jueves, 17 de marzo de 2022

CYRANO (2021), de Joe Wright

Querida Roxanne:

Me dirijo a ti por última vez antes de caer en el latente olvido de las letras. Una vez más el sueño se hizo realidad y alguien, un tal Joe Wright, se ha atrevido a hablar de nuestra historia, de aquellos momentos de amor que hicieron que la eternidad fuera aún más larga. Con los insultos sobre mi deformidad que, en esta ocasión, es diferente, con la arrogancia de los que se creían con derecho a poseerte, ignorantes de que tu espíritu es libre, con los versos extraviados y la incoherencia de hacer creer a todo el mundo que un enano puede ingresar en el ejército y combatir en el frente. Una vez más, te perdí, te recuperé y supe que Christian era hermoso.

Las cartas volvieron a humedecerse con las lágrimas propias de quien te amo y nunca te tuvo, con sus días de espinas clavadas por desprecios e ilusiones que se formaban en mi pluma mientras te escribía con mi alma y con el rostro de Christian. Las espadas se mojaron en sangre para preservar el recuerdo de ti, con su carta que fue mía manchada en su sangre y escrita por mi letra. Y, no sin cierta osadía, muchos poemas han sido sustituidos por canciones que no dejan de desear lo que no se tiene y que impresiona en esa misma que asegura que el cielo estará donde yo caiga y que, por eso, la preocupación debe ausentarse del pensamiento, volar por encima de los muros de la carne y caer en tierra yerma porque la muerte, hasta cierto punto, es una liberación. El resultado es que no se puede menos que sentir simpatía por ese actor que luce su corta estatura y mucho talento en un rostro lleno de mil expresiones como Peter Dinklage y que, en algún instante inspirado, la carne se eriza y la emoción parece llamar a la puerta de tus ojos. Sin embargo, tú no eres tú, Roxanne, como tampoco lo es el villano de Guiche, como evidente es la intención de quien suprime algunos pasajes y esconde otros para que el tema tenga cierta coherencia dentro de mi nuevo defecto. Cyrano volvió a morir entre tus brazos proclamando su orgullo y, en un arrullo, lo llevó de nuevo al camino de la Luna que, con un rayo, viene a recogerlo.

El caballero Wright intenta insuflar ritmo y algo de estética extrae de sus desordenados versos de imagen. Y no cabe duda de que, a fe mía, hay escenarios espléndidamente escogidos, cuidados como tus manos, hermosos como tu piel. Todo lo contrario del vestuario que, en alguna que otra ocasión, resulta ridículo y te deja a ti, alma mía, en difícil situación de torpeza y escarnio. Ignóralo, Roxanne. Mantente allí arriba, con mis estrofas en tu pecho, con mi espada siempre presta en tu defensa, con mi gaceta semanal contada de lunes a viernes con viejos giros debidos al sentido del humor. Sé mi ángel, una vez más, y guarda mis palabras en tu corazón para que, de vez en cuando, podamos volver a la versión de Jean Paul Rappeneau con Gerard Depardieu asumiendo mi nombre. Al fin y al cabo, Roxanne, la eternidad sólo se alcanza un día, aunque ese día pueda repetirse. Para recordar la belleza, hay que volver a él, nadar en sus sensaciones y saber dónde está lo mejor. Cyrano te lo dijo siempre lleno de amor.

Así que ya te voy dejando hasta la próxima vez que alguien, con cualquier variación, quiera volver la mirada hacia nuestra historia de almas desparejadas, de bellezas amadas, de arrogancias desalmadas y del frío acero de las espadas. Nadie te podrá escribir como yo porque, bien sabes, las palabras que se escriben con la tinta de la pasión guardan un significado único, sin comparación posible. Mis líneas son tus miriñaques y ahí mismo, en el corsé de tus debilidades, se atan todos los deseos. Los míos también. Tuyo, siempre…. 

 

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