lunes, 4 de marzo de 2024

JUGAR DURO (1985), de Burt Reynolds

Hay películas que pasan directamente al baúl del olvido solamente porque están protagonizadas por antiguas estrellas que no viven sus mejores horas y que son calificadas como de último recurso para ellas. Ése es el caso de Jugar duro, que cuenta en su reparto con Burt Reynold, Candice Bergen y George Segal. Basada en una novela de Elmore Leonard, no es una mala película en absoluto y, sin embargo, nadie se acuerda de ella y los que se acuerdan tratan de hundirla con premeditación. Con el propio Burt Reynolds dirigiendo, Jugar duro es una historia que no es tan amable, ni tiene ese punto socarrón que parece ser uno de los lugares comunes que visitaron las películas más taquilleras de Reynolds en su época dorada. Quizá el único reparo que se le puede poner es algo de precipitación en el planteamiento de la trama amorosa entre los dos protagonistas y la caracterización algo básica y prototípica de Charles Durning como el villano, pero en el resto, es modélica en cuanto a que es una historia sin concesiones, sin renunciar a la acción ni un ápice, pero sin media sonrisa.

Salir de la cárcel siempre es complicado para un tipo que se ha movido con gente demasiado poco recomendable. Sin embargo, en el fondo de su ética, no es bueno decir que no a los amigos y, de vez en cuando, hay que hacer algún favor que no sale exactamente como se había planeado. La huida por un campo de maíz puede ser el principio de algo nuevo y diferente, pero también hay que desenlazar algo que se había estado cocinando en el horno de la venganza  durante todos los años que se han pasado entre barrotes. Stick es un tipo que sabe dar palos. También recibirlos, pero ya es hora de jugar duro para que la suerte se incline, de una vez, de su lado.

Florida, al fin y al cabo, puede ser el escenario perfecto para que se desarrolle todo el sexo y toda la violencia de ese mundo latente y escondido en el que se mueve Stick. El malvado es un tipo al que cuesta tomar en serio porque, ya se sabe, entre playas y palmeras pululan los seres más extraños que se pueden encontrar entre drogas y balas. Mención especial merece ese sicario, de nombre Moke, que transmite miedo con sólo aparecer y que se encarga de hacer los trabajos más delicados. Uno de ellos, por supuesto, es encontrar a Stick, que es el fulano más listo que ha salido últimamente de la prisión y que trata de jugársela a todo el mundo. Sólo si juega duro podrá conseguirlo. También pondrá en juego su cinismo, su encanto y su irresponsabilidad, más que nada porque la ambigüedad es una pieza de intercambio habitual en las calles. Puede que, al final, nadie esté preparado para estar con Stick. Es difícil acompañarle porque es un hombre que nunca dejará de estar en guerra. Consigo mismo y con los demás. Es su destino. Y quizá ha dejado pasar demasiadas ocasiones en las que no quiso jugar tan duro. Stick debe hacer su camino de vuelta.

 

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