martes, 20 de enero de 2026

LA NOCHE ETERNA (2024), de Michiel Blanchart

 

Hay que andarse con mucho cuidado si se trabaja como cerrajero de urgencias. En una ciudad como Bruselas, hay que asegurarse que se va a abrir la puerta de quien realmente vive ahí, pedir el carnet de identidad y el pago en efectivo. Todo en orden. La noche se hace realmente larga yendo y viniendo por las calles húmedas e iluminadas con esa luz cálida e irremediablemente fría de la capital belga. Hasta que una chica que parece que está en apuros llama. A partir de ahí, la noche no es larga. Es eterna. Ella quiere que le abran la puerta y, claro, el bolso está dentro de la vivienda. Con su carnet y su dinero. La chica es más rápida que el cerrajero. Entra, coge unas cosas, sale, dice que no tiene la pasta en efectivo y que va a un cajero y que le ha dejado el documento de identidad encima de la mesa. Limpio, fácil. Lástima que cuando el cerrajero va a coger el carnet, que, evidentemente, no está, es sorprendido por el dueño de la casa.

No he desvelado nada. A partir de ahí, todo ocurre en esa noche interminable que debe vivir el incauto cerrajero que ha confiado en una chica más o menos atractiva y que parecía estar en apuros. Hay dinero de por medio, un clan mafioso, un ultimátum, un equívoco y la seguridad de que Bruselas esconde más secretos que verdades. El cerrajero se lanza a la noche. No es ningún novato. Hace algunos años ya tuvo algunos problemas y pagó con la cárcel y, por eso, más o menos, aún recuerda cómo moverse entre las sombras. Sombras que, inevitablemente, van a enseñar el filo del cuchillo, la cinta de carrocero y la resplandeciente verdad sobre el intento de quedarse con el dinero sucio de un negocio innombrable.

Excelente película de producción belga bajo la dirección de Michiel Blanchart, que mantiene con cierta maestría la tensión a lo largo de esa noche en la que el cerrajero tendrá que abrir puertas con rapidez y cerrarlas a la  velocidad del relámpago. El enredo parece que no va a acabar nunca porque el cerrajero nocturno debe arreglar los desaguisados de su exceso de confianza y lo debe hacer rápido, sin pensarse dos veces lo que está haciendo y tratando de racionalizar toda la puñetera locura que se ha desatado porque es demasiado buena persona. Tendrá que juntar piezas, removerse, moverse, verse y luchar. Le van a perseguir por todos los lados y va a actuar como salvador irredento para poner a la chica sobre seguro. Mientras tanto, la noche eterna es cantada por Sylvie Vartan y  nos adentramos cada vez más en una oscuridad que resulta temible porque es el dinero o la vida. Así de sencillo. Y este dilema tiene unas ramificaciones insospechadas cuando se trata de gente que está acostumbrada a plantearlo. A veces, hay que apartar la vista para conseguir la siguiente respiración. A veces, hay que saber reconocer que el mundo no está lleno de buenas personas. En Bruselas, este pobre cerrajero va a tener la prueba fehaciente de que el sacrificio puede hacer que, al menos por dentro, llegues a la satisfacción del deber cumplido.

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