jueves, 18 de junio de 2026

EL DÍA DE LA REVELACIÓN (2026), de Steven Spielberg

 

El hombre sigue empeñándose en resolver sus diferencias a través de guerras y conflictos, escarbando en sus propios defectos para hacerlos aún más evidentes y delatando su condición de raza inferior, poco merecedora de formar parte del orden universal. Más aún en estos tiempos en los que ha olvidado desarrollar su empatía para concentrarlo en algo que no necesita ninguna como las redes sociales, las pantallas y los avances tecnológicos que, aunque aparentemente, nos han acercado más, sólo han conseguido que sea un ser más solitario, más aislado, más egoísta. Si hubiera un ser superior, probablemente, tenga esa virtud consolidada, como una de las mejores maneras para alcanzar la felicidad como seres, la plenitud como partes integrantes de la verdad y la seguridad entendida como elemento esencial de la convivencia entre los millones que integramos este pequeño y hermoso planeta.

Quizá, en algún lugar, haya un par de ejemplares humanos que sean capaces de manifestar una empatía mostrada como una ventaja evolutiva, sabiendo cuáles son los problemas del otro y siendo voluntarios natos para preocuparse por los demás. Eso hace que, en un momento dado, esos seres superiores hablen por sus bocas, les doten de la facultad de traducir lo ininteligible, les faculten para dar a conocer uno de los grandes secretos que atenaza a los hombres y a las mujeres y se despeje la incertidumbre si somos los únicos seres de toda la creación. Y seguro que Dios no tiene nada que decir a todo ello.

Mientras tanto, los gobiernos no dejarán de tratar al ser humano como si fueran niños que necesitan ser guiados en sus creencias y en sus temores. Tal vez porque, de ese modo, sean más fáciles de manipular y de servir a las estúpidas propuestas para hacer la vida más fácil cuando, en realidad, la complican muchísimo más. No dudarán en emplear toda su fuerza y sus medios en tapar la verdad…porque la verdad es enemiga acérrima del poder y, si se vive y se habita en un mundo de mentiras, el ser humano se perderá en sus propios complejos, en sus inferioridades, en sus miedos. El principio organizador de cualquier sociedad es la guerra y siempre tiene que haber alguna. Es imposible que haya un mensaje de paz, de sinceridad, de comprensión…sobre todo, de comprensión. No nos podemos comprender, olvidamos que todos tenemos nuestras guerras propias, nuestros remordimientos, nuestros fallos difícilmente reparables. Se dedican a aumentar todas esas sensaciones sólo para que tengamos la conciencia no expresada de que somos ganado. Imprescindible para sus objetivos. Innecesario para sus beneficios.

De repente, llega Steven Spielberg y nos pone en la mesa una película de aventuras que recuerda mucho a Encuentros en la tercera fase, pero que es mucho más ambiciosa en su capacidad de alcance. Parte de una situación que ya está en marcha y obliga al espectador a ponerse al día porque así es la vida misma. Y sumerge al espectador en un abismo de silencio absorbente, atento a cada una de las acciones cinematográficas. Nos encontramos con el cine y no sabemos muy bien qué hacer después de asistir a tanta mediocridad. Él no nos manipula, no quiere que creamos más que en nosotros mismos. Es la confianza lo que salva al ser humano y no el pánico. Los seres superiores, si realmente lo son, no podrán venir para castigarnos, sino para orientarnos. Así de sencillo. Y lo harán con riesgo porque seguro que saben sobradamente que somos depredadores de lo distinto. Cuenta con un reparto competente con Emily Blunt, Josh O´Connor, Colin Firth, Colman Domingo y, por supuesto, con el que puede ser el último trabajo de John Williams en la banda sonora. Y caemos en su trampa de acción, en su camino de teoría, en su misiva de buena voluntad. Quiere que creamos que, igual que somos portadores de muerte, también lo somos de esperanza y que la solución no se halla en otro lugar más que en nosotros mismos. Y nos deja otra certeza reservada para los que de verdad apreciamos lo que resulta valioso. Spielberg habla. Los demás, escuchamos. 

