Vivir en Londres,
trabajar en los bajos fondos y moverse dentro de un ambiente de especulación
inmobiliaria entre gente del hampa resulta un ejercicio de equilibrismo
bastante peligroso. Además, no sólo es eso, sino que también tenemos un elemento
tan corrosivo como es la venganza por en medio. Curiosamente, tal vez, la
venganza sea lo necesario para salvarse. Sólo hace falta que los distintos
jugadores coincidan en un pozo cercano al Támesis y entonces todo quedará en
orden. El Grupo Salvaje que se acumula en los billares necesita algo de acción
y entre entradas y salidas de la cárcel se hará algún descubrimiento
sorpresivo. Al fin y al cabo, lo menos que se puede hacer por un amigo que va a
ingresar en el trullo es concederle un deseo que siempre ha querido hacer
realidad. Sólo que eso no lo sabremos hasta el final, no sea que la reputación
de malo quede arrastrada por los suelos. En fin, toda esta gente oscila entre
lo pintoresco y lo patético. Y, claro, con pistolas, cuchillos, drogas, dinero,
malas intenciones y buenas perspectivas es complicado llegar a un sitio más o
menos despejado en esa ciudad que esconde maldades como puños.
Y es que nadie es lo
que dice ser, ni siquiera cuando no lo dice, así que resulta muy difícil saber
cuáles son las intenciones de cada uno. Sólo el que se solaza con las drogas, a
pesar de un temperamento violento que arranca de mucho tiempo atrás, va de
frente. Ese ya se sabe por dónde va, pero los demás…caramba, ni siquiera el
menos malo se muestra tal cual es. Esto es la jungla y hay que ser el más
fuerte…no, no, no…hay que ser el más listo.
Quizá con algo menos de
sorna, Guy Ritchie articuló una película de malos contra malísimos que alterna
momentos brillantes con algunos otros más arrastrados. No es una película
elegante, pero sí muy efectiva y, su mayor virtud, más allá de las violencias
desatadas y desquiciadas y de las situaciones perplejas, es el diseño de
personajes que van desde lo razonablemente malvado hasta lo impensablemente
maléfico. En esa ensalada de enfermos por saltarse la ley, se hallan momentos
de alta comedia, secuencias algo desagradables y resoluciones que coquetean
peligrosamente con la curiosidad. Eso sí, mención aparte merece el excepcional
elenco que Ritchie pone en juego, con Gerard Butler, Thandie Newton, Tom Hardy,
Idris Elba, un estupendo Mark Strong y Tom Wilkinson que, por una vez, resulta
un tanto sobreactuado sin empañar al conjunto en general.
Así que, cuando se les presente una oportunidad única, piénsenlo dos veces. Toda acción tiene muchas ramificaciones y hay que meditar concienzudamente cuáles son los jugadores que van a querer mover ficha. Mucho cuidado, no siempre se muestra el lado más favorecido de cada personalidad, hay que tener una delicadeza situada en la punta de lo imposible para hacer frente las sucesivas trampas de cualquier entramado que se pudiera presentar. Ojo. Los bolsillos llenos suelen ser cepos de los que es muy difícil salir. Rock and Roll. Y no dejen de bailar. Próxima parada: sudores fríos.

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