miércoles, 28 de octubre de 2026

UN HOMBRE SOLO (1955), de Ray Milland

 

Dos millones de visitas en el blog. Ante eso, no se pueden decir muchas cosas. Sólo gracias y que intentaremos llegar a los tres millones. Un abrazo y gracias de nuevo.

Silencio. La llanura guarda muchas sorpresas en su inmensidad o en la tortuosa configuración laberíntica de sus caminos. Una diligencia ha sido masacrada y ese individuo parece el más lógico culpable. Silencio. Él trata de demostrar su inocencia, pero tiene pocos, muy pocos, medios para conseguirlo. Se refugia en algún sitio, esperando que su anonimato le proteja, pero es insuficiente y el dueño de la casa es el sheriff de los alrededores. Ese hombre está solo. Nadie le apoya. Nadie le ayuda. Nadie le comprende. Silencio. Es sólo un lobo estepario que ha viajado por muchos caminos, ha disparado unas cuantas veces, casi siempre de forma justificada, y ha dejado atrás un reguero de cierta leyenda que hace que todo el mundo le tenga miedo. Y sin embargo, no es más que un hombre. Un tipo con un arma al cinto que trata de escapar de un entorno que cada vez se le cierra más. Y ese entorno está apretando la mano alrededor de su cuello. Silencio. Todo se explica con las acciones. Todo es confuso porque, a veces, hay que emplear la violencia para evitar lo que se quiere eludir. Es como un inmenso rompecabezas moral en el que las balas son los bornes que encajan las piezas.

Ray Milland dio, una vez más, muestras de lo interesante que era como director. En esta ocasión, puso en pie una película del Oeste de presupuesto muy bajo en la que, en la primera media hora, no se dice una palabra. Todo lo explica con imágenes. Quizá la idea la copió de la que era su película favorita, El espía, de Russell Rouse, en la que el propio Milland no decía absolutamente nada en todo el metraje, a pesar de ser el protagonista. En esta ocasión, también es la estrella principal de la película y, detrás de su silencio, hay algunos actores solventes como Ward Bond, Raymond Burr, Lee Van Cleef, con Mary Muprhy aportando el lado femenino y, por supuesto, el único personaje que cree en ese forajido al que hieren su alma de hombre bueno. El resultado es una película notable, a pesar de que en la ambientación y en los decorados llega a notarse la carencia de medios, con ese primer tramo en el que no se pronuncia ni una palabra, potenciando el hecho de que las acciones son mucho más importantes que las intenciones. Puro Oeste.

Así que guarden silencio. Sólo queda asistir como espectadores a toda una escenografía de sentimientos encontrados en los que todos podemos vernos reconocidos mientras el vacío de la falsa acusación se abre a nuestro alrededor. Casi ni se van a poder oír los disparos que llevan el mensaje de que ese hombre atrapado y solo no tiene nada que ver con ninguna masacre. Y menos aún la de inocentes que simplemente viajaban a bordo de una diligencia de línea. Todo apuntará en su contra. Incluso se impondrá la duda en aquellos que han podido ver algo bueno en él. Y es que, desgraciadamente, siempre ha sido mucho más difícil demostrar la inocencia que la culpabilidad. Y ya, desde este momento, es mejor guardar silencio.

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