viernes, 10 de julio de 2026

EL CARNICERO (1970), de Claude Chabrol

 

Todo parece tranquilo en un pueblo de la campiña francesa. Por un lado, una maestra que, prácticamente, vive recluida. Tuvo un par de desengaños amorosos tiempo atrás y prefiere disfrutar de la soledad y de sus niños en la escuela. Es buena en eso. Es atractiva, aunque con una belleza muy particular. No quiere al mundo y espera que el mundo no la requiera. Por otro, un carnicero con mucha historia a las espaldas. Fue soldado en Argelia y vivió los peores horrores, las mayores matanzas. Es algo que, cada noche, vuelve a revivir con angustia. El desahogo viene cuando va a trabajar a su tienda y tiene que despiezar la mercancía. Allí da unos cuantos hachazos con su cuchillo de matarife y, parece que no, pero la angustia se va, ayudado por un charloteo con una clienta, por un pedido que hay que preparar o por controlar la llegada del género. La vida transcurre con placidez en ese pueblo del que nadie se acuerda.

En una boda, estos personajes que parecen muy perdidos en la vorágine de sus propias existencias, se encuentran y, de alguna manera, simpatizan. Ella es atractiva y aún joven, con unos ojos arrebatadores. Él parece un buen hombre, muy dispuesto, muy voluntarioso y aún más amable. Puede que surja algo entre ellos, pero es algo inasible, que los dos no se atreven a cazar, como un colibrí en la montaña. Sin embargo, hasta en el mejor de los paraísos existen los nubarrones que impiden la felicidad. Un asesino en serie merodea por los alrededores. Sus crímenes son terribles, execrables, totalmente inhumanos. Los pueblos de la cercanía se han visto manchados con la sangre que ha derramado y que aparezca por la villa de los protagonistas es cuestión de tiempo. La policía hace averiguaciones y, quizá, el mejor detective es siempre el silencio.

En este contexto de amargura, sin rumbo y crueldad, el carnicero acabará demostrando a la maestra hasta dónde puede llegar el amor. Ese mismo que ella ha visto cómo huía de su presencia y dejaba sólo el agrio sabor de la derrota.

Claude Chabrol realizó esta película con la habitual falta de énfasis que los miembros de la Nouvelle Vague imprimían a sus historias. Nada tiene importancia porque la vida es veloz y, a menudo, leve, por mucho que los acontecimientos puedan ser más graves de lo que podamos imaginar. Articula un drama de amor y crimen desde una perspectiva de espectador levemente implicado, pero en absoluto concernido. El resultado es que, sin duda, hay interés en lo que cuenta, por mucho que, en algunos momentos, parezca alejarse de los postulados del movimiento que le repudió por desertar con premeditación y alevosía. Y su mirada es la de alguien curioso, pero pasivo. Leal, pero proclive a la distracción. Agresivo, pero sólo en privado. Si deciden ver esta película, entenderán a qué me refiero.

Así que, en el fondo, hay que elegir muy bien a quién queremos para que nos saque del hoyo al que nuestro ánimo nos ha condenado. Esas pequeñas elecciones, que no tienen casi importancia en nuestro día a día, muchas veces determinan nuestro devenir. Y, a veces, guardan la sorpresa del sacrificio, de la honestidad y de la sinceridad dentro de un envoltorio que no tocaríamos ni de lejos.

6 comentarios:

dexterzgz dijo...

Interesante el ejercicio de desmitificación que haces de la Nouvelle Vague a través de esta película Desde luego, hablamos de un movimiento que puso patas arriba la historia y sin el cual es imposible entender la historia del cine moderno. Pero ¿era para tanto? A ver, que no se me malinterprete, que ya he dicho lo que he dicho. Pero es cierto que cada vez me crece dentro ese sentimiento de amor / odio hacia los nueva oleros. Con la excepción de Truffaut ( ¡¡¡ y Agnes ¡¡¡). Y veo sus múltiples luces y sombras y sus contradicciones, ese "somos niños de derechas haciendo cine de izquierdas" que se atribuye al propio François que a fin de cuentas era el menos indicado para decirlo al ser de los pocos que no viene de los pares de Francia, nunca mejor dicho. Ese reivindicar a Hitchcock o a Wilder o a Premminger y a su vez convertirse en abanderados del cine d´auteur más elitista. "Un film de.." ¿cómo que un film de...? Ese film es tuyo y de cientos de personas más que lo han hecho posible.

