jueves, 26 de noviembre de 2020

MANK (2020), de David Fincher

 

Herman Mankiewicz fue uno de esos guionistas que, por vocación y época, podría haber estado encuadrado dentro de los escritores de la llamada generación perdida a la que pertenecían otras luminarias como Francis Scott Fitzgerald o Ernest Hemingway. Nunca estuvo en París, pero, en su interior, yacía tanto talento o alcohol como los mencionados y poseía una ética que, lejos de servirle para avanzar en su arte, era su tortura personal al trabajar en una industria que se plegaba, sin ningún miramiento, a los poderes fácticos de la época.

Así que, entre trago y copa. Mankiewicz ideó un guión para que Orson Welles diera su primer paso en el cine. El niño prodigio, que a los veinticuatro años de edad consiguió un contrato único en la historia, con un absoluto control sobre su obra, iba a contar con la agudeza y el ingenio de un hombre que convertía todo lo que tocaba en arte, en unos diálogos avezados y brillantes, en un compendio de situaciones que resumían a la perfección la enorme y compleja personalidad de un magnate de la prensa como William Randolph Hearst. Fue el nacimiento de una obra de la grandeza de Ciudadano Kane.

Por supuesto, Mankiewicz se inspiró en muchas otras cosas, además de la soledad que otorga la cúspide, y recogió diversos episodios de su vida para transformarlos en un guión que rompía con los moldes clásicos de todo el cine que se había hecho hasta 1940 y trazaba la figura triste y avasallante de un millonario que había perdido toda posibilidad de cariño y que, en lugar de inspirar ese cariño, causó, ante todo, temor en los que le rodeaban. Además de eso, desfragmentó la historia, ofreciendo distintos puntos de vista a la consideración de un mito en una estructura que, más tarde, fue copiada por muchos, entre otros, su propio hermano, Joseph Leo Mankiewicz, que decidió contar muchas de sus películas con esa misma estructura.

No cabe duda de que David Fincher, el director de Mank, ha hecho una película importante, fotografiada en un primoroso blanco y negro difuminado para sumergir al espectador aún más en los años treinta y principios de los cuarenta, con diálogos rápidos y punzantes, que cuentan unas cuantas verdades y que, además, en muchos de sus pasajes pueden trasladarse sin ningún esfuerzo a alguna de las situaciones que estamos viviendo hoy en día. Quizá porque no sólo se dedica a retratar motivaciones, inspiraciones y consecuencias que rodearon la génesis de Ciudadano Kane, sino también porque nos sumergimos en la mente brillante, tortuosa y nítida de un tipo que escribía como los ángeles y que debía batallar con sus propias ideas, con sus principios y con su concepto de amistad. Para ello, cuenta con la inmensa complicidad de un actor bien sujetado en esta ocasión como Gary Oldman, que realiza un trabajo extraordinario, creíble en todo momento y más relajado de lo habitual y espléndidamente secundado por Amanda Seyfried, con quien desarrolla una complicidad especialmente atractiva.

Aparte del hecho de que es realmente apasionante acercarse a contemplar figuras que fueron decisivas en la escritura de películas como Charles Lederer, George Kaufman, Ben Hecht y Charles MacArthur, autores de la obra de teatro The front page, que fue adaptada con distintos resultados por Lewis Milestone, Howard Hawks, Billy Wilder y Ted Kotcheff, al propio Orson Welles y a su socio John Houseman, hay que señalar que Fincher, en el tercio final de la película, se atiene a las versiones del propio Houseman y de la crítico de cine Pauline Kael que sostenían que el guión había sido escrito íntegramente por Herman Mankiewicz, cuando hay pruebas físicas en los archivos del American Film Institute que delatan que Welles contribuyó sustancialmente al mismo. Sin embargo, eso no importa demasiado. Es muy posible que el propio director, hoy en día, hubiera dado su bendición a esta película. Al fin y al cabo, Mankiewicz, para él, fue el hombre que le enseñó muchas cosas sobre Hollywood. Y siempre le calificó como “la persona más encantadora que he conocido nunca”. En cualquier caso, estamos ante una estupenda muestra del cine dentro del cine, del proceso de creación, de las respuestas en el fondo de una botella y de un acto de valentía al tratar de describir las miserias de alguien que creyó que la vida se reducía a un palacio en una colina, al coleccionismo compulsivo de obras de arte y a la certeza de que todo lo que quiso le fue arrebatado un día en la nieve a cambio de unos cuantos millones de dólares.

2 comentarios:

dexterzgz dijo...

En efecto, una película cien por cien Fincher que contiene lo mejor y lo peor del director. Es una película brillante desde el punto de vista estético y narrativo, con un gran dominio de la técnica cinematográfica como suele ser habitual en el cine de David (salvo alguna sonora salida de pata de banco). Sin embargo, frente a este virtuosismo sus películas pecan de ser excesivamente frías y cerebrales. Y esta lo es, siendo una película con momentos maravillosos y brillantes, perfectamente escrita y estructurada, le falta ese plus definitivo para emocionar del que adolecen todos los films de Fincher (salvo quizá "Seven"). Se me va la mente a Nolan que también me parece otro virtuoso contemporáneo que concibe sus historias de ese mismo modo cerebral, si bien lo que cuenta Fincher me suele interesar de entrada más interesante que lo que me cuenta Nolan, que casi siempre suele quedarse un castillo de fuegos de artificio.

