jueves, 4 de octubre de 2018

EL REINO (2018), de Rodrigo Sorogoyen

Nadie en su sano juicio puede llegar a pensar que alguien se dedica a la política con afán de realizar un servicio público. ¿No es un problema ya ser elegido Presidente de tu comunidad de vecinos? Como para aceptar la dirección de una comunidad autónoma, de una alcaldía o de un país. La razón es tan vieja que casi da vergüenza escribirla. Es la codicia. Y esa razón puede corroer los cimientos de la democracia, de la libertad y del sentido común cuando es tan evidente y tan descarada que ya sólo queda el consuelo de que todos, de una manera o de otra, también hemos ejercido la corrupción.
Sí, porque cuando nos dan el cambio a nuestro favor en cualquier comercio, solemos callar. Cuando hay material de oficina en abundancia en nuestra empresa, nadie va a notar la falta de unos cuantos folios, de unos cuantos bolígrafos y de unos pocos clips. Cuando hay un error en la nómina, el silencio suele ser la coartada más común. Y, desde luego, cuando hay que manejar mucho dinero, el dinero de los demás, siempre hay alguno que piensa que nadie se va a meter a desenredar la madeja de cualquier complicada operación de ingeniería financiera.
Y así la clase dirigente opta por el camino más fácil. Corromperse es tan sencillo como estampar una firma donde no se debe, llevar un libro de cuentas amenazante para que, llegado el caso, se pueda tirar de la manta, pasar por la trituradora unos cuantos documentos delatores o cualquier otra cosa que se nos pueda ocurrir. Y siempre hay un denominador común: cuando salta un escándalo es cuando se empieza a oír con insistencia el ruido de las ratas tratándose de salvar desesperadamente.
No cabe duda de que El reino conecta con las inquietudes más populares, tratando de ofrecer un retrato del poder absoluto que corrompe absolutamente. Sin embargo, en algunos momentos, resulta algo confusa, escondida en su aspereza farragosa, tratando de situar al espectador en un escenario que muy pocos pueden imaginar y pasando con rapidez algunos tragos para que nadie pueda pensar en la trampa implícita de los cabos sueltos. A pesar de ello, la película contiene indudables virtudes y la primera de ellas es el trabajo esforzado y versátil de Antonio de la Torre en el papel protagonista y la segunda, no menos importante, es que huye del maniqueísmo de hacernos creer que unos son muy buenos y otros son muy malos destapando que, incluso, la prensa que ataca repetidamente al partido de turno también está movida por los peligrosos hilos de la codicia disfrazada de ejercicio de investigación riguroso.
El director Rodrigo Sorogoyen menea la cámara con cierto nerviosismo, a veces, innecesariamente. Tal vez porque persigue un estilo documental tratando de seguir la peripecia de ese hombre que decide arrastrar a todos con su caída después de ser considerado propicio para la sucesión. En cualquier caso, hay secuencias brillantes, que definen al personaje con agudeza convirtiéndose en momentos álgidos de una trama que va enredándose con espinas y que nos introduce en el ambiente de chulería sin escrúpulos, propia de traficantes de heroína, en el que se mueven muchos de nuestros políticos, vagos sin utilidad que adoptan la forma de parásitos sólo para arrojar, como lobos del IBEX 35, su sentimiento de superioridad contra millones de trabajadores que ganan lo justo para llegar a fin de mes. Y no dejan de ser ratas ruidosas que corren despavoridas cuando se descubre que se han comido el queso de los demás.

15 comentarios:

dexterzgz dijo...

No he visto todavía la película por lo que, de momento, solo puedo hablar de mis miedos o prejuicios ante ella. Como nos hemos hartado estos días de ver promociones del film, citaré una de las entrevistas a De la Torre, un chico que me cae especialmente bien, y que apuntaba lo que tú dices de la falta de maniqueismo de la película. Podría decirse que a ver qué iba a decir el pobre De la Torre en plena promoción, pero en este caso sus palabras sonaban a verdad.

