Con este artículo, vamos a cerrar el blog debido a las vacaciones de Semana Santa, hasta el martes día 7 de abril. Espero que todos descanséis y que vayáis mucho al cine. No nos queda mucho más.
Las casualidades rumbo
al destino también existen. Un periodista se dirige al que va a ser su puesto
de trabajo habitual. No es gran cosa porque se va a hacer cargo de la sección
de deportes de una radio estatal allí donde da la vuelta el aire. Por el
camino, asiste a un incidente entre una mujer de mala vida y su chulo. Entra en
liza, le quita el cuchillo al facineroso y decide invitarla a cenar. La mujer
no tiene dónde ir, no tiene nada que perder y, a lo mejor, gana un filete, así
que acepta. Se van juntos. Ella le acompaña hasta ese destino que parece más
lejos de lo que, en un principio, podría ser. Él asume el trabajo, viven
juntos…no, no se preocupen, no es una historia de amor. La radio en la que va a
trabajar el periodista no es muy recomendable. Bajo su aparente normalidad,
esconde las maquinaciones de la ultra derecha, decidida a retirar todas las
ayudas sociales a los pobres y a los marginados. Esos, fuera. Sólo tienen
cabida en la sociedad estadounidense los ciudadanos formales y honrados que,
sin pensar demasiado, salen de su casa cada mañana dispuestos a ganarse el pan
de la forma más honesta posible. Todos los demás, sobran. Es una guerra sin
armas. Es pura propaganda.
Lo peor de todo es que
el individuo en cuestión, no se va a conformar. Quiere hablar con el jefazo y
hacerle ver que le han engañado y que aquello no era lo que él suponía. Que sí.
Que no. Vete de aquí. Esto no quedará así. El periodista va a urdir una
conspiración para acabar de una vez por todas con este rico empresario que sólo
quiere empeorarlo todo. Un rifle, una bala, listo. La sombra de Kennedy, en
esta ocasión, va a servir para hacer algo bueno. La respuesta estará en lo alto
de un escenario.
Esta es una película que ha pasado prácticamente desapercibida dentro de la filmografía de Paul Newman. Es cierto que tiene elementos muy notables, pero la historia está arrastrada con una languidez que la hace aburrida en bastantes momentos. La presencia de Joanne Woodward es un activo más a su favor y en el banquillo de los secundarios hay nombres que dan mucho empaque como Anthony Perkins y Pat Hingle, pero no acaba de funcionar esta historia del hombre enfrentado a poderes que le sobrepasan y a los que decide declararles la guerra. Newman, como siempre, ofrece un buen trabajo aunque, quizá, en algún instante, no se cree demasiado lo que está haciendo y la dirección de Stuart Rosenberg resulta sorprendente porque siempre fue un director de vigor y cierto ritmo y, en esta ocasión, parece como que se olvida de todo lo que sabe y cuenta una historia que deja un regusto muy amargo, muy para perdedores que no tienen posibilidad de redención. Quizá es una lección sobre la capacidad de juicio para aprovechar los medios y la oportunidad de cambiar las cosas. Puede que, en ocasiones, el camino más largo sea mucho más beneficioso que el golpe en la mesa. Y estamos viviendo unos tiempos en los que cada vez se pone más de manifiesto que todo debe cambiar despacio para que nada siga igual.

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