jueves, 26 de marzo de 2026

AMARGA NAVIDAD (2026), de Pedro Almodóvar

 

No todo lo que escribe alguien que ha llegado muy alto en los terrenos de la creación tiene que ser necesariamente genial. En esos caminos inescrutables del escritor o cineasta, a veces se empieza hiriendo el papel con unas cuantas palabras y se acaba armando una gran historia. En ocasiones, ocurre lo contrario. El mismo autor cree que está haciendo algo que merece realmente la pena y realmente da pena. Las posibilidades de un argumento son infinitas y se piensa que es apasionante cuando resulta que es desilusionante. Perdonen tanto juego de palabras, pero es que cuando se pone en marcha una película con un reflejo entre realidad y ficción siempre parece que la realidad pierde y se empieza a jugar con la mediocridad.

Por un lado, tenemos a un director de prestigio que lleva unos cuantos años que no hace nada que aumente su prestigio salvo ir a recoger un premio allí, acudir a un homenaje allá y dar unas cuantas charlas sobre lo que hizo, lo que dejó de hacer y lo que pretende hacer. Al otro lado del papel, asistimos a la degradación por la culpabilidad de una mujer que también ha dirigido un par de películas y que está sucumbiendo a repentinos ataques de ansiedad que, por supuesto, sólo puede calmar a través de pastillas de potencia consumada. En este lado de la escena, podemos intuir a un director como Pedro Almodóvar que quiere sondear en los abismos de la creación y pone en juego un tablero de engaño hurtando la historia que quiere contar. Todo en orden.

Por mucho que Almodóvar quiera hurgar en ese inacabable orden desordenado que es la acumulación de ideas, no se puede evitar una cierta sensación de que el espectador ha sido víctima de una tomadura de pelo. ¿Por qué? Porque el manchego nos cuenta dos historias que no terminan de tener interés, precisamente porque nos quiere describir la mediocridad y, cuando por fin llega una idea, algo luminoso, brillante, que desea ser contado, aparece uno de los finales más inoportunos del cine. Y eso es así. El espectador, ese ente insaciable que está esperando los pormenores de algo, se tiene que conformar con los detalles de algo, sí, pero inane, sin demasiada gracia, sin destino, que, a todas luces, tiene que ser reescrito porque no describe nada. Es como si cualquiera de ustedes se pusiera a narrar cualquier evento de su azarosa existencia a una serie de atentos y expectantes oyentes y van cayendo en la cuenta de que lo que están diciendo no tiene gracia en ningún sentido. En definitiva, carece de interés más allá de lo que es un mero retrato de unos cuantos personajes.

Así que ándense con cuidado a la hora de ponerse delante de un teclado de un ordenador. La hoja en blanco es un loco desafiante que quiere ser rellenado con planteamientos, nudos, desenlaces, amores, rupturas, reconciliaciones, sentimientos, acciones y reacciones. No se queden sólo en un hecho puntual para que tengamos simpatía por unos personajes que ni siquiera existen. Alguien puede tener ataques de ansiedad, de acuerdo. Y los puede tener por una razón concreta, de acuerdo. Pero ¿saben qué es lo que interesante? Que esa mujer lo tiene todo mientras las amistades que la rodean se hallan heridas casi de muerte. Y no cae en ello, a pesar de que, sin duda, anida cierta bondad en su corazón que, por aquello de que el Pisuerga pasa por Valladolid, también le sirve para escribir a su vez un guion en el que blablabla… Ficción y realidad. Ficción y no realidad. No ficción y realidad. Eso es lo que baraja continuamente la película. Eso sí, Bárbara Lennie, como siempre, ofrece una interpretación maravillosa, al igual que Aitana Sánchez-Gijón, que deja entrever en su personaje los nervios de una vida que se ha visto alterada de forma imprevista. No está mal el trabajo actoral en esta película, hay que reconocerlo. Lo que puede tener más inconvenientes es que no todo lo que se escribe es genial, pero eso ya lo he dicho. Tal vez, el reflejo entre ficción y realidad en mi ordenador es más débil de lo que pensaba.

3 comentarios:

dexterzgz dijo...

Yo creo que el problema es que Almodóvar hace tiempo que dejó de ser Almodóvar, ese director genial que te volaba la cabeza con cada historia, cada decisión, acertada en algunos casos, no tanto en otros, pero siempre con ese gramo de riesgo y de locura. El problema está por tanto en las expectativas que genera un director que en la actualidad se aferra a lo que tiene y a lo que puede ofrecer. Quien tuvo retuvo dicen. Y en Almodóvar sigue habiendo destellos. A mí “Madres paralelas” me gustó más bien poquito, pero “La habitación de al lado” me gustó mucho, más incluso que “Dolor y gloria”. Es mucho, tratándose de un director que en los últimos tiempos me daba la impresión de empezar a estar vendiendo humo. A pesar de todo, en todos estos títulos es posible encontrar destellos de aquel gran Pedro. También es esta “Amarga Navidad”.

La película se nos ha vendido como el mayor ejercicio de honestidad de la carrera de su autor, una autoficción que además es una autoflagelación en toda regla ("has perdido la gracia" le dice el personaje de Aitana a su alter ego Sbaraglia). Es verdad que cuesta entrar en la historia de Bárbara Lennie que sí lo piensas es un poco tonta y en principio no sé qué interés cinematográfico podría tener para el hipotético espectador de Sbaraglia. Queda en evidencia la impostura del melodrama (mucha Chavela, mucho lloro). Mucha intensidad fingida en una palabra. Pienso que esto que podría ser un hándicap le viene muy bien a Pedro en la parte que viene después tras ese giro que quizá no es tal.