Y "Mank", quiero decir lo que cuenta la película, me parece interesante como en su día me lo pareció lo que contaban "La red social" o "Benjamin Button". Me atrae la historia del guionista maldito y me gusta la idea que plantea de la némesis, y ese juego de espejos, Mank como némesis de Welles (a la manera de Leland como némesis de Kane en la película) Queda la duda de si Fincher se estaría postulando como némesis del propio Welles.

Es que es una película que, como bien dices, plantea muchas reflexiones sobre situaciones actuales que estamos viviendo. También me gustaría saber qué partes del guión de Fincher padre ha respetado su hijo para la adaptación y cuáles ha despachado.

Aún pareciéndome que tiene muy buenas interpretaciones, Gary Oldman nunca me ha hecho especialmente tilín. Aquí, me veo incapaz de juzgar si era el actor adecuado para el papel.

Abrazos vomitando en la alfombra

César Bardés dijo...

Se me había perdido tu comentario en la vorágine bloguera. Perdóname.
Hay que hacer ciertas puntualizaciones. Yo no creo que Fincher sea ese grandísimo director que algunos se empeñan en señalar. Me parece un buen director, que ha hecho muy buenas películas, otras buenas y otras que no lo son tanto.
En cuanto a "Mank", me parece una película importante, como he dicho en el artículo. Creo que está bien concebida, bien dirigida, muy bien interpretada. Creo que, efectivamente, tiene momentos maravillosos y brillantes y, en otros, se va por lo farragoso (todo el tema político que inunda la parte central se llega a hacer...no pesado, pero sí estorbable porque quieres que te enseñe más Hollywood y menos evidencias).
Por otro lado, efectivamente, plantea cosas que resultan ser muy actuales. Creo que Oldman hace un excelente trabajo (no, no se parece físicamente a Herman Mankiewicz) y que también lo hace Amanda Seyfried (una actriz que, por lo general, no es santo de mi devoción) y que Arliss Howard haciendo de Louis B. Mayer está enorme.
Defectos que encuentro. Para empezar, ya en las entrevistas, se nota que Fincher le tiene un poco de tirria a Welles. Dice que es brillante y tal, pero que eso de que a los veinticinco años, sin saber absolutamente nada de cine, pariera también el guión de "Ciudadano Kane", no se lo cree. Como digo, hay pruebas documentales de que, sin duda, la idea y la estructura general del guión es de Herman Mankiewicz y que Orson Welles contribuyó sustancialmente a la escritura de dicho guión sin la presencia de Mankiewicz. El primer borrador es de Herman, los dos o tres que hubo después son de Orson.
Por otro lado, parece ser que el tratamiento de "Ciudadano Kane" con respecto al retrato del protagonista, Charles Foster Kane, en el guión de Mankiewicz tenía un cierto tono paródico que Welles cambió profundamente. Entre otras cosas porque NO todo a lo que hace referencia Kane tiene que ver con William Randolph Hearst. Hay cosas de otras cabezas de grandes fortunas y Welles hizo una amalgama con todas ellas. ¿Que a Hearst no le hizo ninguna gracia? Es verdad. Sin embargo, hay un episodio que merecería la pena haber incluido en esta película. Welles y Hearst coincidieron en un ascensor. Hearst estaba serio y no decía ni una palabra. Welles le miró y dijo:
-. ¿Ha ido a ver la película?
Hearst no dijo palabra. Justo cuando iba a salir, Welles apostilló:
-. Charles Foster Kane sí hubiera ido a verla.
Por otro lado, otro defecto que es casi más para el público en general. Hay un desconocimiento enorme (y cuando digo enorme, es que es enorme) sobre las personalidades que se retratan en la película, lo cual hace que la historia les sea completamente ajena. Por supuesto, es la primera vez que muchos oyen el nombre de Herman Mankiewicz. Tampoco les suena su hermano Joe. A duras penas se ha sabido algo sobre Orson Welles. Y ya no digamos de la nómina de escritores (enorme la secuencia con Von Sternberg presente pariendo un guión de terror sobre la marcha) que acompañan a Herman como Charlie Lederer, Charles MacArthur, Ben Hecht (considerado durante mucho tiempo el mejor guionista entre los guionistas) o George Kaufman. Es decir...para quien no esté versado en toda esta gente, la historia les pilla donde da la vuelta el aire.
Sigo diciendo, "Mank" es una película importante y, visto el año que llevamos con lo que está pasando, es posible que sea de las mejores del año. Pero no es para todo el mundo.
Abrazos yendo a por los frasquitos.