Puede que, de alguna
manera, se nos haya creado con la virtud de conectar con otra alma. No es muy
común, desde luego, pero quizá dos hermanas gemelas puedan poseerla. Una de
ellas muere mientras intenta acondicionar una especie de antigua granja que,
sin lugar a dudas, tiene su encanto. La otra, ciega y experta en antigüedades,
sigue experimentando una cierta conexión con su hermana. Quizá una vez que ha
pasado un tiempo prudencial, sea el momento de remover la ciencia de lo oculto
para sacar a la luz la verdad de lo que pasó.
Así pues, tenemos
algunos elementos que parecen bastante atractivos, aunque estén narrados con
una austeridad casi enfermiza. Una especie de mansión, una muerte violenta y
una conexión con el más allá por parte de una experta que sólo desea descubrir
qué es lo que pasó aquella noche en la que su hermana estaba haciendo un par de
chapuzas en la casa y fue brutalmente asesinada. Poco a poco, se va sabiendo
algo de aquí y de allá. Un extraño intentó avisarla en la casa y fue quien acabó
siendo inculpado del crimen, pero no todo acaba ahí. La extrañeza se instala en
cada uno de los rincones de esa casa restaurada y el marido cree que todo es la
típica tontería, basada principalmente en la sugestión, de una hermana ciega
que cuenta historias que hacen que el escalofrío sea el plato principal de la
cena.
Y es que en ese vacío,
en ese espacio extraño que se genera en la casa, se hallan todas las
respuestas, que irán desfilando una a una por el incauto espectador. No estamos
ante una película de sustos, aunque haya un par, sino que es una de esas que
ponen los pelos como escarpias, levantando oleadas de estremecimiento, haciendo
que la rutina cobre movimiento en la oscuridad, como si lo normal, no lo fuera
y, por supuesto, sobrecogiendo con algunas presencias que apenas se intuyen,
pero que se sienten en el silencio de esa casa que no tiene música, ni charla,
ni comodidad entre la gente que la habita.
Dirigida con sencillez por Damian McCarthy en su segundo largometraje como director, e interpretada con cierta eficacia por Carolyn Bracken en su doble papel de las dos gemelas y por Gwilym Lee, que encarnó espléndidamente a Brian May en Bohemian Rhapsody, esta película resulta una sorpresa porque mantiene las premisas en todo momento, te va descubriendo secretos de acontecimientos pasados según va avanzando la trama y no decae al final, algo muy difícil de ver en los tiempos que corren dentro del cine de terror. El resultado es una película notable, que lleva el escalofrío dentro, que exige su dosis de atención, pero también golpea con inusitada contundencia aunque haya dos o tres flequillos que no están del todo resueltos. Yo que ustedes, si deciden verla, haría lo siguiente: encendería la luz, la vería acompañado y abrazaría con fuerza algún cojín si su pareja está acurrucada en un lado del sofá. Por algún sitio hay que desahogar esta historia de muerte, creencia, más allá y maldición.

No hay comentarios:
Publicar un comentario