Lo que más temo de la película es su falta de sutileza, algo que yo creo que también iba en detrimento del anterior trabajo de Sorogoyen. Sobretodo, al tratar de temas en los que entra en juego nuestra propia moral. Yo te confieso que siento un orgullo especial cuando un dependiente me da mal las vueltas y le digo que se ha confundido y que me ha dado de más, pero también te confieso que me he llevado algún sobrecillo de azucar de la máquina de café de la empresa.

También me han comentado que el final de la peli estropea un poco el conjunto, pero esperaré a verla para juzgar con más criterio.

ABrazos en B

César Bardés dijo...

Habría que hacer varias puntualizaciones.
Lo primero, un consejo: hay que ir con la mirada un poco virgen. Es evidente que Sorogoyen se mira en la realidad y refleja lo que es la corrupción dentro del Partido Popular (por mucho que él haya dicho en varias entrevistas que no hay reflejo real), pues hay situaciones que te son conocidas y personajes que también lo son. Por ahí anda Cospedal, Correa, etc, etc. El consejo es ése. Olvídate de que es el Partido Popular. Yo la vi con esa intención. Ni ése, ni ningún otro porque, en el fondo, sabemos a ciencia cierta que son todos y así la película gana en su visionado.
Por otro lado, la falta de maniqueísmo se pone en evidencia, precisamente, por el final de la película, que también se dedica a dar un cachetazo en la cara a cierta cadena televisiva y, en concreto, a cierta presentadora-periodista.
El principal defecto de la película es que, en realidad, nada se dice a las claras. Sabes que hay un fraude, pero no sabes muy bien en qué consiste. Y, desde luego, no es una labor de investigación. Es el intento de un hombre por arrastrar a todos los que pueda en su caída.
En cuanto a la corrupción de cada uno...bueno, he puesto esos ejemplos pero podía haber puesto cualquier otro. Sí, he pagado facturas sin IVA (por una cuestión de amistad, más que nada). Por supuesto, he devuelto cambios siempre que me he dado cuenta. En otros casos, es verdad, no he dicho nada pero porque no me di cuenta en el momento y volver (estoy pensando en un caso en concreto) a Navarra para devolver el dinero al comerciante en cuestión tampoco lo veo dadas mis posibilidades, de todas formas es algo que me ha ocurrido en muy contadas ocasiones. Sí, durante el servicio militar me llevé folios, y hasta usé la fotocopiadora para unos apuntes de la facultad. En realidad, estoy lleno de podredumbre.
Bueno, ve la película y luego ya comentamos, que no te quiero destapar nada.
Abrazos con ceros, muchos.

CARPET_WALLY dijo...

Pues estoy de acuerdo en que hay que ver la película virgen, así que te pido Dex que no leas mi comentario hasta que la veas.

Lo primero que voy a decir es que, aunque tenía bastantes ganas de ver la película, me echaba un poco para atrás que fuera una especie de monográfico de la Sexta (yo si menciono la cadena) sobre un corrupto y sus tejemanejes. Mi mujer estaba también con esa sensación y me proponía otros films que en principio fueran más "divertidos". Cuando acabó, estábamos muy contentos de haberla visto, nos encontramos con algo muy distinto. Y si has llegado hasta aquí, Dex, deja de leer.

Por mucho que se diga que es un retrato de la corrupción en España en realidad es un thriller. La corrupción es el Mcguffin para contarnos las tensiones del protagonista por encontrar una salida a su delicada situación, una situación que se va convirtiendo en un callejón sin salida, con una huida hacia adelante como única y cada vez más peligrosa opción. Y así el personaje principal, grandísimo Antonio de la Torre, se convierte en nuestro "héroe", le acompañamos en su aventura, queremos que logre su objetivo (quizá no para conseguir salvarlo como él persigue, sino porque queremos que caigan todos los que hay detrás). No es acusado intentando demostrar su inocencia de las películas clásicas, es el culpable que no quiere ser el único que pague las culpas.