12 comentarios:

dexterzgz dijo...

No he visto todavía la película, pero no será por falta de ganas. Tampoco he querido mirar mucho alrededor para ir lo más virgen posible al cine. Es casi imposible, a poco que te asomas a las redes estos días ves la que hay liada. Pobre Steven, siempre que estrena le pasa lo mismo. Yo confío en él plenamente, aunque discrepo contigo en lo de que no nos manipula. Yo sí creo que Spielberg es manipulador, pero no en el sentido peyorativo con el que se habitualmente se le carga. Esa es su cruz. Pero acaso no es Spielberg el mejor cuentacuentos del cine (del actual sin dudarlo y de la historia ahí lo dejo), yo a eso voy.

Con respecto a la película promete debate, sí. Al respecto tuvimos el otro día una tertulia literaria y un debate interesantísimo en torno a 1984 de Orwell (por cierto, recomiendo fervorosamente el documental "2 + 2 =5" actualmente en Filmin). No sé si está bien traído el paralelismo, pero a mí eso de la falta de empatía y el individualismo feroz que invade nuestra sociedad a las puertas de que la IA nos devore por completo me da mucho yuyu. Y que en tiempos en los que todos desconfiamos de todos es muy difícil acercarse si quiera lejanamente a la verdad, lo que diablos sea eso.
Esperamos pues con ansía el día de la revelación. Yo me doy con un canto en los dientes si es la mitad de buena y entretenida que "Encuentros en la tercera fase" ( desde hace tiempo creo que está en mi top 3 de Spielberg junto a..., bueno, para que te voy a nombrar títulos si dentro de cinco minutos podría decirte perfectísimamente tres distintos).

Abrazos expectantes

César Bardés dijo...

No es la mejor película de Spielberg. Sin duda, no es la peor. Yo creo que cualquier película estrenada por un gran monstruo es sistemáticamente atacada. Si te fijas, con Eastwood han hecho exactamente lo mismo. Esta película es valiosa. Más por lo que dice aunque él rueda, como siempre,maravillosamente bien (y cuando la veas te diré una secuencia que me dejó boquiabierto). Ya aún más absurdo todavía es la polémica sobre si Spielberg es mejor que Godard. Increíble. Una disyuntiva que siempre nos ha preocupado a los que amamos el cine.
Por poner peros, te pondré uno. el uso del CGI. Es malucho. Y más aún viniendo del tipo que nos hizo creer que los dinosaurios existían. Ahora bien... ¿es razón suficiente como para denostar una película que está a mil años-luz de los tótems tipo Paul Thomas Anderson o Ryan Coogler? Vamos, ni lo dudes. Spielberg da una lección de rodar, de cómo rodar y de cómo trasladar un mensaje potente y que llegue. Ah, qué pena, no es esa espectacularidad tipo "E.T." pero sí, te puedo decir que es mejor que la mitad de "Encuentros en la tercera fase".
Abrazos extraterrestres

CARPET_WALLY dijo...

Yo tampoco he visto aun la película, pero ayer me quedé con ganas de comentar un par de cosas (no sé si hoy podré que también tengo mucho lio, lo intento)

El tema es sobre las críticas a Spielberg, especialmente las actuales.

El problema de la excelencia es que ye deja de valorarse. Que el tito Steven rueda primorosamente es algo tan reconocido que se da por descontado. Si Coogler se monta una escena con música y bailes en un coctel de imágenes, sonidos y tiempos que parece un batiburrillo a algunos "les explota la cabeza", si PTA monta una persecución de coches con cámara subjetiva desde el parachoques de los vehículos y vemos más asfalto que otra cosa durante minutos y minutos, es un hallazgo visual impresionante. Si Spielberg lanza un descenso vertiginoso en casi plano secuencia para recuperar un pergamino robado por un halcón, es poco mas que una escena entretenida para el disfrute de los niños.

