martes, 10 de febrero de 2026

ACCIDENTE (1967), de Joseph Losey

 

Un accidente oportuno y ligeramente turbio. Un profesor cita a dos alumnos suyos en su propia casa para terminar un trabajo y preparar un examen. Cuando van a llegar, sufren un accidente con el coche y el profesor consigue rescatar a la chica. El acompañante muere. Hasta ahí todo bien. O relativamente bien dentro de la desgracia, pero es que todo ha sido una finta del destino. El muerto estaba liado con la chica. El profesor desea a la chica. La chica desea al profesor. Todo se complica de forma casi onírica porque la chica ha salido anteriormente con otro profesor que, para más confusión, también lleva un delirante programa de televisión local. Y todo se entremezcla de tal forma que muy pocos saben cómo descifrarlo. El chico, la chica, el profesor-tutor, su mujer, el profesor mediático, el ambiente enfermizo de la universidad, el accidente, la memoria…Puede que todo sea un flashback, pero será el espectador será el encargado de darse cuenta. No lo sé. ¿Ustedes qué opinan?

Joseph Losey dirigió con su evidente profundidad una película pequeña que le dejó enormemente satisfecho. El dramaturgo y amigo del cineasta Harold Pinter colaboró en el guion y juntos adaptaron la novela de Nicholas Mosley, vehículo perfecto para mostrar las turbiedades del impoluto ambiente académico inglés. Dirk Bogarde aporta sus habituales dobleces escondidas tras un rostro agradable y que resulta ideal para mostrar el progresivo y tortuoso camino hacia el desastre personal con el que se enfrentan todos los personajes. Aquí no hay triunfadores. No hay más que perdedores. Todos se enfrentan a la derrota de sus propósitos porque no hay ninguna salida moral que les permita llegar a una conclusión satisfactoria. Algunos podrán pensar que el asunto que plantea la película es nimio, pero no lo es si nos adentramos en estos personajes perdidos, presos de la melancolía y del fracaso. Por supuesto, tanto Losey como Pinter aprovechan que el Támesis pasa por todas partes para incluir un retrato aburrido y muy crítico de la burguesía británica, anclada en una vida cómoda e irremisiblemente rutinaria, con predominio de la hipocresía, la envidia y la represión moral. Algo que, si nos fijamos un poco, puede estar posado sobre los inamovibles tomos de cualquier biblioteca sesuda de un profesor universitario sin mañana.

Tengan mucho cuidado al acercarse a esta película. Quiere decir muchas cosas y, en realidad, se abstiene de pronunciar una palabra. Todo hay que deducirlo porque todo está muy sugerido y obliga a trabajar al espectador. La inversión de valores, la comodidad de una posición desahogada (dando rienda suelta a las ideas militantes de Losey), la certeza de que lo que hemos visto no es actual, sino pasado, la cámara se acerca, la cámara se aleja. Hemos entrado, hemos salido. La muerte es sólo un espejo de lo que nos ocurrirá a todos. La tensión se puede cortar en alguna escena porque el deseo es el verdadero motor que mueve todas las pasiones. Puede que acostarse con alguien sea la meta para que todo parezca que está en orden. Igual que ese profesor que, amablemente, invita a unos estudiantes a su casa para terminar un trabajo y preparar un examen. Accidente.

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