viernes, 18 de septiembre de 2026

GREYHOUND (2020), de Aaron Schneider

 

Un capitán novato debe encabezar la escolta de un convoy mercante. Su corbeta es un buen barco, manejable, con una tripulación muy profesional. Es un hombre de creencias y no es de extrañar que utilice a Dios como asidero y consuelo en un pedazo de mar al que llaman, no sin razón, “agujero negro”. En esa zona del Atlántico Norte, los alemanes hacen de las suyas a sus anchas porque no es posible proporcionar cobertura aérea a ningún barco. Los convoyes mercantes dependen sola y exclusivamente de su escolta. En esta ocasión, son veintinueve barcos que están a merced de las cuatro corbetas de guerra.

Sin embargo, lo que parece imposible, ocurre. No sólo deben atravesar con la máxima rapidez ese vacío de seguridad en un mar que ha decidido ponerse hostil, sino que también se encuentran con lo que en el argot marino se conoce como una manada de lobos, es decir, un número indeterminado de submarinos dispuestos a causar todas las bajas posibles. El agua no ayuda, sólo se dependerá de la pericia de ese capitán en su primera travesía. Y por el cuaderno de bitácora, el tipo es de lo más competente.

De esto modo y con una dirección modélica, podemos apreciar los movimientos a babor y a estribor, esquivando torpedos, corriendo en pos de echar una mano a la cola del convoy donde los alemanes están hundiendo a un carguero griego, destruyendo los nervios de acero que hay que tener cuando los lobos aúllan dispuestos a devorar la presa, haciendo un trabajo que nadie más quiere hacer. Ese Greyhound, que se podría traducir como Galgo, se multiplica para atacar, defenderse, salvaguardar a los demás, rescatar a los supervivientes y salir vivos. Y el mar, mientras tanto, no deja de golpear con su furia recargada con espuma, zarandeando a las personas y a las ideas y dejando muy poco espacio a una lógica que es complicadísimo conservar.

Excelente película centrada, prácticamente, en Tom Hanks en la piel de ese capitán que, con sus momentos de vacilación, sabe a la perfección cuáles son los pasos a seguir para hacer frente a esos malditos nazis que, por si fuera poco, también se dedican a la guerra propagandística a través de diferentes canales de radio. En su favor, no es un héroe de una sola pieza porque el miedo se dibuja en muchas de sus decisiones. Actúa, pero no está seguro de nada, aunque su deber es dar esa impresión a toda su tripulación. Si él resiste, ellos aguantarán mejor. Es así de simple. La mayoría de ellos son muy jóvenes. Y él no puede comer pensando en la inmensa responsabilidad que está a punto de ser horadada por un proyectil enviado por esos malditos nazis, lobos sin piedad, que quieren ver al galgo hundido y pidiendo socorro.

Así que prepárense para embarcarse en un viaje en el que las millas se contarán por nervios, las alarmas serán continuas, las maniobras, hábiles; las órdenes, precisas. Y todos deben estar en sus puestos y listos para acatar las indicaciones del capitán. Al fin y al cabo, la mejor manera de enfrentarse a una manada de lobos es convertirse en cazador.

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