Si, por tanto, ya no se valora lo suficiente el valor técnico de cada film, sólo nos queda lo que cuenta y la forma de contarlo. Y ahí Steven va por otro lado, su forma de contar es clásica. No necesita apenas artificios, ni deconstrucciones, ni algarabías del guion. Lo importante para él es la historia, la trama y por supuesto, el otro defecto que se le achaca, intentar emocionar al espectador. Manipulación dicen, bueno, también manipulaba Hitch para generar la tensión es sus películas y se le venera por ello.

No me da la vida para más, pero me parece un tema que da para mucho tiempo de charla...aunque algunos ya tengamos las ideas muy, muy claras al respecto.

Abrazos reveladores

César Bardés dijo...

Es muy interesante cómo la planteas. La excelencia, efectivamente, ya deja de valorarse. Cualquier cineasta de los realmente buenos, es blanco de las críticas de la forma más gratuita. Lo mismo vale para Spielberg que para Eastwood, ahora que nos dice que se retire, probablemente porque empieza a no funcionarle la cabeza. Interesantísima esa comparación que propones entre Coogler, Anderson y Spielberg, porque realmente reflejas con muchas precisión cómo es la vaina.
Quizá te voy a sacar el único defecto a tu impecable argumentación. Dices que Hitch también manipulaba para generar tensión en sus películas y se le venera por ello. Cuidado, porque empiezo a ver síntomas de que tampoco a Hitch porque vuelven los "verosímiles" a sacar cositas al maestro. ¿Y sabes por qué? Porque hablan sin saber. Y te puedo contar casos realmente chocantes de gente que habla sin haber visto las películas que comentan y se quedan tan tranquilos. Acuden a los lugares comunes y te sueltan algo así como "¿quién es Truffaut para reivindicar una figura como la de Hitchcock?" sin tener en cuenta el contexto histórico, ni el momento, ni lo que significó en su momento lo que hizo Truffaut.
Es muy interesante y merece una reflexión profunda todo lo que comentas. Casi da para un post.
Abrazos interesados.

CARPET_WALLY dijo...

Me encantaría ver ese post, desde luego.

Es gracioso lo que comentas de los "verosímiles". ¿A Coogler no le piden verosimilitud?.

Yo entiendo que una nueva hornada de consumidores de películas no valoren demasiado el cine clásico. Falta educación cinematográfica. Tampoco la literatura clásica, la pintura u otras artes están en el top de los "espectadores" poco formados. Es un problema que va más allá del cine.

Me preocupa más que esos comentarios que no valoran la excelencia que mencionamos vengan de supuestos críticos a los que se le supone extensos conocimientos y que han visto todo tipo de cine.

Pero si hablamos de jóvenes creo que no está todo perdido. El otro día me salto un video de dos chavales (menores de 30 parecían). Apostaban a ver quien era capaz de decir más directores de cine mejores que Spielberg. A uno de ellos se le fue un poco la cabeza y dijo que era capaz de mencionar a 10. El otro aceptó la apuesta y le conminó a que los dijera. Podemos estar de acuerdo con alguno o no (no sé si recordaré todos), pero dijo a : Tarkowski, Kubrick, Coppola, Hitch, Fellini, Passolini, Bergman, Kurosawa, Ozu y ahí se le complicó la cosa. Intentó colar a Cameron o a Lucas medio en broma, pero el otro no aceptó y finalmente mencionó a Miyazaki, que el otro le dio por bueno a regañadientes. Podemos no estar de acuerdo con que algunos de esa lista sean superiores a Spielberg o creamos que faltan nombres, quizá empezando por Ford o discutir si el propio Truffaut podría estar a esa altura, pero al menos se veía que tenían cierta idea de Cine (con mayúsculas). No todo está perdido.

Abrazos con criterio

César Bardés dijo...

