miércoles, 18 de marzo de 2026

EL VIRTUOSO (2021), de Nick Stagliano

 

Una película extraña con un resultado también bastante asonante. Me explico. La idea es excelente. Un asesino profesional que ha prescindido de cualquier escrúpulo a la hora de realizar su trabajo comienza a darse cuenta de que se está desprendiendo de todo lo que le convierte en humano. En uno de sus encargos, hay una víctima colateral que muere de un modo terrible y eso le hace replantearse todo. Sin embargo, se mira al espejo y es incapaz de sonreír. No queda ni el menor indicio de ternura en su corazón. Todo lo ha ocupado la eficiencia de un trabajo que sabe que analiza y realiza como nadie. Sólo un papel con un nombre y se pone en marcha. Eso es todo.

Por otro lado, su jefe. Un misterioso personaje que, para consolarle de esa víctima colateral de su último trabajo, le cuenta cómo él mismo perdió toda la conciencia al lado del padre del asesino. Los tortuosos caminos de su mente le llevan a exigir, sin ninguna excusa, que los trabajos estén perfectamente hechos y cerrados. No hay nada que discutir. No hay nada que alegar.

Y allá que va el asesino, a un villorrio perdido para encontrar a alguien con un nombre algo intrigante. Llega, analiza, acierta, huye, lo repiensa, vuelve, encuentra a alguien y, de algún modo, también se encuentra a sí mismo sentado en un rincón esperando una última oportunidad para recordarse que tiene algo de humano en su alma. Al final, lo previsto. Algo menos que la desolación. Algo más que el aislamiento.

Aunque hay momentos de indudable tensión bien llevada, la dirección de Nick Stagliano es pausada, muy europea, sin prisas, con una voz en off que nos descubre los insondables pensamientos del protagonista y, al mismo tiempo, nos hace ver el tormento de su interior sin una palabra de más, sin una queja de menos. Sólo frases sueltas. Hay que destacar dos apartados interpretativos muy notables. Por un lado, Anson Mount, tremendamente atractivo a pesar de esa impasibilidad que no dice nada y, al mismo tiempo, dice todo en la piel del asesino profesional. Por el otro…casi se levantan los pelos como escarpias al recordarlo, Anthony Hopkins que, sin duda, ostenta un papel secundario en todo ese teatro en apariencias impostadas, pero que protagoniza una escena con un monólogo tan extraordinariamente interpretado que contiene más cine y más arte que películas enteras. Su rostro se vuelve  un mapa de sentimientos encontrados, de nostalgia hacia sensaciones que un día se tuvieron y que ya se perdieron en la memoria de las obligaciones, de intuición del abismo que se abre ante él porque su conciencia se ha vuelto implacable y la profesionalidad está por encima de todo. Sólo por ese monólogo de cinco minutos, la película merece ser vista.

Por lo demás, no olviden lo que sienten, por muy equivocados que estén. Si lo hacen, serán seres sin más destino que el encuentro con otros seres de igual incapacidad y, entonces, nadie estará a salvo. Sólo el corazón es lo que nos diferencia de las pistolas. Ellas no piensan que una bala puede causar más de una muerte.

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