miércoles, 11 de febrero de 2026

SAIGÓN (1988), de Christopher Crowe

 

Asumir el papel de una pareja de policías en el Saigón de la guerra no deja de ser una tarea bastante absurda. Pensémoslo un momento. ¿Investigar unos crímenes en una guerra que se caracteriza por el asesinato indiscriminado? Digno de Samuel Beckett. En todo caso, ahí está esa pareja de policías que tiene algo de aquella otra que formaron los detectives Doyle y Russo en French Connection sólo que se cambia el Departamento de Narcóticos por el de Homicidios y pónganse a olisquear las pruebas. Se trata de cazar a un asesino en serie en esa ciudad dominada por el caos que ha ido eliminando prostitutas como si fueran soldados del frente. Las primeras pistas no dejan ningún lugar a dudas. El asesino es norteamericano y todo apunta que es un oficial de cierto rango. Para completar la tarta. La peor ciudad del mundo, los peores crímenes del mundo para cazar a un tipo inalcanzable. ¿Se puede soñar con un caso mejor?

El sudor se pega a esas camisas de civiles que lucen los suboficiales McGriff y Perkins en unos barrios en los que nada está claro, la gente se mueve con total libertad de comportamiento. Lo que es legal, no está bien visto. Lo que es ilegal, es la normalidad. Habrá que emplear la violencia en una o dos ocasiones para conseguir la información necesaria. Y sacar el arma reglamentaria si las cosas se tuercen mucho en ese universo de callejas estrechas, puestos de acera y calzada y uniformes que sólo buscan un lugar en el que hundir el vicio de la desesperación del frente. Saigón es la nueva urbe del pecado y McGriff y Perkins lo van a comprobar de primera mano.

Con la mirada más objetiva posible, la intención de la película es original y muy apreciable. La idea de dos policías militares dedicados a la investigación de una serie de asesinatos en una ciudad que se cae a pedazos, en un ambiente en el que todo está en contra, es muy buena. Sin embargo, hacía falta la dirección de alguien con más garra y proyección que Christopher Crowe, mejor guionista que director, en su única incursión tras las cámaras. Si esta misma historia hubiera caído en las manos de otro realizador como, por ejemplo, John McTiernan, estaríamos ante algo auténticamente bueno. Como no es así, crece la desazón en el público porque se espera algún acontecimiento que haga que la historia arraigue y cobre vuelo, pero eso no ocurre en ningún momento. La sensación, al final, es de una cierta decepción y de expectativas defraudadas porque es como si la película prometiera y no cumpliese.

En cualquier caso, cuando caen encargos de este tipo, más vale que llevemos a cuestas el sudor y la conciencia. Habrá que buscar en verdaderos vertederos y la confusión será toda la respuesta. El trabajo consiste en separar el grano de la paja, mantener la mirada firme entre las drogas, el vicio, la degeneración y ese puñado de locos que han decidido hacer una guerra a diez mil kilómetros de su país. Saigón tiene muchísimas preguntas y, prácticamente, ninguna respuesta.

3 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

Pues esta, sin embargo, la vi un par de veces, una en el cine y otra en video para comprobar que, efectivamente, Mctiernan la hubiese hecho memorable y Crowe olvidable.

Y es curioso lo que comentas de la investigación de un crimen en un ambiente de violencia y muerte como es una guerra. Esta va más como señalas en la línea de "French Conectión" en cuanto a personajes y más acción tipo "Limite 48 horas" o similares.

Pero en investigaciones de asesinatos en plena guerra podemos destacar también la española "Silencio en la nieve" y sobre todo "La noche de los generales", también con un asesino en serie de prostitutas, aunque choque que, con todas las atrocidades nazis que se perpetraban, les preocupase un tema como ese..

Abrazos entre explosiones

César Bardés dijo...

Es que es una película que promete muchísimo y que, sin embargo,no termina de arrancar nunca porque la premisa es realmente interesante. En cuanto a "La noche de los generales" es que tiene un personaje fascinante como el Mayor Grau, interpretado por Omar Sharif, que no es nazi, que trata de investigar el crimen porque desprecia al generalato y que, desde luego, no participa en ninguna atrocidad. incluso, si te acuerdas, va a interrogar a Peter O´Toole mientras éste está quemando el guetto y se marcha asqueado porque no puede soportarlo. Tiene su lógica la historia. Y aún más si piensas que la resolución definitiva de los asesinatos la lleva a cabo un policía francés que reconoce la humanidad de Grau.
Abrazos con uniforme

CARPET_WALLY dijo...

Correcto lo que comentas, y si, la historia tiene lógica, pero lo que llama la atención es el contexto histórico en el que contar una historia así. Aunque aprovecha precisamente eso, la deshumanización nazi y el sentirse por encima del bien y del mal del asesino. En tiempo de brutalidad, sus quehaceres de otro tipo son casi delicatessen.

Y si, Omar Sharif está estupendo empeñado en una lucha tan desigual... Tanto como Peter O´Toole, Donald Pleaseance, Courtenay, Noiret... Un reparto impresionante. Y esa mirada gélida y altiva...pero no siempre.

Abrazos mirando un autorretrato de Van Gogh