No, a Coogler no le piden verosimilitud porque está haciendo una metáfora (complicadísima y super difícil de deducir) sobre el odio de los blancos a los negros y la opresión del pueblo de color, etc, etc. Sí, así razonan.
¿Sabes? Te agradezco este comentario aunque lo ponga un poco en entredicho porque te preocupas de dar algo de esperanza en unos días que no invitan mucho a ello.
Me estás hablando de una excepción, de dos chavales que hablan y vete a saber si lo hacen un poco de oídas, pero, vale,vamos a darlo como que han visto la suficiente filmografía de todos esos que nombran como para tener una opinión bien formada de lo que dicen. A ello me lleva el hecho de que se queden un poco sin respuestas cuando les sacan del cánon.
Lo de las listas ya lo hemos hablado ampliamente. Hoy son unos, mañana son otros, y pasado otros diferentes. Pueden poner muchas posibilidades y someterte a la tortura de listar, pero lo importante, en mi opinión, es que no pongas nada que sea una auténtica barbaridad. Por ejemplo, incluir nombres como Michael Bay, Darren Aronofsky (todavía sueño con sus transformers de piedra de "Noé") o por poner alguien clásico digamos Tay Garnett (que no es que fuera malo, sino que ni de coña era lo suficientemente bueno)i. No sé si me he explicado con claridad. Es un batiburrillo de ideas tontas.
Ojalá veamos a más gente entusiasmándose con el cine de Tarkovsky o de Hitchcock. Mi hijo del segundo sabe, del primero, no.
Abrazos listos.

dexterzgz dijo...

No, todavía no he visto la película. Pero, aún ha riesgo de parecer carca, me uno a vuestros comentarios de los posts anteriores. Yo no soy tan optimista como el amigo Carpet, creo que algo sí se ha perdido tras la llegada de las redes sociales y sobre todo de las plataformas de streaming que no parecen estar muy por la labor de sacar esto adelante. Desde hace unos años tenemos la burbuja de las series que, por mucho que me quieran convencer, no, no son cine. El cine es otra cosa que empieza por ir a una sala (me podrán llamar hipócrita porque sí mi generación la mayoría de los clásicos los he visto por televisión, al menos la primera vez). Además el lenguaje cinematográfico es otra cosa. Los seriales empezaron hace siglos con los grandes autores publicando sus novelas por entregas en la prensa y de paso acercaban su literatura al público. Era, digamos, una necesidad, que ahora no existe. O sí, según se mire.

Ahora los jóvenes no ven ni la televisión, ven series en el ordenador y ¡¡ en el móvil¡¡. Empezando porque ahora el grado universitario de cine no existe y se añade de forma eufemísitica la coletilla "y medios audiovisuales", el cine ha dejado de ser un acontecimiento social, incluso los más maduros prefieren perder media noche tratando de elegir una película (o una serie) que ver en su plataforma de cabecera (al final acaban desistiendo y marchándose a la cama que mañana hay que madrugar). Hablando de Spielberg, he asistido al estreno de más de una de de sus películas y aquello era un jolgorio (disfruté como un enano el día que estrenaron en el cine Coliseo de la Inmortal "Hook" que no pasa precisamente por ser la octava maravilla). Hoy, no sé si algún estreno tiene esa categoría de acontecimiento (¿Cruise y sus misiones imposibles?). Y claro, a la última de Joachim Trier vamos cuatro pringados. Y así, por muchos Joachims Triers que salgan en el futuro es muy difícil seguir.

Perdón por el rollo
Abrazos cenizos

CARPET_WALLY dijo...

Os veo muy negativos. Y quizá el futuro no pinte bien (y no me refiero sólo al cine, ojalá) pero todo evoluciona y donde hoy vemos horrores es posible que dentro de unos años haya excelencias indiscutibles.

Hace muy poco hablábamos de "Blackroom" que puede que tampoco sea nada del otro mundo, pero lo que tenemos ahí es un chaval de 20 años, salido de Youtube, contando una historia. ¿Acaso no iba de eso? ¿De contar historias?.

