miércoles, 22 de diciembre de 2021

EL PODER DEL PERRO (2021), de Jane Campion

 

Entre las obsesiones de la directora Jane Campion se encuentra esa descripción de personajes que se hallan desubicados, que pertenecen a otra época y, quizá, a otro lugar y que tratan desesperadamente de adaptarse a las circunstancias que rodean una vida que, por lo general, suele ser un reflejo de frustración, de soledad, de conciencia de ser diferente. En esta ocasión, las lejanas colinas de Montana parecen erguirse con orgullo para convertirse en la prueba definitiva para quien tiene la mirada en la piel.

Así, pues, en un universo reducido de polvo, reses y órdenes preestablecidos, se hallan estas personas que tratan de hacerse un hueco en la felicidad. Uno de ellos, no obstante, ya lo es y no acepta fácilmente ningún cambio. Tiene su parcela de poder, su compañía permanente, su experiencia contrastada. Y todo eso se pondrá en peligro cuando una forastera venga a ocupar un lugar primordial en la estructura de mando de un rancho en el que predomina el olor a sudor masculino. A partir de ahí, se desencadena una guerra oculta, en ocasiones muy sugerida, por arrebatar las posesiones del rival. Y el deseo en la piel puede más que cualquier otro tipo de cuidado.

Jane Campion, para contar esta historia, cuenta con la inestimable colaboración de Benedict Cumberbatch, enorme una vez más, moviéndose con maestría dentro de los más variados recursos, de Kirsten Dunst que ya está dejando atrás su brillo casi juvenil y deja ver el sufrimiento de los años, de Jesse Plemmons que, con un personaje que no acaba de trazarse con precisión y que tiene pocas oportunidades para el lucimiento, opta por la sobriedad y la auténtica serenidad que impide que una palabra sea más alta que la otra. Estos tres intérpretes, ayudados por la juvenil inteligencia de Kodi Smith-McPhee, agarran a sus personajes por el cuello y les obliga a sumergirse en sus miserias, en sus errores, en sus miedos y en sus tremendas limitaciones hacia unos sentimientos que oscilan entre el enfrentamiento y la decepción, entre la repentina caricia y el previsible desahogo del insulto. El resultado es una película delicadamente rodada, a la que sólo se le puede colocar el reparo de alguna transición demasiado repentina en el comportamiento de algunos caracteres, pero que no deja de tener una capa escondida e inevitablemente interesante bajo su apariencia ganadera.

Las pieles se ponen a secar al sol, sin curtir, sólo para quemarse sin remedio. La soga se seguirá trenzando para que el deseo sea el móvil de algo que llegará a ser impensable. El perro espera, con sus lomas hendidas en la tierra, haciendo que las leyendas se olviden en una época que ya se acaba. La fotografía de Ari Wegner es una apuesta segura para trasladar las reses hacia el beneficio y sorprende la aparición de un viejo amigo como Keith Carradine. Mientras tanto, la madera soltará astillas, la atracción será un conejo que hay que cazar y las sombras se alargarán a la caída del atardecer mientras se madura el siguiente paso. Sólo la muerte podrá aclarar el dilema. La botella dejará de tener respuestas. Y el deseo en la piel será el cebo perfecto. El rencor, ya se sabe, siempre espera su momento perfecto, con paciencia, sin afectación, sin ninguna escena de más, con toda la verdad secada al sol. Y la mirada se perderá en el horizonte, tratando de no perder de vista ninguna cabeza, atenta a los detalles, afinada con la inteligencia, implacable a través de la decisión. Y el sudor masculino se transformará en el agua de la muerte. 

2 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

Pues estoy bastante de acuerdo con casi todo lo que dices. Creo que los interpretes están algún punto por encima del ritmo del film y son los que hacen que mantengas el interés cuando la paciencia parece que se te acaba.

No me gusta la Campion porque es lenta, no me gusta que me fragmenten siempre las historias, no me gusta que se escuchen más silencios que palabras...pero hay veces que el todo se impone sobre los defectos y consigues saborear el polvo, el sudor y la envidia, el odio y el egoísmo.

Me parece una película de bastante nivel y eso que Bennedict parece jugar a imitar a Crhistian Bale e varios momentos del film. Superado al original, claro.

Abrazos tocando la armónica

César Bardés dijo...

Pues sí. Creo que la película la llevan en volandas con la interpretación de los cuatro principales aunque sea,en todo caso, algo muy introspectivo. Es cierto que la Campion, aquí, peca de lentitud, en ocasiones, algo excesiva. Cuando, al final todo cuadra, te das cuenta del gran castillo de naipes que ha estado construyendo a lo largo de toda película.
Cumberbatch tiene una virtud por encima de Bale y es que siempre es sobrio, incluso cuando no lo es. Al menos, hasta ahora. No ves girar tanto los engranajes. En Bale, a veces, eso es escandaloso.
Abrazos sin soga.