Como bien dices, Lobo, el ambiente es propio de traficantes de heroína y de hecho la película nos habla de la corrupción, pero podría ser de una banda de narcos o de estafadores profesionales. Da lo mismo.

Estoy de acuerdo en que la trama corrupta es confusa, en el fondo es que no juega un papel importante que sepamos más o mejor cual es el caso Persica o Perica o como se llame. No nos importa, nos vale ver quien, como y hasta que punto estaba implicado. Exs posible que Alexander Payne se haya quedado un poco fuera de juego al ver la película, los españoles estamos más familiarizados con el tema y vale que nos lo insinúen para que entendamos de qué nos hablan y quien es quien.

Si es cierto lo de la cámara nerviosa de Sorogoyen en varios momentos, aunque aquí creo que ayuda a sentir la desazón del protagonista, es verdaderamente incómoda. También bien la huida del maniqueismo aunque lo de todos somos corruptos es algo demasiado evidente, en una escena muy exagerada. Me pareció más inteligente lo que comentó el propio e la Torre en una entrevista (no es literal): No nos engañemos, los políticos somos nosotros. Les votamos, a los honrados, que los hay, y a los corruptos que también debe haber alguno sabiendo en mucho casos lo que hacen y lo que dejan de hacer. Queremos pagar menos impuestos, hacer un sinpa, escaquear un cenicero en un hotel y...ver pasar dinero sin mancharse pasa más por el miedo a que te pillen que por la verdadera ética personal. Todas las cosas, incluso la corrupción, tienen explicación aunque no tengan justificación.

Yo creo que tiene mucha razón. No creo que jamás me hubiese pringado como han hecho tantos, pero no pondría la mano en el fuego ni por mi mismo, a veces hacerse a un lado es quedarse fuera y si pones la mano una vez, es muy difícil sacarla .

Y sobre el final, a mi me parece un acierto. Era muy difícil acabar la película con un cierto sentido y así quizá sea una de las maneras menos malas que se me ocurren.

Para mi un 7 bien conseguido

Abrazos con carabineros

César Bardés dijo...

Pues básicamente estoy de acuerdo de nuevo en todo lo que dices, tanto respecto a la película como a su vértice "offshore". Desde luego, pienso que el trabajo de Antonio de la Torre es espectacular y que la película, al convertir en "héroe" a un tío que, en realidad, es culpable sin remisión y lo único que quiere es arrastrar a todos en su caída, resulta, cuando menos, atípica.
En cuanto a lo de la cámara. Estoy de acuerdo parcialmente. Creo que Sorogoyen acierta totalmente cuando realiza esos planos a la espalda de Antonio de la Torre, siguiéndole de una manera, casi, angustiosa. Sin embargo, sí que creo que, en alguna que otra ocasión, se pasa un poco con el temita porque hay momentos en los que no se ve absolutamente nada (o es que mi retina se está poniendo muy vaga y no es capaz de descifrar con claridad lo que pasa. Un ejemplo de ello es la comida del principio, mareante a más no poder).
Cierto es también que esa panda de ratas se mueven, piensan, padecen y reacciones como auténticos traficantes de droga aunque ellos crean que no es así. Angustiosa me parece también la escena (cuán bajo puede caer un tío) en la que se esfuerza por recuperar las agenditas en cuestión.
Y, mirándome hacia adentro y con el corazón en la mano. Sé que la política es pura ambición, todos quieren subir, trepar, llenarse los bolsillos, aparentar que son cuando son basura y demás y que, desde luego, es muy difícil resistirse a la tentación de meter la mano al baúl lleno de dinero...pero creo, sinceramente, que yo no lo haría. No soy Serpico tampoco y, tal vez, mi natural discreción optaría por ver el percal y salirme del juego sin decir ni pío de lo que he visto y oído. Claro que también he repetido mil veces por activa y por pasiva que, en caso de que me tocara una Primitiva, harto difícil ya que no juego, tampoco variaría demasiado mi estilo de vida porque se enterarían muy, muy pocos. Llenaría agujeros, sin duda, trataría de vivir con comodidad, sí. Pero mi primera reacción no sería comprarme un Porsche, trasladarme a un casoplón en una urbanización de lujo, ni marcharme a un crucero de ensueño por las aguas más cristalinas del planeta. De eso, ni hablar.
Verás, ahora me toca lo que sea y hago lo contrario.
Buen análisis.
Abrazos con traje y corbata.

