miércoles, 29 de junio de 2022

EL NEGRO SILENCIO DEL DOLOR (Blast of silence) (1961), de Allen Baron

 

Salir a la luz de nuevo vuelve a ser un parto de dolor. Enterrado en el negro silencio, un asesino profesional viaja de Cleveland a Nueva York para hacer un encargo más. Meticuloso, frío, enigmático, recibe las instrucciones y, en plena Navidad, sigue a su potencial víctima para estudiar sus movimientos. No quiere dejar nada al azar, pero tampoco es insistente. Sabe que si le descubren se acabará todo. Nueva York se hunde en su blanco negro de Manhattan y el tipo deambula por sus calles, tratando de pasar todo lo desapercibido que puede. Toma grandes precauciones, pero el destino, ya se sabe, suele disparar también sin preaviso. Un antiguo compañero en un bar. El pasado se presenta de repente. Aquellos días de orfanato. Aquellas carreras arrastrando la nariz por los suelos. Aquel sentimiento de desamparo, de abandono, sólo roto por una chica que, por casualidad, es la hermana de ese antiguo compañero. Sí, parece que el destino quiere una última jugarreta. El tipo pasará la Nochebuena con ellos y, al día siguiente, también habrá una Navidad en las cercanías de la chica.

Sin embargo, la gran ciudad esconde demasiadas trampas y muchos tipos de bajos fondos que querrán sacar algo de tajada cuando suman que dos y dos son cuatro. El asesino tendrá que ponerse al descubierto y eso es muy poco profesional. Sería mejor abandonar el encargo, pero esos tipos que le han contratado no aceptan un no por respuesta. Tendrá que seguir hasta el final o si no deberá asumir las consecuencias. No hay salida, como en aquel orfanato de la infancia. Hará su trabajo y no hay más que hablar. Decidirá sobre el destino de un hombre al que no había visto nunca. Como si fuera Dios. Dominando la mirada desde las azoteas de los edificios, tratando de escapar de las miradas curiosas de testigos casuales. Todo estará calculado al milímetro. El arma, el silenciador, el lugar, el momento…e, incluso, en un último giro para retorcer el carácter, la espoleta de rabia para que, con un rostro lleno de frialdad, no haya vacilación a la hora de apretar el gatillo. Sólo queda cobrar. Sólo queda volver a la oscuridad.

El negro silencio del dolor es una de esas películas que han sido enterradas por el olvido al tratarse de una película rodada con un bajísimo presupuesto y con una paupérrima distribución en el momento de su estreno. Sólo los alemanes, en el Festival de Munich de 1990, comenzaron a rescatarla con ese vigor que atesora, a la manera de Samuel Fuller y Jean Pierre Melville, con una voz en off que casi parece una arruga en el sonido debida a Lionel Stander y con esa novedosa descripción del trabajo de un asesino profesional en la preparación y ejecución de un contrato. Allen Baron dirige, interpreta y escribe el guión, y, por supuesto, no tuvo, prácticamente, ninguna continuidad en el cine, recluyéndose en el espacio televisivo. Su rostro, una especie de mezcla impasible de Robert de Niro y George C. Scott, resulta ideal para esconder esa tormenta de sentimientos de un asesino que ya está de vuelta y comienza a sentir la fatiga de una existencia que se sabe cara e inútil. Una joya que debería descubrirse para quien realmente le gusten las entrañas del cine negro.

2 comentarios:

Gallia64 dijo...

Ahhh. Que bueno esto!!! Gracias César por la recomendación. Jamás había escuchado sobre este film. Ya lo estoy buscando...

César Bardés dijo...

Espero que lo disfrutes y que te guste. Si te gusta el cine negro, es una apuesta segura.