Asumir el papel de una
pareja de policías en el Saigón de la guerra no deja de ser una tarea bastante
absurda. Pensémoslo un momento. ¿Investigar unos crímenes en una guerra que se
caracteriza por el asesinato indiscriminado? Digno de Samuel Beckett. En todo
caso, ahí está esa pareja de policías que tiene algo de aquella otra que
formaron los detectives Doyle y Russo en French
Connection sólo que se cambia el Departamento de Narcóticos por el de
Homicidios y pónganse a olisquear las pruebas. Se trata de cazar a un asesino
en serie en esa ciudad dominada por el caos que ha ido eliminando prostitutas
como si fueran soldados del frente. Las primeras pistas no dejan ningún lugar a
dudas. El asesino es norteamericano y todo apunta que es un oficial de cierto
rango. Para completar la tarta. La peor ciudad del mundo, los peores crímenes
del mundo para cazar a un tipo inalcanzable. ¿Se puede soñar con un caso mejor?
El sudor se pega a esas
camisas de civiles que lucen los suboficiales McGriff y Perkins en unos barrios
en los que nada está claro, la gente se mueve con total libertad de
comportamiento. Lo que es legal, no está bien visto. Lo que es ilegal, es la
normalidad. Habrá que emplear la violencia en una o dos ocasiones para
conseguir la información necesaria. Y sacar el arma reglamentaria si las cosas
se tuercen mucho en ese universo de callejas estrechas, puestos de acera y
calzada y uniformes que sólo buscan un lugar en el que hundir el vicio de la
desesperación del frente. Saigón es la nueva urbe del pecado y McGriff y
Perkins lo van a comprobar de primera mano.
Con la mirada más
objetiva posible, la intención de la película es original y muy apreciable. La
idea de dos policías militares dedicados a la investigación de una serie de
asesinatos en una ciudad que se cae a pedazos, en un ambiente en el que todo
está en contra, es muy buena. Sin embargo, hacía falta la dirección de alguien
con más garra y proyección que Christopher Crowe, mejor guionista que director,
en su única incursión tras las cámaras. Si esta misma historia hubiera caído en
las manos de otro realizador como, por ejemplo, John McTiernan, estaríamos ante
algo auténticamente bueno. Como no es así, crece la desazón en el público
porque se espera algún acontecimiento que haga que la historia arraigue y cobre
vuelo, pero eso no ocurre en ningún momento. La sensación, al final, es de una
cierta decepción y de expectativas defraudadas porque es como si la película
prometiera y no cumpliese.
En cualquier caso, cuando caen encargos de este tipo, más vale que llevemos a cuestas el sudor y la conciencia. Habrá que buscar en verdaderos vertederos y la confusión será toda la respuesta. El trabajo consiste en separar el grano de la paja, mantener la mirada firme entre las drogas, el vicio, la degeneración y ese puñado de locos que han decidido hacer una guerra a diez mil kilómetros de su país. Saigón tiene muchísimas preguntas y, prácticamente, ninguna respuesta.

1 comentario:
Pues esta, sin embargo, la vi un par de veces, una en el cine y otra en video para comprobar que, efectivamente, Mctiernan la hubiese hecho memorable y Crowe olvidable.
Y es curioso lo que comentas de la investigación de un crimen en un ambiente de violencia y muerte como es una guerra. Esta va más como señalas en la línea de "French Conectión" en cuanto a personajes y más acción tipo "Limite 48 horas" o similares.
Pero en investigaciones de asesinatos en plena guerra podemos destacar también la española "Silencio en la nieve" y sobre todo "La noche de los generales", también con un asesino en serie de prostitutas, aunque choque que, con todas las atrocidades nazis que se perpetraban, les preocupase un tema como ese..
Abrazos entre explosiones
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