Seamos sinceros. El
negocio de grabaciones mortuorias de Jimmy “El Santo” no va bien. Eso de hacer
que un moribundo se haga un vídeo ofreciendo consejos a sus familiares
supervivientes, además de ser un poco obsceno, es poco edificante. Jimmy “El
Santo” no puede hacer frente a las deudas porque, poco a poco, hay menos gente
que esté dispuesta a pasar por delante de una cámara con la guadaña pendiendo
sobre su cabeza y lanzar una monserga a su familia sobre si deberían hacer esto
o aquello. Un tipo de mala calaña le ofrece un trabajo y Jimmy recurrirá a unos
cuantos amigos para que le ayuden. Las cosas se tuercen y el encargo es un poco
desastroso. Jimmy y los otros cuatro están condenados. Sólo vivirán tanto
tiempo como desee el individuo que les contrató. Se trata de saber qué es lo
que hay que hacer en Denver cuando ya estás muerto de antemano.
Por ahí en medio hay un
misterioso asesino a sueldo que también se va a encargar de ellos y que le
llaman con el enigmático nombre de “Señor Shhhh”. Más que nada porque el tipo
no dice ni una palabra. Ni antes, ni durante, ni después de trabajar. Él no
habla. Sólo trabaja. Y todo esto, aunque parezca mentira, es leyenda en la
ciudad de Denver porque es sólo una historia que un fulano cuenta en el rincón
de una cafetería. Tal vez, entre las cosas que hay que hacer en Denver cuando
ya estás muerto, lo mejor sea escuchar una historia que oscila entre lo
apasionante y lo sorprendente.
Excelente película de
Gary Fleder con un reparto exquisito que encabeza Andy García como Jimmy “El
Santo” y que completan nombres tan ilustres como Christopher Walken, Treat
Williams, Christopher Lloyd, Bill Nunn, William Forsythe, un fantástico Steve
Buscemi como el Señor Shhhh y un maravilloso Jack Warden como el narrador de
esta compleja y alucinante historia de perdedores en una gran ciudad cubierta
de sangre. El mérito, más que en la adecuada y muy ajustada dirección de
Fleder, radica en el original guion de Scott Rosenberg, que nos ha regalado
otros dos libretos maravillosos como los de Beautiful
girls, de Ted Demme, y Alta
fidelidad, de Stephen Frears y aún otro que cuenta con mucho predicamento
aunque al que suscribe le parece una gamberrada de taquilla gorda como Con Air, de Simon West. Tomando algo de
altura, y reconociendo sus buenos trabajos, Cosas
que hacer en Denver cuando estás muerto es su escritura más original, bien
trabada, muy sorprendente en muchos de sus tramos y con el mejor reparto de
todos, incluido el fantástico que también puebla los créditos de Beautiful girls.
Así que, cuando sepan que hay una bala o algo peor con su nombre puesto en ella, no duden en contar su historia. Es posible que sea muy útil a todos aquellos que están esperando su oportunidad cuando, en realidad, es su último suspiro. Y no se olviden de mantener un trocito del alma limpio de polvo y paja. Al final, no nos quedará mucho más. Ni siquiera a través de la boca de un formidable narrador de historias que dice nuestro nombre imposible en el rincón de una cafetería.

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