Unknown dijo...

¡Buenas!

Así, recién salido como el que dice, aún en caliente, posiblemente la mejor peli que he visto este año.
Soberbia, no deja títere con cabeza. Enorme trabajo actoral en general. Antonio más allá del simple elogio. Bárbara Lennie me gana con esos tremendos minutos finales. Lo de Luis Zahera, no tiene nombre: ese momento del balcón es sublime y José María Pou podría hacer de maceta parlanchina, que me lo creo (por no decir, el espectáculo que es verlo en el teatro).
A mí, el final me parece todo un acierto, ese desenmascaramiento entre ambos es un acierto de pleno.
Y claro que sabemos de lo que habla, se hace alusiones a cierta geografía, aparece unos personajes muy parecidos a los reales, fechas, alusión a determinado festival de música muy famoso de la zona, pero lo interesante es que Sorogoyen intenta globalizar ese problema, intenta hacernos ver que es un problema de quien ostenta el poder y no solo un partido político.
En cuanto a la cámara nerviosa, no soy nada amigo de ella, me encanta un plano fijo más que a un tonto un lápiz, pero acá no me ha incomodado especialmente e incluso lo he visto hasta justificado, de alguna manera refuerza aún más el estado de creciente nerviosismo de nuestro prota. Las dos escenas de auténtico suspense están cojonudamente filmadas, y en una de ellas en especial, el aire se corta con un cuchillo.
Efectivamente, el filme está articulado en clave de thiller. No me ha parecido nada mal, y es curioso como terminas empatizando con un tío que al principio te da un asquito que no veas. Por cierto, el principio me parece espléndido.
En definitiva, yo salí encantado y sigo en ello.
Saludacos.
NOTA: Pusieron el trailer de la nueva de Carlos Vermut, ¡pinta bien! ¡Qué ganas le tengo!

César Bardés dijo...

Estoy muy de acuerdo con el trabajo, enorme, que desempeñan todos los secundarios, Bárbara Lennie, José María Pou, incluso Nacho Fresneda que me parece un actor sin muchos recursos está muy bien. Mención aparte, efectivamente, merece Luis Zahera que está enorme, especialmente en la escena del balcón (y Antonio diciéndole a todo que sí).
Yo creo que la clave de la película la has definido perfectamente: "Sorogoyen intenta globalizar el problema, intenta hacernos ver que es un problema de quien ostenta el poder y no sólo un partido político". Sí, señor, ahí está la clave de las intenciones de Sorogoyen. ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque si no se está en el poder, no se tiene la oportunidad. Y quien se ve en él, lo hace porque esos trenes sólo pasan una vez en la vida.
Vuelvo a decir que la cámara nerviosa lo veo justificado, pero que a veces se pasa. Lo de la comida no tiene sentido que sea todo el rato para allá y para acá, entre otras cosas porque todavía no ha pasado nada y sólo nos está describiendo a una serie de sinvergüenzas que están comiendo a base de carabineros y que se comportan como auténticos chulos de putas. Incluso la conversación de Pou y de la Torre en el baño está muy nerviosita cuando es un momento de "impasse" en la comida en el que Pou hace ver sus intenciones con el otro.
Se puede suplir esa intención con un montaje más ágil (y se puede hacer sin ningún problema) y, desde luego, en muchos pasajes de la película, la cámara "nerviosa" está justificada, pero no en algunas otras.
Buen análisis también.
Saludos.

CARPET_WALLY dijo...

