En
algunas personas, el complejo de culpabilidad puede ser tan intenso que lleva a
la búsqueda imposible de un escape casi onírico. La conciencia es ese
mecanismo, compuesto de éticas, educaciones y recuerdos que es capaz de
paralizar a cualquiera en su capacidad para reaccionar y construir de nuevo una
vida sobre las ruinas de la anterior. Eso es lo que le pasa a este vendedor de
muebles que está sometido a una férrea dictadura de conciencia que le golpea
sin conmiseración porque sus recuerdos le destrozan, sus errores le atenazan y
no puede seguir con su vida. La solución es fabricarse una vida en el mismo
refugio de su conciencia.
Al mismo tiempo, la
psiquiatra que lo trata tiene algún que otro problema de ansiedad porque asume
los problemas de los demás y arrastra un recuerdo indeleblemente doloroso
relacionado con su madre. También se introducirá en ese laberinto de
habitaciones vacías en donde yacen los recuerdos deformados porque esa memoria
no es un notario de nuestro pasado. Nuestros recuerdos están hechos de la forma
en la que los recordamos. Es todo un poco mirarse al ombligo continuamente y
perderse en el jeroglífico de nuestro interior. El terror no está ahí fuera.
Está dentro de nosotros.
Con estos mimbres y
basándose en su propio cortometraje, el director Kane Parsons fabrica una
película que juega con la confusión y que trata de aterrorizar cuando, en
realidad, lo que consigue es una permanente sensación de incomodidad. No hay
sustos, no hay momentos de pánico, es sólo la certeza de que, en nuestro propio
edificio de oficinas vacío, hay cosas que nos cuidamos de enterrar con esmero
mientras que hay otras que, simplemente, no queremos recordar porque nos
descubre la posibilidad de que seamos unos monstruos por haber sido unos
cobardes, o unos insidiosos, o unos desidiosos, o unos interesados, o unos
crueles, o unos impresentables, o unos seres dañinos que no queremos reconocer.
En el fondo, la película tiene un elemento de brillantez aunque embarulla a propósito
algunas de sus propuestas para que el público pueda vender la película con la
etiqueta comercial del terror. Y, en realidad, es un drama en el que los
monstruos salen, los agobios se manifiestan, las persecuciones se extienden y,
al final, lo que queda, es una parábola de nuestra propia deformidad mental.
Es bueno el trabajo de
sus protagonistas con los rostros de Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve, la
música es inaguantable y digamos que, la principal secuencia de supuesto
horror, se rueda con la ilusión de una cámara de vídeo casera, lo que hizo que
me aparecieran unos sudores repentinos por el mareo que me provocó. Cosas mías.
En todo caso, el respetable prorrumpió en aplausos al final, lo cual quiere
decir que todos y cada uno de ellos descifraron perfectamente el mensaje y el
simbolismo de la propuesta y que se mordieron las uñas con fruición en vídeo o
en película. El oficio de crítico de cine cada vez es más duro.
Así que tengan mucho cuidado si deciden inspeccionar sus conciencias. Es posible que encuentren algo con lo que se sientan muy a gusto. También alguno de sus socorridos recuerdos puede salvarlos del infierno. O, incluso, la alucinación culpable puede llevarles a la locura. Elijan ustedes. Lo increíble pasa ahí dentro, en ese cuarto oscuro, perdón, amarillo, donde almacenan sus experiencias y quedan pendientes del cedazo inconsciente o su contrario. De ello pende su salud mental, o su grado de adaptación, o su forma de superar los problemas derivados de sus propios errores, porque todos los cometemos. Grandes, pequeños, inconfesables, dichos en voz baja, guardados para siempre tras la cortina reparadora del silencio, latentes, evidentes, aleccionadores, inútiles…yo qué sé. Puede que el recuerdo que tenga mi conciencia de esta película sea ese mareo de una noche de primavera calurosa que me llevó a ninguna parte y que luego traté de explicar en unas cuantas líneas amontonadas como sillas desechadas por algún vendedor de muebles que ha caído en el ridículo y en el olvido.

2 comentarios:
Pues me suscita cierto interés esta película por un par de razones, independientemente de su resolución técnica o argumental.
La primera es la juventud del director. Esos 20 años me parecen muy interesantes. Que gente tan joven ya tenga que cosas que contar, inquietud y un cierto talento para que sus propuestas hayan resultado atractivas en los nuevos canales, me da mucha positividad. No todos los jóvenes son cenutrios que no se comunican y que se pasan el tiempo jugando al "call of duty" o haciéndose fotos para presumir. Hay algunos que crean, aunque no nos guste demasiado lo que hagan, hacen.
La segunda es el punto de partida. Esos videos inquietantes de lugares vacíos que crean una sensación de angustia, desamparo y, cierto, terror. A mi me han saltado más de una vez y, es cierto, que una parque, una oficina o un parking absolutamente vacío es una invitación a la inquietud, a la posibilidad de que asome en cualquier momento algo amenazante que no debería estar ahí o no de esa forma.
Otra cosa es si la película tiene el suficiente nivel como para esta operación comercial tan exagerada, probablemente no, pero me suena un poco a "El proyecto de la bruja de Blair", una cuestión novedosa que suscito mucho interés, que tenía bastantes aciertos y que creo un subgenero (quizá debería decir un "submundo").
En todo caso creo que no será este film el de mi regreso a la gran pantalla (como espectador, claro), me temo que el que hará que abandone este divorcio no anunciado será Spielberg, otro jovencito que también empezó muy pronto y dijo cosas nuevas, aunque esté a años luz.
Abrazos ¿sin nada...?
Es una propuesta que no está mal, hay que reconocerlo. Lo del mareo es lo que me puso regular.
En cualquier caso, se sale con una cierta sensación de "¿qué es lo que he visto?" porque puede decir mucho, puede no decir nada, puede que sea una historia al mejor estilo de "The twilight zone",pero no me causa terror. Incomodidad, mucha, pero no terror. No tengo miedo en esos escenarios y mucho menos en la resolución que no te voy a desvelar.
Es curioso que menciones lo de "El proyecto de la bruja de Blair" porque en el cine hubo gente que lo vio así, como que les recordaba la propuesta y que era parecida y tal. Nada de adentrarse en los significados de la historia, que los tiene y que, a algunos, puede parecer apasionante y a otros, no tanto.
Yo espero con ilusión a Steven, las cosas como son. Luego la película me gustará o no (un tanto a su favor es que el guion es de David Koepp que es uno de los mejores guionistas en activo). Sospecho que la división de opiniones que está suscitando está en que la propuesta no es tan "spielbergiana" como se espera. Veremos.
Abrazos desde una silla.
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