Gloria es una mujer que
pisa fuerte allá por donde va. Ha estado con los peores y algún que otro que le
hizo mantener la fe en la Humanidad. Quizá es una de esas que no ha realizado
ninguno de los sueños que un día se propuso, aunque no puede negar que ha
habido algunos buenos ratos, un par de juergas inolvidables, unas copas por
aquí, algún arrumaco agradable. Nunca ha sido madre, a pesar de que ya ha
llegado a una edad en la que le gustaría haber dejado algún rastro de su paso
por el mundo. O haber llegado al corazón de algún tipo que la quisiera de
verdad. No ha sido posible. Lo único que tiene es el convencimiento de que ella
vale, de que nadie se ha reído de ella y que, si lo ha hecho, ha acabado
pagándolo. Es una mujer de cuidado.
Un día, no es madre,
pero casi. Un testigo incómodo para algunos de sus amigos acaba en sus brazos.
Y Gloria puede ser muchas cosas, pero no es una asesina. Sólo mata si la
atacan, como buena leona. Y eso es lo que va a hacer por ese niño. Se la va a
jugar muy en serio para preservar su vida. Si sus amigos de años disipados no
han sabido hacer las cosas bien, allá ellos. Gloria va a pisar más fuerte que
nunca. Y va a dejar una huella que no se va a olvidar con facilidad. Es una de
esas mujeres que aún guarda belleza en sus rasgos de mujer de madura, pero que
conserva intacto su atractivo interior.
John Cassavettes
dirigió esta película saliéndose de los cánones de su cine para mostrar el
inmenso valor de una mujer que decide enfrentarse a todo y a todos con tal de
salvar la vida de un niño inocente. En un principio, pensó en Barbra Streisand
para el papel protagonista, pero no llegó a un acuerdo porque la actriz quería
componer la banda sonora de la película. Cassavettes volvió a terreno conocido
y se lo ofreció a su mujer, Gena Rowlands y, sinceramente, no se puede imaginar
a nadie más que a ella interpretando a una mujer como Gloria. Es un torbellino
de fuerza, de voluntad, de energía, de saber mirar y de saber estar y de saber
pasear una belleza ajada con una elegancia inusitada. No es de extrañar que
Gena Rowlands fuera nominada al Oscar a la mejor actriz del año por este papel.
Háganme caso y no se entretengan por el camino si encuentran por ahí la segunda versión de esta misma historia protagonizada por Sharon Stone y dirigida por Sidney Lumet. Es imposible mejorar la visión de Cassavettes y la interpretación de Gena Rowlands. Es como si Manhattan, de repente, se vistiera de mujer de negro y comenzara a mirar para todos lados buscando un desafío que todo el mundo rehúye porque, además, es uno de esos personajes a los que los más villanos parecen temer. Fue una muñequita tiempo atrás, pero, por alguna razón que se escapa a los débiles de mente y revólver, es una apisonadora que no tiene ningún problema en asesinar su propio pasado. Cuidadito con ella.

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