También de acuerdo en lo que tu dices, incluso en lo de la lotería ( no en lo que tu harías sino en que probablemente hagas todo lo contrario, jajaja, es broma).

Es cierto lo de la comida inicial, no entiendo porqué está rodada así, es tan confusa que luego hasta cuesta reconocer a algún personaje y lo que dicen y porqué. Tampoco el sonido ayuda en esa escena y lo que es peor, creo que se queda muy corta de intenciones. En el momento del "todo va bien" y el "no nos van a pillar", se supone que deben vivir en un aquelarre de despilfarro (así nos hemos enterado que pasaba en la realidad), pero eso no aparece en ningún lado, el único lujo son unos carabineros en un local un poco chusco que tampoco es que sea la leche. Ni siquiera lo del yate, que según parece es propiedad del empresario con lo que no identificamos tampoco como el colmo del despiporre. De hecho, ¿cuales son los lujos de De la Torre? ¿una buena casa? parece que está bien y tienen criada, pero cuando le detienen vemos que es una urbanización de pisos, ni siquiera un casoplón con jardines (sólo Jose Maria Pou tiene algo que parece de otro nivel).

Sabemos que tienen dinero, incluso en el extranjero, porque hay que gastarlo en la investigación, pero cuesta creer que uno se pringue mucho y no viva por encima de las posibilidades. Ningún lujo en su mujer (aunque parezca una señora bien, probablemente de buena familia) ni en su hija, ni cochazo...Quizá la intención sea decirnos que los mindundis siempre lo serán y que nunca se harán realmente ricos con sus trapicheos.

Si, la escena de Andorra también con cámara nerviosa es realmente angustiosa, muy bien llevada la tensión al espectador que se implica absolutamente con la trama, aun despreciando la ruindad en la que cae el protagonista. Algo un poco peor resuelta la escena posterior, necesaria, pero bastante poco convincente (el "accidente"), por lo que hemos visto cuesta creerse al tipo resolviendo así la situación.

Y otro aspecto relevante que tampoco se ve, quizá con intención porque si no el film hubiera tenido que ir por otro lado, es las reacciones de los enemigos políticos. Otra lacra, no se si sólo española, la de morder al contrario herido para que nadie mire debajo de nuestra alfombra. O su vertiente "y tu más" como defensa pública que tampoco se utiliza en el film. Es cierto que eso hubiera sido hacer una película política y no creo que eso fuera la intención de Sorogoyen.

Buenisima me parece la escena del registro y los pendrive.

Abrazos nadando hasta la boya.

César Bardés dijo...

Es que precisamente lo que consigue es un aire de confusión cuando su pretensión es la que apuntas. Es el momento del "vivimos de narices" y "no nos van a pillar". Lo del local un poco chusco quizá, en el fondo, es un poco deliberado porque, como bien dices, los mindundis siempre lo serán y, es más, son una serie de granujas que creen que tienen clase por hacer lo que hacen y tienen menos que un quinqui.
Lo del yate (por ahí aparece Feijoo de fondo) creo que vuelve a incidir en lo mismo de "mira cómo se divierten los puñeteros ladrones" porque, sinceramente, ni rico, ni rica, a mí me llevas a navegar con un yate y pones la musiquita y una copa...y qué quieres que te diga, prefiero nadar un récord de 20 millas a mar abierto, me divierto más.
Cierto lo de las casas. Viven bien, cosa que, de todas formas, pasa porque sus sueldos no son propinas, pero no hay un exceso tremendo de lujo, aunque sí en el caso de Pou con una casa de ensueño (me da a mí que los dueños no les dejaron rodar en el interior e improvisaron la escena en el jardín).
Lo del "accidente". Esa escena es muy rara, es como una especie de oasis en el desierto que no pega nada con el resto de la película. Desde luego, es difícil de creer por cómo nos han diseñado al personaje hasta ese momento y parece más una concesión a dar un respiro "angustioso" con algo de acción de por medio. Es muy extraño.
Claro que, deliberadamente, Sorogoyen no incluye la reacción de los enemigos políticos. Creo que ahí se hubieran desdibujado sus intenciones y a mí me parece bien. Al fin y al cabo, también pretende trasladar la tremenda tensión que se genera dentro del propio partido cuando se pringa a uno que puede implicar a muchos otros.
Es excelente la escena del registro y cómo él, con toda naturalidad, trata de esconderlo. También es muy curioso el papel de la mujer porque se da a entender, de alguna manera, que ella también ha estado en el partido (es muy posible que se hayan conocido dentro de la actividad política) y cómo, en realidad, ella tiene más sangre fría que él. Enorme la escena del encaje de cuando empiezan a desglosar dónde se ha gastado el dinero el susodicho.
Abrazos angustiados.