Con respecto a "El carnicero" puede que ese desapasionamiento del que hablas fuese una marca de fábrica cuando no una pose que a más de uno le voló en su día la cabeza. Más que nada, porque al otro lado del charco tenías a Peckinpah o a Siegel contando historias tan salvajes o más pero de otra manera. Curiosamente, creo que con el tiempo Chabrol acabaría volviéndose más heavy. Ahí están "La ceremonia" o "La dama de honor" para corroborarlo.

En fin, creo que he divagado de más, y para ser viernes igual ya es suficiente.
Abrazos nuevaoleros

César Bardés dijo...

A ver, voy a puntualizar mi punto de vista en varios apartados de lo que comentas.
Para mí, sí, era para tanto. Dinamitaron las reglas del cine convencional y se dedicaron a hacer un cine mucho más espontáneo, menos sujeto a las reglas rígidas de lo que imperaban hasta el momento. Yo no tengo en absoluto ningún odio hacia el movimiento. Creo que Truffaut, Varda, Rivette, Malle eran muy valiosos. Truffaut de niño de derechas tenía bastante poco, el que era de derechas e iba de todo lo contrario era Godard que era hijo nada menos que de un banquero suizo.
En cuanto a la reivindicación con su política de autores...seamos sinceros, revolucionaron la crítica con algo que no se había hecho plenamente antes y era elevar la figura del director como máximo creador de una película que, hasta el momento, se había centrado más en la figura del productor que en la del director. El film...la visión de ese film es la del director y, para crear esa visión, le han ayudado muchisimos más que han colaborado, han aportado ideas y se han hecho o no dependiendo siempre de la visión del director.
En cuanto a Chabrol, no sólo en "El carnicero", sino en muchas de sus otras películas, es el que más se aleja precisamente de la Nouvella Vague. Apostó por un cine radicalmente mucho más comercial y lo "disfrazó" de cine revolucionario. Sus temas son mucho más asequibles, mucho más directos y, desde luego, muchísimo más comerciales.
Abrazos turcos.

CARPET_WALLY dijo...

En mi humilde opinión, creo que ninguno de los dos anda desencaminado.

Es cierto, que la Novelle Vague dinamitó las reglas convencionales y que hicieron el cine más "natural" o espontaneo. No obstante y aunque cada uno de ellos tuvo su propia deriva, el intento inicial de destroyer sólo lo mantuvo el niño bien, Godard, para mi gusto con resultados terribles, salvo "Al final de la escapada" y un poco "Pierrot, el loco". El resto encontró sus caminos y aunque no eran el cine artificioso al que estábamos acostumbrados hasta entonces, fueron derivando en películas cada vez más asequibles al espectador nivel medio (quizá también más educados en ese nuevo cine).

Por otro lado, con lo de cine de autor también hay un poco de autobombo, no solo entre estos jóvenes franceses.
Aclaro. Aunque las películas de Ford, de Huston o de Kazan tenían claros puntos de autoría con visión propia, no necesitaban la autopublicidad para comercializarse. Pero, pongamos el ejemplo actual de Almodovar o de Allen, la gente va a ver su nueva película por su propia aura autoral, aunque lo que hagan reduzca el valor total de la filmografía porque basan mucho de lo que hacen en tics para incondicionales (que las hacen con molde de fabrica, vamos).

Y así se venden otros como PTA o Aranofski o algún otro. "Eh, cuidado, que yo soy un autor, sino te gusta mi película es que no eres de la élite".

Yo también soy muy de Truffaut, algo de Chabrol, un poco de Malle y de Varda (a la que menos he visto) y el resto...cositas, pero menos.

Abrazos debatibles

César Bardés dijo...

