La tentación del
revólver puede convertir a los hombres buenos en asesinos despiadados. No hay
nada como un maestro para ayudar a leer la verdad interior de uno mismo para
que ese uso de las armas, siempre hábil y certero, sea también, justo. Y eso es
lo más difícil en una tierra sin ley, en la que unos y otros se acostumbran a
tomarse la justicia por su mano y a vaciar el tambor a la primera de cambio. En
un pueblo perdido de algún lugar, hay un sheriff muy joven, un inexperto al que
han puesto ahí, con toda seguridad, para poder hacer lo que les venga en gana a
los retorcidos de turno. Ese chico no sabe disparar y, lo que es aún peor, no
sabe cuándo. Tiene buenas intenciones, quiere hacerlo bien, desea con fuerza
que se le respete, pero sabe que no es así. Siempre existirán esas miradas
burlonas si se sienta en alguna silla del paseo principal del pueblo, o algún
comentario dicho en voz baja en la taberna, o, incluso, por allí puede pasar un
forajido que se ría en su cara porque el chaval no sabe, aunque puede.
Hasta allí se acerca un
pistolero resabiado que también ha sido sheriff y que ha cambiado esa profesión
por otra mucho más lucrativa. Se dedica a cazar forajidos a los que se les ha
puesto precio a su cabeza. Sin embargo, este individuo es diferente. Su mirada
siempre es tranquila y su mano es relampagueante cuando tiene que empuñar un
arma. Recala en el pueblo y se da cuenta enseguida de qué es lo que hay en ese
villorrio al que parece que ha ido a parar su próxima presa. El chico le pide
ayuda, no para cazar a nadie, sino para aprender. Él rehúsa…pero sólo
aparentemente. Intentará dirigir al joven sheriff para que él mismo descubra
sus debilidades y fortalezas, para que se le quede bien grabado cuándo tiene
que utilizar el arma que le cuelga del cincho y cuándo no, y para que esté bien
seguro de que puede ser un agente de la ley que entre en la leyenda.
Anthony Mann dirige
esta película del Oeste con Henry Fonda y Anthony Perkins en los principales
papeles y, a pesar de que en esta ocasión opta por el blanco y negro, sigue con
las constantes de su cine en el género. Hombres con pasado que no quieren
volver a revivirlo, paisajes abruptos aunque, en esta ocasión, más comedidos,
probablemente, por la limitación del propio blanco y negro, intenciones
sugeridas y desveladas por la propia actitud de los protagonistas…El viaje
iniciático que emprende el personaje de Anthony Perkins en la piel de ese
sheriff barbilampiño acaba por ser apasionante con su reflejo en la mirada
serena e imperturbable de Henry Fonda y, nuevamente, Mann nos regala una
estupenda película, aunque, eso sí, algo por debajo de sus míticas cinco
películas del género con el gran James Stewart.
Piensen hasta tres antes de desenfundar. No todo el mundo merece el esfuerzo que requiere una bala. Los días caerán y los elementos que enturbian la paz acabarán yéndose…por las buenas o por las malas.

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