Anónimo dijo...

He leído muchas críticas y comentarios sobre esta película y lo que más se destaca en cuanto a aspectos negativos es su final aunque también hay gente que lo defiende. A mi juicio creo que no está nada mal que se le de un toque al espectador pues el discurso va dirigido al público y con ello poder reaccionar para no dejarnos llevar por lo que nos cuentan los medios y lo que nos cuentan unos políticos y otros, hagámonos una opinión propia y contrastemos la información que recibimos en el día a día. En El Reino todo lo que se cuenta no es visceral, es real y no creo que haya intereses más allá de lograr una película digna y entretenida, honesta, de un equipo profesional que le gusta hacer cine y saben hacerlo.
Otro aspecto polémico es la música que también la veo acertada porque da sentido a todo lo que se cuenta, este tipo de música, guste o no guste, remite a la situación que pasa el prota, a un tipo de vida acelerado, a una carencia total de reflexión, a actuaciones impulsivas sin ver más allá de uno mismo, incluso a, como he leído por ahí, que puede ser una alusión a la ruta del bakalao y toda esa movida desquiciada que se vivió en parte de la costa mediterránea. Pero para gustos no hay nada escrito y tener contentos a todos es imposible. El Reino es en mi opinión una gran película, es Cine puro.

César Bardés dijo...

Ya he dicho que a mí el final no me parece mal. Es bueno, como bien dices, ese toque al espectador para que piense, saque sus propias conclusiones, intente extraer la parte más "sincera" de la noticia, contrastemos con otros esas conclusiones, busquemos información, no nos quedamos pasmados con lo primero que nos dice una cadena televisiva, sea cual sea.
Por otro lado, yo sí creo que es una película muy visceral y eso no tiene por qué dejar de ser real. Ahora bien, deslizas un adjetivo con el que estoy muy, muy de acuerdo y es el de "película honesta". Tienes toda la razón del mundo y más. Hay honestidad en este cine, hecho por gente que quiere contar algo, con profesionalidad y con distancia (algo muy importante).
En cuanto a la música, ahí voy a discrepar levemente. A mí, en sí misma, no me parece mal. Lo que me parece es muy machacona. Se repite hasta que no puedes más. Comprendo la decisión (ya hemos dicho por aquí varias veces que la dirección de una película no es más que una opinión) de querer multiplicar la sensación del protagonista a través de esa música electrónica, algo atónita y bastante angustiosa. Ahí, de acuerdo. Pero podría haberla variado un poco más, haber hecho, por ejemplo (y sólo estoy poniendo un ejemplo que puede ser tan discutible como su elección) que la melodía fuera cambiando sutilmente según avanza la acción, ofreciendo algo diferente a la repetición sistemática del mismo sonido (casi no se le puede llamar canción, es una conjunción de ritmos) una y otra vez. Pero ya digo que esto es algo perfectamente discutible desde la óptica de un crítico que también se equivoca muchas veces.
Yo no diría que es una gran película. Diría que es una buena película. Y aún así, también resaltaría que es honesta, como muy bien has hecho notar.

dexterzgz dijo...