Hay destellos del gran Almodóvar, pero ya no se pueden evitar las situaciones forzadas tanto en la parte del melodrama como en la del humor (compárame el episodio aquí de Carmen Machi con el de la testigo de Jehová de Chus Lampreave en “Mujeres al borde…” o las broncas maternofiliales de la propia Chus y Rossy de Palma en “La flor de mi secreto”). Es como si Almodóvar nos dijese, hasta aquí he llegado, esto es todo lo que te puedo dar de mí en este momento. Pero no me pidas que deje de rodar porque lo necesito para vivir.

Y con todas estas puntualizaciones he de decir que a mí la película me gustó.

Abrazos aporreando compulsivamente el teclado

César Bardés dijo...

Bueno, ese análisis que haces de Almodóvar me parece bastante acertado. Me gustaron "Dolor y gloria" y también "La habitación de al lado", a pesar de esa inclusión forzadísima de lo del cambio climático. Me disgustó "Madres paralelas", me pareció de lo peorcito de Almodóvar.
Es muy curioso cómo se recibe la obra de este hombre. He leído hasta gente que se alegra de "cómo recupera el humor descacharrante". Sí, una juerga. Todo por ese intervalo, que no viene muy a cuento, de Carmen Machi, aunque lo acepto sin problemas.
La película está primorosamente dirigida, sabe combinar los colores como nadie, hay una limpieza en las imágenes que es maravillosa...yo sé que lo que quiere contar es la vampirización en la invención de historias, pero sigo pensando que, en realidad, es una tomadura de pelo. Es decir. Estamos todo el rato con el paralelismo de la historia que está escribiendo ese director de cine, Leonardo Sbaraglia, que es el propio Almodóvar, evidentemente. Te la cuenta y evoluciona y tal...y no tiene final. Y además, con un entusiasmo que no ha salido en ningún momento en la habitual languidez que nos coloca, va y te dice que no, que la historia buena no es esa, que es esa otra que comienza a escribir...¿en serio? ¿Me has tenido dándole las vueltas a la pelota durante más de hora y media con la chica ésta y sus ataques de pánico y ahora me dices que se te ha ocurrido otra historia en la que vampirizas aún más y que no me la vas a contar?
Lo de Chavela...la verdad...se repite un poco, por mucha Amaya que ponga y por mucho intimismo que tenga la escena. Además, vuelve a colocarla en la escena con Lennie y Luengo. Es que, en realidad, la película no me dice nada. Es una de esas que no te llega a gustar, que tampoco te disgusta, pero que no, que le falta genio, que falta talento. Almodóvar es muy listo y se coloca detrás de un acabado formal impecable para, realmente, no contar absolutamente nada.
Abrazos con pastilla bajo la lengua (una forma elegante de droga).

CARPET_WALLY dijo...

Pues tampoco la he visto aun, que os voy a decir.

Hace tiempo cada estreno de Almodovar era una ocasión pintiparada para irme a una sala y ver su nueva peli. En demasiadas ocasiones me he llevado grandes decepciones, sobre todo en su último periodo. Desde "Volver", y de eso hace ya 20 años, sólo me parece interesante aunque sin llegar a ser una peli redonda "Julieta" y eso que aprecio bastantes cosas buenas de "Dolor y gloria", pero en general encuentro más defectos en su cine que aciertos y termino bastante fuera de lo que cuenta.

Es muy probable que haya perdido el ángel que le iluminó en su periodo mágico del 84 con "¿Que he hecho yo..?" hasta el 91 con "Tacones lejanos". A partir de ahí ha tenido buenas películas, pero siempre me ha parecido que incluía situaciones chirriantes que no encajaban bien ni en lo que contaba, ni en el como lo contaba. Bueno, puro Pedro. A cambio su pasión estética se ha ido convirtiendo en una seña de identidad mucho mayor que la trascendencia de lo que contaba.

Ahora además juega con incrustar sus mensajes y pensamientos sobre el mundo actual. No hay problema, en incluirlos, es perfectamente lícito y aceptable. El problema es que tenga sentido en lo que hay en la pantalla. Como dice Cesar, en "La habitación de al lado" es ridículo. Pongo a dos personajes conversando y les hago decir lo que pienso en una conversación que no tiene sentido con el desarrollo del drama. Mucho peor aun lo de "Madres paralelas" que terminaba por destrozar un film absolutamente mediocre.

El otro día en la radio escuché la única entrevista que me ha parecido realmente interesante de todas las que ha dado en los últimos tiempos. Gran parte por el entrevistador, Javier del Pino, que huyó en posible de la promoción de la película y se centró mucho mas en cuestiones creativas, análisis cinematográficos, motivaciones personales, etc.

Lo que dice Dex, de "vendehumos" yo lo llevo pensando mucho tiempo, desde los 90 casi. Que hace (o hacía) un cine mejor que mucho, puede ser, pero que le daba (y se daba) una importancia descomunal también es así.

En fin, la veré e intentaré hablar con mayor conocimiento de causa.

Abrazos ¿rotos?