viernes, 24 de abril de 2026

GLORIA (1977), de John Cassavettes

 

Gloria es una mujer que pisa fuerte allá por donde va. Ha estado con los peores y algún que otro que le hizo mantener la fe en la Humanidad. Quizá es una de esas que no ha realizado ninguno de los sueños que un día se propuso, aunque no puede negar que ha habido algunos buenos ratos, un par de juergas inolvidables, unas copas por aquí, algún arrumaco agradable. Nunca ha sido madre, a pesar de que ya ha llegado a una edad en la que le gustaría haber dejado algún rastro de su paso por el mundo. O haber llegado al corazón de algún tipo que la quisiera de verdad. No ha sido posible. Lo único que tiene es el convencimiento de que ella vale, de que nadie se ha reído de ella y que, si lo ha hecho, ha acabado pagándolo. Es una mujer de cuidado.

Un día, no es madre, pero casi. Un testigo incómodo para algunos de sus amigos acaba en sus brazos. Y Gloria puede ser muchas cosas, pero no es una asesina. Sólo mata si la atacan, como buena leona. Y eso es lo que va a hacer por ese niño. Se la va a jugar muy en serio para preservar su vida. Si sus amigos de años disipados no han sabido hacer las cosas bien, allá ellos. Gloria va a pisar más fuerte que nunca. Y va a dejar una huella que no se va a olvidar con facilidad. Es una de esas mujeres que aún guarda belleza en sus rasgos de mujer de madura, pero que conserva intacto su atractivo interior.

John Cassavettes dirigió esta película saliéndose de los cánones de su cine para mostrar el inmenso valor de una mujer que decide enfrentarse a todo y a todos con tal de salvar la vida de un niño inocente. En un principio, pensó en Barbra Streisand para el papel protagonista, pero no llegó a un acuerdo porque la actriz quería componer la banda sonora de la película. Cassavettes volvió a terreno conocido y se lo ofreció a su mujer, Gena Rowlands y, sinceramente, no se puede imaginar a nadie más que a ella interpretando a una mujer como Gloria. Es un torbellino de fuerza, de voluntad, de energía, de saber mirar y de saber estar y de saber pasear una belleza ajada con una elegancia inusitada. No es de extrañar que Gena Rowlands fuera nominada al Oscar a la mejor actriz del año por este papel.

Háganme caso y no se entretengan por el camino si encuentran por ahí la segunda versión de esta misma historia protagonizada por Sharon Stone y dirigida por Sidney Lumet. Es imposible mejorar la visión de Cassavettes y la interpretación de Gena Rowlands. Es como si Manhattan, de repente, se vistiera de mujer de negro y comenzara a mirar para todos lados buscando un desafío que todo el mundo rehúye porque, además, es uno de esos personajes a los que los más villanos parecen temer. Fue una muñequita tiempo atrás, pero, por alguna razón que se escapa a los débiles de mente y revólver, es una apisonadora que no tiene ningún problema en asesinar su propio pasado. Cuidadito con ella.

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