Quizá es que fui a verla con los prejuicios en la cabeza que te comentaba el otro día, lo cierto es que a mí la película me ha dejado bastante frío, me parece entretenida sin más, y aunque no desdeñable del todo se le podía haber sacado más jugo. Creo que se queda un retrato bastante superficial de la corrupción política, y quizá tenga como handicap que tiene unos referentes reales muy cercanos. No sé, para mí es una película que tiene más recorrido sociológico que cinematográfico.

Y eso que te hice caso, y me olvidé de que era el Partido Popular. Es más, creo que la película funciona más cuando se pone el traje de "thriller", y en este sentido el final - tan temido como te comenté- no me pareció nada mal. En cierto modo, creo que la película sale mal parada si la comparamos con, por ejemplo, "El hombre de las mil caras" que abordaba igualmente el tema de la impunidad política con el añadido de que aquella película no se basaba en referentes sino directamente en hechos reales.

Tal vez creía que la cosa iba a ir de otro palo. Me resulta extraño que la peli empiece "in media res", con los fulanos ya montados en el dólar y que no se nos explique, no ya los asuntos turbios en los que están metidos, sino el momento en el que se atrevieron a cruzar la línea. No se entienden muy bien las relaciones entre los personajes, y así escenas como aquella en la que De la Torre irrumpe en plena noche en el loft andorrano resulta poco creible. Y a pesar de ser impactante, y ofrecer una solución válida por tanto, el final con Barbara Lennie plantea también un interrogante, y echo de menos que Sorogoyen no se moje un poquito. De la Torre está fantástico, pero no menos fantástica está Ana Wagener con un personaje muy jugoso que para mí desaparece muy pronto.

Abrazos en el balcón

CARPET_WALLY dijo...

No coincido contigo, Dex. Quizá la cuestión es que tu estás pretendiendo ver una película sobre la corrupción y en ese sentido si que queda muy desdibujada porque no se explica casi nada de las tramas ocultas y yo, como ya comenté (puedes leerlo ahora que ya has visto la peli), veo que la corrupción es el Mcguffin de un trhiller, una variación del trema del falso culpable, en este caso un culpable real que lucha por no el único culpable.

No entra en las relaciones, ni en los motivos de las decisiones porque Sorogoyen no busca juzgar a los corruptos, los considera tan culpable como cualquiera de nosotros y no quiere incidir en justificaciones o explicaciones de sus actos. Su intención es muy diferente.

"El hombre de las mil cara" es otro palo, es el hombre que utiliza la maquinaria corrupta para su propio beneficio, el que mueve hilos y el que no da puntada sin hilo, es la historial (real) del más listo, no la ficticia de los tontos que se creen por encima del resto.

Abrazos con libretas

César Bardés dijo...

