El experimento tiene su
interés. Se trata de narrar, desde el punto de vista de un espíritu, el
embrujamiento de una casa. La cámara, en todo momento, es subjetiva y sólo
sabemos lo que el supuesto fantasma ve. Toda la historia está estructurada en
largas secuencias en las cuales esa presencia etérea es testigo de la dinámica
familiar que llega bastante debilitada a esa casa donde, un día, hubo un
asesinato. El espectro no alberga malas intenciones, aunque exprese sus
enfados. De alguna manera volátil, quiere proteger a las personas que allí
viven. Tal vez, porque ocupan algo tan querido como su casa. Sin embargo, hay
varias razones que hacen que el experimento no sea del todo redondo.
De forma un tanto
especulativa, se llega a decir que el espíritu es el de una antigua amiga de la
hija del matrimonio que compra la casa, probablemente víctima de un suicidio
como consecuencia de los tormentos propios de una adolescencia difícil, pero
eso no se confirma en ningún momento. Por otro lado, el supuesto pánico que
debe despertar una historia de fantasmas no acaba de aparecer. El espectro es
bastante pacífico con escasos fenómenos paranormales, aunque, sin duda,
interesante. El tercer reparo es meramente formal. Al ser una historia narrada
desde el punto de vista subjetivo de la presencia, no hay ni un solo primer
plano. El fantasma no se acerca mucho, aunque es testigo de conversaciones que
le provocan una reacción. La conclusión está algo suspendida. Es interesante el
intento por parte del director Steven Soderbergh y del guionista, uno de los
mejores, David Koepp, pero la película en ningún momento llega a despegar.
Dentro de su argumento
en el que, con cierto tino, nos describe el comportamiento familiar, vemos cómo
el padre está agobiado y ve que las cosas empiezan a ir mal con su mujer y
tiene una misteriosa conversación con un amigo en el que sugiere que uno de los
dos, él o su mujer, está dedicándose a algo ilegal, pero ahí se queda. La
madre, una diletante que sólo tiene ojos para su ordenador de trabajo, no
esconde su predilección por el hijo varón, proyecto de deportista de élite que,
cuando habla, resulta bastante cortito y delata la influencia que los amigos
tienen en él. La chica, la menor de la casa, se halla en una marea de
sentimiento y confusión y no tiene ningún reparo en acostarse con el mejor
amigo del hermano, un tipo que dice las palabras exactas para encandilar a
cualquier joven en su situación. El resultado de todo el embrollo es confuso,
es como algo inconcluso, una especie de proyecto que no termina de estar
suficientemente pulido a pesar de la prometedora idea. Puede que hubiera hecho
falta una presencia sobre el hombro de Koepp para hacerla más inquietante, más
áspera, algo menos cercano a la reciente Here,
de Robert Zemeckis, y más propio de Un
lugar tranquilo, pero sin monstruos alrededor.
Ah, y cuando terminen de leer este artículo, no se olviden de echar un vistazo a su armario. Parece ser que es el sitio favorito de los fantasmas. Desde allí, lo oyen todo, lo ven todo y no delatan su presencia. Yo ya lo he hecho y ahí dentro están todos mis fantasmas.

2 comentarios:
Es cierto que esta película contiene algunos puntos de interés, fundamentalmente por esa visión subjetiva del fantasma. Es novedosa, curiosa y atrapa inicialmente. Y no es menos cierto que, tal vez por el propio experimento visual y narrativo, te mantiene con un cierto interés durante el metraje.
Los problemas, como señalas, son más propios del guion o incluso del montaje. Tanto interés les despierta el experimento que han dejado de dar consistencia al contenido. Hay cuestiones en la trama que no son muy coherentes o parecen poco relevantes o que, como digo, se han diluido en el montaje final.
Y efectivamente es una historia de fantasmas que no da demasiado miedo, ni siquiera a los habitantes de la casa.
Y la resolución tiene su gracia hasta que le das una vuelta... que Marty Mcfly tenía un Delorean y no digo más.
Abrazos desde el armario
Es una película fallida, de eso no cabe la menor duda. La idea es muy interesante y, sin duda, es la típica en la que caes cuando vas buscando algo que ver en las plataformas y ves que está dirigida por Soderbergh. El guión de Koepp (cosa muy rara, teniendo en cuenta de que es uno de los mejores guionistas en activo) está muy poco atado por los bordes, parece como si lo confiara todo a la idea de partida y se olvidara de contar algo realmente bueno.
En resumen, estamos bastante de acuerdo en todo. La presencia es decepcionante, a pesar de todo.
Abrazos desde la puerta
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