Mi hija quiso hacer cine, pero hizo "comunicación audiovisual" (es lo que hay por no pagar la educación privada). Ya está lanzando un par de proyectos de cortos en busca de financiación. Jóvenes que quieran contar va a haber siempre. Que la Industria invierta en ellos es mucho más difícil porque el mercado es muy débil, solo se arriesga si hay ayudas públicas. es lo que hay. En el cine o en la industria del automóvil o en la agricultura.

Pero hay futuro. No lo dudéis. Otra cosa es si se mira lo que ya está hecho, el pasado. Pues yo creo que eso también es un poco evolución natural. ¿Cuantos jóvenes leen actualmente a los clásicos? Desde el siglo de oro hasta el mismo siglo XX se les queda viejuno. Los hay, yo conozco algunos, pero siempre una muestra muy minoritaria. Y sin embargo se lee mucho mas de lo que podría parecer (la feria del libro fue terrible, me fui sin comprar ni un libro, estaba terrible de gente), se lee hasta en el movil...¡ Se escucha!.

Seamos optimistas, decían que el cine mataría el teatro, la televisión al cine, los móviles a la tele...Las modas pasan y el arte prevalece, con nuevos formatos, pero estarán siempre.

Abrazos con otro rollo...de celuloide.

César Bardés dijo...

Por centrar un poco el tema porque ambos decís cosas muy interesantes.
Una cosa es el gusto por el cine y por, digamos, la conversación sobre cine. Otra cosa es el futuro con los jóvenes que estudian o quieren hacer cine, veamos.
Creo que, como bien dice Dex, hay poca cultura de cine. Nuestra generación tenía mucha, mucha más. Y ya no digo que nuestros compañeros o amigos supieran o no quién era Kurosawa o John Ford. La mayoría, probablemente, no lo sabían, pero sí que tenían la curiosidad, por ejemplo, de quedarse a ver en el mítico "Sábado Cine" de las noches de fin de semana una película como, pongamos por ejemplo, "Asesinato en el Orient Express", versión Lumet, porque habían oído aquí y allá que era buena. O "Centauros del desierto" por la misma razón. Hoy esas dos películas no las ven ni de coña. Habrá excepciones, sin duda (estoy seguro de que tu hija, Carpet, es una de ellas), pero les dices que vean "Centauros del desierto", una película del Oeste con John Wayne porque la echan en "prime time" (lo pongo fácil) en un canal de los que tienes en casa de pago y se encierran en su cuarto en su particular burbuja (no es mi caso tampoco. Mi hijo la ha visto y le ha gustado, aunque se inclina más por un western como "Los profesionales").
¿Razones para eso? Muy sencillo. En nuestra época, el cine era, posiblemente, el mayor medio de comunicación de masas de corte de ocio que existía. Hoy no es así. Es internet y las redes lo que ocupan parte del tiempo porque, de alguna manera, la interacción ha hecho que sean protagonistas de su propia película, aunque sea una película, casi siempre, bastante mala.
Por otro lado, hacer cine. Sin duda, siempre habrá jóvenes que querrán contar historias, creo que es algo inherente al ser humano. Antes estaban los juglares y trovadores que eran los cines de la Edad Media, los teatros griegos, siempre se han querido contar historias.
Donde se puede encontrar una interacción curiosa es si esos jóvenes que están tan deseosos de contar historias no han visto a los mejores... ¿cómo podrán hacer algo valioso?
Hablas de "Backrooms", un chaval de veinte años y tal. La historia es original y todo lo que quieras. A mí me dio menos miedo que una mariquita en las plantas de mi terraza. Y la forma de contarlo, chicos, me dio un mareo que no os podéis ni imaginar. Salí del cine con el polo empapado en sudor. Me miraban mal y todo.
Y por último, y esto lo he dicho siempre. El cine es un superviviente. Sobrevive a todo, permanece. Mucho más que las series, que pueden estar en candelero en el prolongado tiempo de su emisión y quizá algún año más, pero, si os fijáis, acaban desapareciendo y, si os fijáis aún más, muy pocas quedan con fuerza suficiente para que digamos "oye, me gustaría volver a ver esa serie" , cosa que no ocurre con las películas. Claro que sobrevivirá. El problema es la calidad. El problema es que un estudiante de pintura sí estudia a Miguel Ángel y uno de cine es muy probable que no sepa quién es Ingmar Bergman.
Abrazos de cine

CARPET_WALLY dijo...