Yo es que creo que la intención de Sorogoyen no es hacer un retrato de la corrupción política, sino un retrato de la corrupción de las personas, en general. Lo que pasa es que, al ser políticos, lo tienen más fácil, es más sencillo adentrarse por tramas financieras de muy difícil resolución. Por eso, por lo general, desprecio bastante cualquier opinión de lo que es y de lo que no es (estoy hablando de política, no de cine), porque las operaciones de ingeniería financiera no son fáciles de descifrar y aquí hasta el más mindundi de turno tiene un máster en financiación económica para poder decir que esto es así y de aquella manera y hasta te dicen que eso es ilegal cuando no lo es, aunque sí puede ser poco ético. No es el caso de lo que nos describe esta película. Lo que hacen es ilegal. Lo sabes. Sabes también que les van a pillar y que van a pasar por el calvario de la opinión público, de llevar durante buena parte del resto de su vida la etiqueta de "ladrón y chorizo", de perder el chollo que ha hecho que entre el dinero a espuertas, de no seguir con el tren de vida (incluso el protagonista que es bastante mesurado, tiene un tren de vida que ya quisiéramos el resto de los mortales), y de perder esa capacidad de intimidar con sólo una mirada y unos cuantos gritos (que eso se le des da de maravilla, y no sólo a los políticos).
Estoy de acuerdo con Carpet de que la película parte de la fórmula del falso culpable, sólo que el falso culpable no es falso, es verdadero. Y de lo que trata por todos los medios es de arrastrar a todos en la caída. Y, es más, un detalle que me llamó muchísimo la atención. Está dispuesto a arriesgar todo su patrimonio personal para lograrlo. Es decir, el tipo va a denunciar, va a ser procesado porque tiene su mordisco en la trama y va a perderlo todo. Ése "y va a perderlo todo" es lo que impide que muchos tiren de la manta completamente, porque no sólo no van a poder seguir llevando su tren de vida, sus vacaciones en Baqueira, sus comilonas de carabineros (a mí me han llegado a contar cómo un ministro, no voy a decir cuál, se dedicaba a ir a un restaurante de lujo de Madrid para tirar los carabineros al suelo y patinar sobre ellos, porque eso era muy divertido). Sorogoyen también acierta al ahorrarnos los detalles más sórdidos (sabemos que el protagonista se ha gastado una pasta en tugurios de prostitución para pasárselo bien. También sé de periodistas y políticas a los que le gusta jugar al impávido con alguna que otra famosa debajo de la mesa), y aún así, también consigue que tengamos algo de simpatía por éste fulanito que está a punto de llegar a la cima.
Estoy de acuerdo en que, puestos a comparar, quizá me gustó más "El hombre de las mil caras", pero también estoy de acuerdo en que es una película que va de otro palo. Un miembro del sistema, que no un dirigente, trama una venganza contra el Estado que le ha engañado después de haber hecho tareas realmente sucias de espionaje e infiltración. Es, en el fondo, la historia de uno de esos "fontaneros" que hablan en "El reino".
Cierto es, Dex, y yo lo digo unos cuantos comentarios más arriba, que echo de menos un poquito de más explicación sobre qué es lo que han hecho, cómo se han visto involucrados y, como bien dices, en qué momento y por qué deciden traspasar la línea. Pero Sorogoyen pretende que sigamos la angustia del protagonista, ésa es la verdadera historia. La angustia. Y también cómo debe bajar los escalones más bajos de la humillación con tal de conseguir que todos esos chulos paguen con él.
Abrazos con pen.

Unknown dijo...

Hola,

Cito: "A mí me han llegado a contar cómo un ministro, no voy a decir cuál, se dedicaba a ir a un restaurante de lujo de Madrid para tirar los carabineros al suelo y patinar sobre ellos, porque eso era muy divertido."

¡¡Qué asquito de mundo!!... y todo eso, mientras hay familias que no llegan a final de mes y no tienen ni para comer, mientras hay personas mayores que no pueden poner la estufa aunque se mueran de frío porque no se lo pueden permitir, mientras hay gente que muere de cáncer y otras terribles enfermedades porque recortan en investigación, mientras hay niños y jóvenes que por una mala educación por culpa de los recortes vayan a tener casi hipotecadas sus vidas, etc, etc....¡¡qué desprecio más grande por el prójimo!! ¡¡Qué mundo más feo!!

Saludos.

César Bardés dijo...

Me lo dijo el chef de ese restaurante, que, por aquellas casualidades de la vida, era padre de una buena amiga. Luego el señor se salió y puso su propio restaurante en nuestro barrio. Lamentablemente, falleció no hace mucho.
Por supuesto que es un asco de mundo. Siempre he dicho que una de las peores plagas de la Humanidad son esos "nuevos ricos" en los que se puede meter a políticos que llegan a puestos de responsabilidad o ejecutivos de "alto standing" que triunfan porque la vida les ha llevado por ese camino. Todos ellos pecan de arrogancia (bastante irritante) y, cegados por las ganancias, comienzan a gastarse el dinero en puros vicios que no hacen más que humillar al resto de la Humanidad. Son esos que dicen "mientras quien haya que no se entere, que el cuerpo no lo pase mal" y, a pesar de su estatus social (más burgués que otra cosa, sea cual sea su tendencia política), se mean en todos los demás...por supuesto, pensando en el pueblo.
Saludos.