En la Segunda Guerra
Mundial, un tanque era lo más parecido a un ataúd lleno de gasolina, con ruedas
estruendosas y un permanente aroma a grasa y sudor en su interior. En ese
ambiente, la obsesión y el miedo son plantaciones seguras para el ánimo. Ya no
era sólo el mero instinto de supervivencia, sino el deseo irresistible de salir
de allí, de respirar, de dejar de escuchar el atronador sonido de una
maquinaria de guerra y muerte. Tal vez, por eso, a un tanque se le encomienda
una misión detrás de las líneas enemigas. En principio, con la dificultad
propia de tener que moverse en un terreno tan resbaladizo como la tierra de
nadie, no es demasiado difícil. Se trata simplemente de recoger a un oficial
que, por aquellas casualidades de la vida, es íntimo amigo del comandante al
mando de ese monstruo de hierro y obuses. Es el camino, más que el objetivo. Y
ese sendero, algo misterioso y emboscado, va a poner a prueba todas las
capacidades de la tripulación. Por supuesto, los recuerdos y los deseos
incontenibles de poner pies en polvorosa se entremezclarán entre combates,
camuflajes e, incluso, una escaramuza anfibia que, por extraño que parezca, era
perfectamente posible en ese tipo de tanques.
Hay una querencia
popular, bastante incomprensible, hacia una película tan mediocre e, incluso,
algo ingenua, como Corazones de acero
y se tiende a comparar cualquier película de tanques con ella y, claro, suele
servir como argumento irrefutable para echar abajo otros intentos como éste, de
procedencia alemana, pero de producción muy seria. Es un error. Aparte de los
muchos gazapos técnicos que colaba aquella película con Brad Pitt al mando,
resultaba ciertamente increíble en su resolución con soldados haciendo la vista
gorda hacia el enemigo, etcétera, etcétera. Aquí, lo que se puede discutir con
algo de razón, es el final que, por supuesto, no desvelaré, porque el resto de
la película resulta realizada con una factura técnica impecable, con unos
actores muy creíbles, que hacen suyo el rostro de la angustia dentro de ese ataúd
con ruedas. Los combates están bien rodados y se da alguna que otra pista,
especialmente en esa transmisión por radio en el que se entona sin descanso el Agnus Dei y que los tanquistas dan por
hecho que es una interferencia de alguna misa que se celebra con algún aparato
cerca.
Lo único cierto es que, quizá, en el momento final, la imaginación cabalga a lomos del cerebro y se pueden presentar fantasías que pueden parecer delirantes. Sobre todo si se trata de hombres que están encerrados en una ratonera de acero y aceite, con las llamas tratando de traspasar los muros de lo aceptable. Hay que fijar el objetivo, saber lo que se va a hacer y disparar en el instante más oportuno. El resto sólo son debilidades que se cuelan en la vida que se escapa a cada kilómetro, cegándonos de lo verdaderamente importante, sin más consuelo que el hogar, o los sueños, o llegar al siguiente recoveco para que el impacto sea inmediato y certero. Así es la vida. Así es la muerte.

2 comentarios:
Esta no la he visto, la buscaré.
Efectivamente tras la decepcionante "Corazones de acero" te hablan de una película de gente en un tanque y te echa para atrás, pero los alemanes suelen contar muy bien los temas bélicos, en general y si dices que merece la pena habrá que echarle un vistazo.
Aun recuerdo cuando se estrenó la de Pitt que fui ilusionado a verla porque me apetecía "una de guerra" de las de antes. Fiasco total. Ni el guion, ni la dirección, ni los actores. Casi por los pelos salvo a Pitt, pero tampoco se le veía muy cómodo, parecía que había dejado de creer en la película a medio rodaje.
No son alemanes.
Abrazos sin oruga
Es que la propaganda de "Corazones de acero" hacía pensar que iba a ser una película bélica de las de antes y no, no lo era. Además, muy poco creíble en algunos extremos, una decepción total. Lo curioso es que todavía hay gente que la magnifica y la considera el sumun de las películas del género "tanquista".
Yo creo que esta película está bien hecha, bien realizada y, es verdad, el final choca un poco, es escalofriante y, al mismo tiempo, sorprendente y, sin embargo, no te llega a convencer del todo. La parte más fuerte de la película es el viaje, todos los obstáculos que encuentran por el camino estos tanquistas que están perfectamente reflejados en sus reacciones y en sus características a través de sus acciones de guerra y de una palabra suelta aquí y allá. A mí sí me gustó. Me pareció una buena propuesta, con algunas secuencias de guerra originales (sin desvelar nada, el enfrentamiento con el tanque ruso) y con cierta gracia. Ya te digo, si hay que poner peros (y son unos peros relativos) es al final.
Yo tampoco creo que Pitt estuviera demasiado cómodo en esa película. En realidad, tengo un recuerdo ya muy difuso de ella de todo lo que me decepcionó, porque encontré muy poco cine en esas supuestas aventuras.
No, son alemanes.
Abrazos de obús.
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