Hay un muy buen gag en un episodio de "Los Simpson" en el que Bart y su hermana Lisa están peleando porque Bart no ha hecho los deberes que debe llevar al colegio el jueves, Lisa le dice que están a jueves y Bart dice que no, que es Miércoles. Entonces llega Homer y intenta pacificar la situación diciendo : "Chicos, los dos tenéis razón..."

He recordado la escena, cuando te he leído. No necesariamente porque hubiera sentido conciliador con ambos en tu respuesta.

En el fondo, estoy bastante de acuerdo con lo que decís. Mi reflexión va un poco más allá.

Hay un cierto sentimiento, también por mi parte, que nos lleva a creer que nosotros éramos más cultos, mejor educados, que poníamos más interés en las cosas que los jóvenes actuales. Y quizá sea así. Y probablemente nuestros padres pensasen que el cine ochentero era muy malo en comparación con el de su juventud (probablemente con razón, también). Pero el trasfondo me parece que es que "cualquier tiempo pasado es...distinto".

El otro día hoy a una humorista decir algo que me pareció muy certero. explicaba más o menos algo así: "Los no muy jóvenes se empeñan en decir que la música actual, el reguetón, por ejemplo, es horrible y que la buena música era la de su época. Por favor, que cada uno escuche lo que quiera, la música no caduca". Yo pensé que los de mi generación hemos bailado cosas como "mami, ¿Qué será lo que tiene el negro?", que aun pegamos saltos si pillamos un poco desmelenados los acordes de "Sufre, mamón" o nos dejamos las cervicales al ritmo de Rafaella Carrá. ¿Vamos a decir que el reguetón es una porquería que casi habría que prohibir?

No pocas veces aparece en un mix de algún DJ con mucho éxito, alguna melodía de Bach mezclada con bases tecno que suenan la mar de bien. ¿tuvimos que escuchar nosotros música clásica para saber apreciar a Pink Floyd o a Queen o a Led Zeppelin?

Con la lectura igual, en los institutos nos obligaban a leer algún clásico cuando quizá no era el momento y nos creaban algún colapso que nos hacía rechazar ese tipo de literatura.

Ingmar Bergman se estudiaba en Comunicación Audiovisual, también la Novelle Vague (incluido Godard), los italianos, los clásicos...Pero sólo en una asignatura de historia del cine y en otra de refilón sobre guion cinematográfico.

En todo caso, creo que no es obligatorio para los nuevos aficionados al cine ver todos los que consideramos imprescindibles. como no lo es para un lector empedernido leer el Quijote o las tragedias de Shakespeare o a Galdós...Si lo haces porque te lo va pidiendo el cuerpo, mejor. Pero no invalida no haber visto "El acorazado Potemkim" o no conocer ni de oídas a Dreyer. Tendrás menos criterio, pero eso se coge con el tiempo.

Y nunca es tarde, las buenas películas y los buenos directores tampoco caducan.

Abrazos positivos

César Bardés dijo...

