miércoles, 23 de diciembre de 2020

THE GLORIAS (2020), de Julie Taymor

 

Con este artículo vamos a dejar que el blog descanse unos días porque es Navidad y no es tiempo de leer demasiado sobre cine. Sólo se publicarán los artículos correspondientes a los estrenos los miércoles 30 de diciembre y 5 de enero para volver a retomar el ritmo habitual a partir del martes 12 de enero. Mientras tanto, querer mucho, id al cine, que es muy seguro y brindad por el año que empieza. Nunca ha tenido tanto sentido hacerlo. Feliz Navidad a todos.

Las mujeres no establecen jerarquías, sólo fabrican conexiones. Y ése es el verdadero feminismo. Aquel que se ejerce de forma inteligente, como lo son la mayoría de ellas. Aquel que, aprovechando su fuerza y su extensión, también defiende otras causas justas que pueden ser, por ejemplo, los derechos del pueblo indio o la consecución de los derechos civiles para la gente de color. Y hubo una mujer que lideró todo ello, que se hizo incómoda a los sectores más conservadores, pero que se adelantó muchísimos años. No sólo fue la cabeza más visible a la hora de reivindicar la igualdad (no jerarquías), sino que también viajó por todas partes para saber de lo que estaba hablando.

En su paquete de negociación estaba incluida la violencia doméstica, los derechos sociales, la ayuda económica a las madres solteras, la legalización del aborto y, algo tan sencillo y tan fácil de comprender como el cambio de mirada masculino hacia ellas, yendo mucho más allá del objeto sexual, de la mercantilización de la imagen femenina para determinados anuncios que merecerían algo más que una multa. Gloria Steinem no fue alguien que, de la noche a la mañana, decidiera hacer algo para cambiar el mundo. Tuvo que aprender por el camino unas cuantas cosas. La marginación de una madre que tenía roto el espíritu. La capacidad de un padre para vivir sólo el presente sin pensar en el mañana por muchas responsabilidades que tuviera. El viaje a la India, donde encuentra una nueva forma de enfocar las cosas porque allí la desigualdad entre castas es algo inexplicable. Su lucha por escribir en distintas publicaciones en las que la censuraban temas, la menospreciaban por el mero hecho de ser mujer y en las que no faltó la insinuación más repugnante. Todo ello conformó el rompecabezas de su pensamiento, de su conducta, de su lucha y de su sentido. Nosotros, el pueblo.

No cabe duda de que las intenciones de la directora Julie Taymor son buenas y, en algunos momentos, se alcanza cierta brillantez con alguna que otra secuencia sorprendente en su apartado visual. Por otro lado, en otros instantes, resulta absurda y excesivamente subrayada porque, en los tiempos que corremos, parece ser que es necesario repetir una y otra vez lo que se quiere decir para que quede cristalino. Y no debería ser así. Taymor resulta, en ocasiones, cargante, pesada, reiterativa y, sobre todo, algo alargada de más. Los trabajos de Alicia Vikander y Julianne Moore interpretando a Gloria Steinem en distintas etapas de su vida son notables. Y por ahí andan en papeles secundarios Janelle Monae, que pasa por estar muy desaprovechada en su escasa participación, y la maravillosa Bette Midler que sabe sacar lo mejor a su trabajo, como ha hecho casi siempre.

Y es que Gloria Steinem tuvo una enorme virtud. Estableció conexiones para que el público sacara sus propias conclusiones. Pudo ser repetitiva hasta la saciedad, pero lo hizo con la verdad por delante, poniendo un espejo delante de muchos hombres para que se preguntaran si lo eran de verdad. Fue una voz que no se dejó domar por los poderes establecidos, habitualmente dominados por los varones, y gritó tan alto como pudo, a pesar de que el arte de la comunicación no fuera precisamente uno de sus fuertes. Dentro de ella, había un alma sensible que también quedaba herida por las críticas despiadadas, poco amables y expresadas con palabras totalmente despreciables. Amó lo que hizo, trató de que todo el mundo lo entendiera y aún hoy sigue tratando de descifrar para los más retrasados cuál es la lógica que impera en todas sus conexiones. El mérito, eso sí, no se lo quita nadie. 

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