ZAFARRANCHO EN EL CASINO (1961), de Richard Thorpe

 

Esta es una de las películas más desconocidas de todas las que protagonizó Steve McQueen. A ello contribuyó el desprecio del propio actor que consideró que la cinta estaba desfasada, siendo un claro ejemplo de un cine realizado una década antes bajo los auspicios de la Metro Goldwyn Mayer. Lo curioso de todo ello es que, sin ser ninguna obra maestra de la comedia, resulta una película muy aceptable, con unos personajes bien llevados, algunos de ellos realmente graciosos, con un trama llena de enredos en la que, quizá, sí que se nota mucho lo anticuado que resulta el computador de marras que resulta ser el centro de todo el lío, con un protagonista que, en contra de lo que pudiera parecer, estaba muy bien dotado para los registros cómicos. Es, en definitiva, una película muy agradable de ver.

Al lado de Steve McQueen, que lleva todo el peso de la función, destaca la maravillosa y ridícula actuación de Paula Prentiss como la chica más atractiva de la historia…solo que es tan miope que Rompetechos parece un lince ibérico a su lado. Además, hay un plantel de secundarios nada despreciable, encabezado por Jack Weston y seguido por nombres tan ilustres como Dean Jagger, Jim Hutton, como el sempiterno amigo para todo del protagonista y Ben Astar en el papel del perplejo cónsul ruso que ve cómo sus ganancias se esfuman.

Todo se resume con facilidad. Unos muchachos oficiales de la Marina de los Estados Unidos deciden aprovechar que el barco pasa por Venecia para hacer saltar la banca en el casino. El truco no puede ser más sencillo, ni más acorde con los tiempos que vivimos. Se trata de adivinar todas las jugadas con ayuda de un super computador que lleva el buque. Empiezan con poquito y acaban con todo. Y, mientras tanto, chicas de todo tipo y condición, con una miope de libro al frente, la persistente seriedad de los oficiales superiores, las ganancias, las peleas, con una especialmente graciosa, y, señores, recojamos las fichas que la apuesta nos ha salido bien y hay que regresar antes del toque de descanso.

Algunos podrían pensar que esta es una película de McQueen antes de ser la gran estrella que fue, pero no es así. Ya se había estrenado con notable éxito Los siete magníficos y el chico estaba deseando intervenir en películas de calidad. No le gustó lo acartonado de todo lo que tenía preparado la Metro para hacer la historia de estos vivales que se aprovechan de cuanto tienen a tiro, pero hay que reconocer que, teniendo en cuenta que no se prodigó mucho en comedia, McQueen era mejor actor, incluso, de lo que él mismo se consideraba.

Así que hagan sus apuestas, señores. La bola va a girar alrededor de la ruleta, con sus blancos y sus rojos (y su verde), atinen con su predicción, y sospechen, sospechen siempre de cualquier que no hace más que ganar. Seguro que hay truco detrás. Por muy simpáticos que sean, esos tipos quieren llenarse los bolsillos y salir corriendo de una ciudad mágica como Venecia. Ah, el amor, el juego, la risa, los puñetazos…Venecia…

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