Yo no creo que nosotros pusiéramos más interés que los jóvenes actuales en las cosas, ni mucho menos. Ellos ponen mucho interés en muchísimas cosas, sólo que, probablemente, para una parte de nosotros, ponen el interés en focos equivocados. Y por supuesto que nuestros padres pensaban que el cine ochentero era bastante peor que el cine que ellos habían mamado, aunque aún iban alguna vez que otra al cine porque había alguna película que sí les llamaba la atención. Lo que te aseguro es que no irían ahora.
Yo, en cuanto a la música, siempre he ido muy a contracorriente. No me gustaba la de antes, ni siquiera la que estaba dos o tres eslabones más altos que los ejemplos que mencionas. Tampoco me gusta la de ahora. Y, en algunos casos, la de ahora me parece altamente insultante (sólo en algunos casos).
Evidentemente, no, no tuvimos que escuchar música clásica para disfrutar de Queen o de Pink Floyd, pero nosotros no nos dedicábamos a hacer música. Como simples aficionados que utilizaban la música para una cosa o para otra, nos gustaban determinadas cosas porque sonaban bien y ya está.
Yo lo que he dicho y, sobre todo, basándome en la opinión de cierto director de la Escuela de Cine de Madrid (antiguo Instituto de Experiencias Cinematográficas, lugar de donde salieron Erice, Olea,Saura, Borau y algún otro) que me decía que sus alumnos no sólo no sabían quién era Bergman, sino que ni siquiera les interesaba demasiado descubrirlo. Y como ejemplo me ponía que él mismo había organizado un ciclo de película de Edgar Neville y que se le presentaron dos alumnos. Excepciones honrosas, sin ninguna duda, pero excepciones.
Y, desde luego, te doy la razón. No es obligatorio para ningún aficionado, ni de antes, ni de ahora, haber visto a cineastas imprescindibles para apreciar el cine que se pueda hacer ahora (o menospreciarlo, no lo olvidemos). Ni tampoco es necesario leer el Quijote para disfrutar de Tom Clancy o de Dan Brown, claro que no. Quizá sí es necesario que te leas alguno de esos si te quieres dedicar al cine, o incluso a escribir. Y estoy seguro de que en Bellas Artes sí estudian el estilo de Miguel Ángel, de Velázquez, de Antonio López o de Egon Schiele. La clave está en "tendrás menos criterio" y ahí es donde voy en el caso de ambos, del aficionado y del creador o del que pretende ser creador.
Desde luego, nunca es tarde. Sé de un par de ejemplo de cinéfilos tardíos que cogieron el gusto a edades más que provectas.
Abrazos esperanzados.

dexterzgz dijo...

Pues a ver, que el otro día mientras echaban en la tele y todo el mundo estaba pendiente de "Lamine Yamal contra el Imperio Austrohúngaro" (lo peor de Berlanga con diferencia) yo me acerqué al cine por fin a ver al tito Steven. Alguien me preguntó después si había superado mis expectativas y, hombre, no las superó le contesté, pero al menos las colmó y salí satisfecho de la sala, lo cual no es poco, porque ya se sabe que las altas expectativas suelen derivar en lo que derivan.
Y veo la película en clave de lo que últimamente vemos muchas películas de los grandes. Si esta resultase ser por un casual (que por supuesto nadie queremos) la última película de Steven no sería un mal colofón. A fin de cuentas, ahí están todas las constantes del cine del tito: la fantasía, la comunicación alienígena, Dios, la infancia, y por supuesto el trauma del divorcio de tus padres. Pero ante todo está esa capacidad para contar de fabular y contar a través de las imágenes. Tiene su aquel que la película empieza un poco sin que te enteres muy bien de lo que pasa y que poco a poco vayan encajando todas las piezas del puzzle, con incluso tendencia a la sobreexplicación, defecto que siempre se le suele atribuir al maestro. Por lo demás, cine por un tubo, entretenimiento a raudales con secuencias tan chulas como la del tren (chúpate esa, Christopher Nolan). Es un poco pronto para saber a qué categoría de las películas de Spielberg acabará perteneciendo, porque venimos de un "West side story" que nos pilló un poco a contrapié y de unos "The fabelmans" que en un principio podían saber a poco pero definitivamente nada de eso.

Y lo lógico sería una nominación al Oscar para Emily Blunt. Qué narices, una victoria, pardiez.

Abrazos desclasificados