martes, 4 de junio de 2019

AL LÍMITE (1999), de Martin Scorsese



Frank Pierce está cansado de sentir cómo la vida de los demás se escapa entre sus manos. Él sufre y hace todo lo que sabe para curar a enfermos, para traer a los muertos a la vida, para prestar los primeros y fundamentales auxilios a cualquiera que lo necesite…pero asiste, impotente, a la certeza de que no puede con la muerte. Ella se lleva a quien quiere y no a quien debe. Los fantasmas rodean su visión y Nueva York parece difuminarse en las luces de las calles mojadas. Todo es un carrusel continuo que le lleva al mismo borde de la locura sin sentido. Los gritos, la sangre, el surrealismo cruel que puebla cada uno de los rincones de la gran urbe, son demasiado para él. Al fin y al cabo, Frank ha perdido algo de sí mismo cada vez que se le ha muerto alguien en la camilla. Las ambulancias ya no son vehículos de emergencia. Son féretros. Está cansado y quiere dormir. Y dormir para siempre.
En su alucinado peregrinaje por las noches se encuentra con el ruego que hace a su jefe para que le despida y éste no lo hace, con que un compañero sólo piensa en comer a pesar de haber entubado a alguien sólo unos minutos atrás, con que a otro de sus compañeros le gusta apalear a mendigos que, reconozcámoslo, son los auténticos fantasmas del castillo de nuestras grandes ciudades. Olores repugnantes, agujas inyectadas con prisa, camillas en los pasillos…un accidente con la ambulancia. Frank ríe porque ya no tiene lágrimas. Siente que está allí por casualidad, que no puede prestar la ayuda necesaria, que no es más que un necio que trata de engañarse a sí mismo creyendo que alguna vida podrá ser traída de vuelta. Trata de salvar vidas y, curiosamente, la paz llegará porque salva una muerte.
Frank Pierce es un personaje trágico que busca su redención y su catarsis y que parece que en cualquier momento se va a cruzar con Travis Bickle y su taxi en su inapelable búsqueda de la paz interior. La noche es capaz de aplastar a quien la vive desde el asiento de una ambulancia y la siguiente es igual a la anterior, como si no hubiera diferencia entre noches, entre paros cardíacos, entre reanimaciones, entre borrachos tirados en la calle, entre locos desquiciados que se infligen daño a sí mismos con la esperanza de encontrar la muerte que, por otra parte, no quieren ver. Quizá haya algún oasis de esperanza, algún remanso de inocencia perdida que ya ha probado la calle y que tiene que ser también redimida, tal vez, a través del dolor. La música ensordece, la ginebra reseca aún más la garganta, la adrenalina sale a chorros y los ojos parecen tan cansados que son incapaces de cerrarse ante tanta basura. Frank Pierce llora…pero también encuentra algo de gracia en todo el absurdo que nos rodea, en todo el cemento que nos rodea, en todos los pollos fritos con patatas que nos rodean, en toda la amargura que nos rodea.
Injustamente tratada en el momento de su estreno, Al límite parece un regreso a los mismos orígenes de Martin Scorsese en la búsqueda de sus propias obsesiones. Tal vez sea una película que haya que meter en una ambulancia e ingresar de urgencia en algún hospital público. Así, es posible que lleguemos a apreciar de qué material están hechas las grandes películas a las que se niega su mérito. Igual que a las personas que también merecen reconocimiento al hacerse cargo de un buen puñado de trabajos fundamentales que nadie quiere hacer.

2 comentarios:

dexterzgz dijo...

Yo creo que se trata de una gran película del cejas, coincido que injustamente tratada y además emparedada entre dos pestiños como "Kundum" y "Gangs of New York".

Probablemente el motivo de su ninguneo sea la comparación con "Taxi driver" con la que comparte guionista y casi argumento. No obstante, creo que es una revisión de lo más acertada y que el nuevo oficio del protagonista le permite a Marty profundizar en otros temas y otras obsesiones (no olvidemos que la peli arranca con una eutanasia nada menos).

Y Nicolas Cage cuando todavía no era una caricatura de si mismo. Y su relación triste y melancólica con el personaje de la Arquette,

Reivindicando que es gerundio. Ah, siempre me he preguntado si esta película hubiese sido la misma de haberse rodado tan solo dos años después con las Torres caídas.

Abrazos con urgencias

César Bardés dijo...

Yo también creo que es una gran película, injustamente tratada y que, como bien dices, también se vio muy perjudicada por hallarse en medio de una época en la que a Scorsese parecía faltarle la inspiración. Por supuesto, también por esa comparación con "Taxi Driver", con la que, a pesar de tener un mismo "leit motiv", guarda también enormes diferencias.
A destacar no solamente su técnica, sino también las interpretaciones tanto de Cage (no digo ninguna tontería si digo que, quizá, sea una de sus mejores interpretaciones) como de Arquette, o de Goodman (enorme) o, incluso, de Sizemore en un papel algo menos agradecida.
Y no, no solamente no hubiera sido la mismo, sino que, incluso, no le hubieran dejado rodar algo así.
Abrazos en cruz.