Tienes bastante razón. La Nouvelle Vague no sólo dinamitó las reglas convencionales sino que fueron el punto de partida para un buen montón de cinematografías europeas que quisieron imitar sus postulados. Ahí tenéis el "Free cinema" británico, el Nuevo Cine Alemán con los chicos de Oberhausen, e, incluso, el Nuevo Cine Español (de hecho, por poner un ejemplo, ves planos de "La tía Tula", de Miguel Picazo y crees que estás viendo una de Truffaut, además de que temáticamente entronca mucho con lo que él quería contar). Los postulados de Godard fueron radicalmente distintos (y, como bien dices, "Al final de la escapada" es su mejor película, tal vez porque el guión partía de Truffaut y no de él). Entre otras cosas, Godard sí quería ser un autor en sí mismo y se esforzaba por ser ese autor que hizo del plano de dos personas hablando de espaldas a la cámara un sello autoral. Es decir, no sé si me explico. Godard no sólo era un autor de la "Nouvelle Vague" sino que quería ser señalado como autor de la "Nouvelle Vague" (por otra parte, algo parecido a lo que ocurre con esos que nombras, el susodicho Anderson, o el farragoso Aronofsky). Godard, aunque no lo creamos, tiene una larguísima filmografía que, en su mayor parte, se ha tenido que comer con patatas. Recordemos aquella famosa frase de Billy Wilder en pleno rodaje de "Bésame, tonto"
-. ¡Quiero lágrimas de verdad! ¡Como las que caen por las mejillas de los productores de Godard!
En cuanto a lo de la política de los autores...es que estos tipos, en su labor crítica, especialmente Truffaut, Vardá, Malle y Rohmer, describieron y crearon la teoría de la política de los autores porque son los que ven en esos autores unos elementos comunes en todas sus obras en cuanto a temática e, incluso, estilo. Antes de eso, no había un estudio mínimamente serio sobre ello. De hecho, mucho se habla de Truffaut y Hitchcock y tal, pero antes de que Truffaut hiciera su famoso libro, Hitchcock estaba considerado como un "director comercial" y bastante "artesano".. Su aportación en este campo es innegable.
A mi, ya que lo he nombrado,Rohmer también me gusta,aunque "La Marquesa de O", me parece de lo peor. Sus diálogos interminables en algunas de sus películas tienen cierta gracia. En otras, son bastante cargantes.
Abrazos vanguardistas.

dexterzgz dijo...

Ya sabía yo que iba a ser malinterpetado (al final igual resulta que hasta soy el más godartiano de los tres y todo). Tampoco sé si estoy mareando demasiado la perdiz. Lo que yo quería decir es que cada vez me veo menos mitómano (si alguna vez lo he sido) al tiempo que cada vez me cuesta más poner a parir una película porque cada vez soy más consciente del esfuerzo que cuesta sacar algo adelante. No sé, soy una contradicción con patas.

También me sigue sonando peor el "un film de" que el directed by" que expresa yo creo más claramente lo que tú dices, que una película es un conjunto colectivo de esfuerzos supervisadas siempre por una persona. De algún modo, también creo que de estos polvos estos lodos, y esa brecha que en su día abrieron los nueva oleros no siempre ha tenido consecuencias positivas. Si nos quejamos hoy en día de los Andersons o los Arafnoskis de turno quizá sea porque han heredado esas poses "d´auteur" que se implantaron por parte de estas vanguardias. Porque creo que a la vez que reivindicaban a Wilder, Hitch o Lubitsch como autores daban a entender a su público que la cinefilia era otra cosa. Porque, de hecho, nunca ha habido una distancia más grande entre el cine de autor y el otro cine como en los sesenta. En este sentido, me parecen más honestos los tipos del neo Hollywood que en el fondo eran una "nouvelle vague" made in Usa, pero abrazando un cine más popular.

Abrazos divagando

César Bardés dijo...

A mí me pasa al contrario. Teniendo en cuenta que vivimos un tiempo de desmitificación brutal, me agarro a los mitos con las dos manos. Lo de poner a parir una película, te entiendo perfectamente, pero no se ayuda mucho diciendo que todo está, al manos, pasable. Hay películas que son auténticas tomaduras de pelo, que se nos pasa por joyas de "autor" y que no lo son. Es verdad, el público normal consumirá lo que le echen y luego seleccionará qué mierda quiere comer, pero quizá los que hemos visto dos o tres películas tengamos algo de responsabilidad para decir las cosas como son. "Una batalla tras otra" es una mierda como un piano. "Los cuatrocientos golpes" no lo es.
Yo creo que las herencias de la pose de "autor" son un signo de los tiempos. Se encumbra cualquier cosita y se denigra a los que hacen cosas verdaderamente valiosas. Hace mucho, mucho tiempo, que no leo una crítica entusiasta a Eastwood (con la última calló muchas bocas, eso sí).
Y hay algo en lo que no estoy de acuerdo. Dices "los tipos del Neo Hollywood" y sospecho que te refieres a los de "La nueva generación", o sea, los Coppola, Lucas, de Palma, Spielberg, Scorsese o Milius. Si es así, no estoy para nada de acuerdo que sea lo que más se acerque a la Nouvelle Vague made in USA. Si quieres buscar un paralelismo en el cine americano con respecto a la Nouvelle Vague lo tienes en la generación de la televisión, ya sabes, Mulligan, Lumet, Frankenheimer, Mann, Penn y demás. Sobre todo, Penn. Esos son los que más se han parecido, incluso rodando temas que estaban muy alejados de los que preocupaban a la Nouvelle Vague eran bastante cercanos en cuanto a realismos y naturalidades.
Abrazos pijoteros